81 aniversario de la Sublevación fascista en Guadalajara

GUADALAJARA, LOS CUARTELES SE SUBLEVAN

21/07/2107.- Óscar de Marcos (FMGU)

Guadalajara era una provincia netamente tradicionalista, había sido feudo del Conde de Romanones, pero con escasa presencia falangista. En el verano del 36 albergaba unos cuarteles militares claramente divididos en cuanto a su lealtad a la joven Republica se refiere. Era vital para Emilio Mola que la provincia se sublevara, para así facilitar, por su cercanía a Madrid, que las columnas de Navarra y Zaragoza llegaran a la capital de la Republica. La realidad en Guadalajara y su provincia, fue otra.

Guadalajara del primer tercio de siglo era una provincia dominada por las políticas clientelistas de Álvaro Figueroa y Torres Mendieta, conde de Romanones, aunque durante los últimos años, los obreros de la provincia habían comenzado a organizarse y a reclamar mejoras en sus condiciones laborales. Se produjeron algunas huelgas y conflictos en industrias resineras y en salinas, algunos ayuntamientos habían comenzado a realizar rotulaciones de tierras y a reclamar trabajo para sus vecinos. Además, en la capital, las importantes industrias de “La Hispano” y “La Pizarrita” habían realizado varios paros y movilizaciones. Viendo peligrar el estatus social establecido, algunos terratenientes comenzaron a sentirse amenazados y a responder, en algunos casos, de forma violenta.

El triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 propició la descomposición de los partidos tradicionalistas, dando paso así a que los más jóvenes conservadores se radicalizaran y formaran las primeras “falanges” de la provincia que, aunque poco numerosas, fueron muy conflictivas, poniéndose junto a jóvenes de Acción Popular, al servicio de la patronal para favorecer el conflicto entre patronos y obreros, con el fin de provocar una intervención militar.

Nada pudo justificar el golpe militar de julio del 36. Guadalajara fue una provincia con total ausencia de incidentes de carácter anticlerical o revolucionario, y los que se produjeron tuvieron el sello de las acciones violentas de elementos incontrolados de derechas. El 14 de abril de 1936 un grupo de ultraderechistas asalta el Ayuntamiento de Brihuega enfrentándose a los vecinos del pueblo. Previamente se habían producido enfrentamientos en municipios como Auñón, Mantiel o Imón. El mismo 14 de abril, en la capital alcarreña, durante el desfile militar de celebración del aniversario de la Republica, se producen gritos fascistas y un ataque al bar La Tropical.[1] Además, durante la primavera del 36 eran asesinados en la provincia dos carteros rurales sindicalistas, Víctor Bernáldez y Francisco Gonzalo, este último presidente de la Casa del Pueblo de Sigüenza.[2] El gobernador civil de Guadalajara, Miguel Benavides que era conocedor de las ansias subversivas de algunos militares, comunica al Ministerio de Gobernación la conveniencia de trasladar o detener a diversos militares acantonados en Guadalajara dada su marcada desafección a la Republica.[3] 

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José Rubio García, capitán de la Guardia Civil, es liberado de un cautiverio en el que fue torturado, véanse las heridas sufridas en su rostro. Foto: AGA

Los planes de los militares golpistas situaban a Guadalajara como pieza clave en el devenir de la sublevación militar. Mola establecía que 24 horas después de iniciado el golpe, las columnas que llegarían del norte deberían concentrarse en la capital alcarreña para caer sobre Madrid. Consideraba también que si el transporte por ferrocarril fuese posible, un fuerte destacamento llegaría a las inmediaciones de Guadalajara lo antes posible con la misión de ejercer una “extrema vanguardia”.[4]

El 2 de julio llega a la prisión militar de Guadalajara el ex teniente-coronel Anselmo Loscertales, condenado por su actuación durante los actos de celebración del aniversario de la Republica Española en Zaragoza. Un día después, diversos militares de Guadalajara, miembros de la Comandancia Militar, la Escuela de Pilotos y Observadores de Vuelo, el Regimiento de Aeroestación, el Colegio de Huérfanos, la Maestranza y Parque de Ingenieros y de la Clínica Militar, visitan a Loscertales y otros militares recluidos por traición en la prisión militar de Guadalajara y acuerdan crear una Junta Militar presidida por el comandante de ingenieros, Rafael Ortiz de Zarate, y completada por los capitanes José Mª Robles, Luis Javaloyes, Luis Casillas y el teniente José Burgos.[5]

Durante esos primeros días de Julio, también visitó Guadalajara el general Emilio Mola. Con el pretexto de visitar a unos familiares se reunió con varios mandos militares para darles las últimas consignas.[6] La decisión estaba tomada, la duda sería conocer el nivel de lealtad de la tropa, algo que no quedaba tan claro.

El gobernador civil de Guadalajara, Miguel Benavides, plenamente informado de los planes militares gracias a confidentes leales dentro de la tropa militar, comunica el 17 de julio al comisario de vigilancia y al teniente coronel de la Guardia Civil del destacamento de Guadalajara, Ricardo Ferrari, que extremen la protección de lugares públicos y que efectúen un seguimiento sobre significados personajes de filiación fascista.[7] Acuerdan además concentrar a la Guardia Civil en la capital, abandonando los cuarteles del medio rural.[8] Por la tarde de ese mismo día 17 llegan a Guadalajara noticias confusas de que algunas guarniciones militares se han sublevado en África. Los obreros de la capital se reúnen en la Casa del Pueblo y acuerdan declarar huelga general al menor síntoma de sublevación del ejército.

El día 18 de Julio, siguen llegando a la prisión alcarreña militares arrestados en otras provincias, entre los que se encuentran el contralmirante de la Armada, Ramón Fontela Maristany[9], el general González de Lara[10] y el general Emilio Barrera.[11]

En la noche del 19 de Julio sale de Pamplona una columna motorizada comandada por Francisco García-Escámez la cual estaba compuesta por medio batallón “Montaña Sicilia” y otro medio “Regimiento América” completados por dos compañías de requetés y un centenar de voluntarios falangistas.[12] Al llegar a Logroño se encuentran con una considerable resistencia por parte de la población civil riojana, lo cual retrasó considerablemente la marcha de la columna. Ese mismo día mientras que los destacamentos militares muestran ante el gobernador Benavides su lealtad a la Republica, el coronel de Aeroestación, Francisco Delgado, envía una avanzadilla compuesta por los capitanes Palacios y Arroyo, destinada a contactar con la columna de García-Escámez, sin lograrlo finalmente. Los capitanes, se internaron en la provincia de Soria, siendo detenidos en la población de Almazán y liberados horas más tardes por el gobernador de Soria, Benito Artigas Arpón. Otra expedición parte dirigida por el capitán Robles, a la cual se unen elementos obreros recelosos de estos movimientos. No logran tampoco contactar con la “columna fantasma” pero si traen noticias de ciertos sucesos ocurridos en Budia.

En el pueblo de Budia, situado a unos 45km de la capital, un grupo de jóvenes falangistas asaltaron el día 19 de julio el cuartel de la Guardia Civil[13] apoderándose de todas las armas. Seguidamente se dirigen a unas fincas cercanas al vecino pueblo de Brihuega y se enfrentan a los campesinos que habían incautado algunas tierras, siendo respondidos por estos, los falangistas huyen, en el camino se cruzan con el concejal de Budia Pablo García Alcalde y lo asesinan.[14] El Gobernador Civil envía al comisario de la Guardia Civil, Joaquín García Granaus, el cual realiza unas 30 detenciones, regresando a la capital en la madrugada del día 21.

Al tiempo que los dirigentes golpistas pretendían mostrar su total adhesión a la Republica, algunos militares leales trasmitían en secreto sus verdaderas intenciones. Los representantes del Frente Popular, Gregorio Tobajas, Marcelino Martín y Serrano Batanero se reúnen con el coronel Delgado y este les asegura su fidelidad a la Republica. A pesar de ello, el gobernador civil, que estaba bien informado, comunica al teniente de la Guardia Civil, Ferrari, que organice la defensa del edificio del Gobierno Civil y de otros puntos estratégicos.
Ricardo Ferrari, que había sido instigado por los componentes de la Junta Militar para que secundara el golpe, no lo tenía claro. En los cuarteles el capitán González y el sargento Tena intentan apaciguar las ansias golpistas. En la Prisión Provincial el coronel José Ojeda comunica a sus superiores su decisión de estar al lado de la Republica y en el Colegio de Huérfanos el comandante de Artillería Enrique Mateos es el que se niega a sumarse al golpe, siendo detenido y golpeado.[15]
Mientras, en la fábrica de aviación “Hispano” los trabajadores paran máquinas y desmontan los trenes de aterrizaje de los aviones, haciéndolos inservibles para un inmediato servicio.

En la tarde del día 20, a la vez que llegan noticias del fracaso del golpe en Madrid, un impetuoso Ortiz de Zarate se erige como máximo responsable del golpe militar y ordena que todas las tropas se acuartelen en el Cuartel de la Maestranza.

Durante la mañana del día 21, las fuerzas que custodiaban el Gobierno Civil, confiadas, se fueron a descansar. Poco más tarde, y después de redactar su informe sobre la intervención en Budia, también se retira el comisario Joaquín García Granaus, quedando en el edificio el capitán de la Guardia Civil, José Rubio, el secretario de la UGT, Gregorio Tobajas y algunos obreros armados. Horas más tarde, el ministro de la Guerra, Santiago Casares Quiroga telefonea al coronel Delgado exigiéndole explicaciones concretas sobre la lealtad de la tropa en Guadalajara, este le tranquiliza diciendo que “el Regimiento está al lado del Gobierno”.[16] Un grupo de obreros llega al cuartel de la Guardia Civil con la intención de que le sean entregadas armas, Ferrari duda, en un primer momento acepta la petición pero es duramente criticado por los comandantes Pastor y Cabello, el capitán Carazor y el teniente Vázquez, y en vistas de tal oposición, niega las armas a los obreros.
Al medio día llegan noticias de la sublevación de Alcalá de Henares. El capitán Rubio llama desde el Gobierno Civil al cuartel y no contesta nadie. A los pocos minutos el edificio del Gobierno sufre una lluvia de disparos resultando herido el guardia Riera. Desde el edificio contiguo, el capitán de la Guardia Civil, Espinel, niega la ayuda a los sitiados[17] que pueden aguantar poco tiempo el ataque. El coronel Ortiz de Zárate junto a los capitanes retirados por la “Ley Azaña” Bastos y Palanca[18] asaltan el despacho del gobernador civil, golpean violentamente al capitán Rubio y detienen a Miguel Benavides, son interrogados por Fernando Palanca y Antonio Bastos y finalmente recluidos en el Cuartel de San Carlos, donde escuchan a un oficial ser asesinado por enfrentarse a los golpistas.[19] Coordinadamente, otros militares toman el Ayuntamiento, la Casa del Pueblo y la Prisión Militar, liberando a los militares Barrera, González Sanz, Fontela… y a un grupo de falangistas, al tiempo encarcelan al director de la Prisión, el Sr. Ojeda. En el Cuartel de la Maestranza se producen algunos enfrentamientos con soldados leales a la Republica siendo reducidos y detenidos los gubernamentales. La mayoría de los guardias civiles se niegan a secundar el golpe, quedando recluidos en los calabozos del cuartel.
Una vez reducida toda resistencia en el edificio del Gobierno Civil, el ex capitán Antonio Bastos Ansart se hace cargo de un nutrido grupo de falangistas para atacar las bolsas de resistencia de la Casa del Pueblo y el Ateneo. Félix Valenzuela[20], a la sazón diputado a Cortes y jefe provincial de la CEDA se hace cargo del Gobierno Civil y Fernando Palanca, desde el edificio de Teléfonos intenta incesantemente el contacto con la “columna García-Escámez”. Durante esa tarde se realizarán más de 500 detenciones de elementos obreros y leales a la República y se redacta una lista de unas 57 personas a los que se debería asesinar inmediatamente.[21] Valenzuela, desde el Gobierno Civil, comunica la destitución y ordena la detención de todos los ayuntamientos del Frente Popular de la provincia. Un destacamento de la Guardia Civil al mando del teniente de Ingenieros Rodríguez Barranquero ocupa el Ayuntamiento; de Correos y Telégrafos, donde los trabajadores inútilmente intentan bloquear las puertas, se hizo cargo el comandante Manuel Aguilar; de la Central de Teléfonos, una vez tomada, se hizo cargo Fernando Palanca y de la Cárcel el comandante Natalio S. Roque. Totalmente controlada la ciudad, el coronel Delgado redacta el Bando por el cual se declara el Estado de Guerra.

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Dos milicianos acompañan a un soldado leal (C) que había sido detenido por no sumarse a la sublevación, este se distingue por el lazo rojo en su brazo izquierdo. Foto: AGA

En números, según las declaraciones más optimistas, los sublevados habían logrado movilizar, entre falangistas, tradicionalistas y militares unos 900 combatientes, muchos oficiales lucharon como simples soldados al no poder controlar la tropa la totalidad de la ciudad. Ortiz de Zárate instala una línea defensiva en torno al puente sobre el Rio Henares y sus terreras, entrada natural a Guadalajara desde Madrid, dejando los edificios de los talleres del Cuartel de Globos[22] defendido por un grupo de guardias civiles que pronto se unen a las tropas leales que llegarían de Alcalá a sofocar el golpe.
El día 22, a primera hora de la mañana, la aviación leal comienza a lanzar, en un primer momento, pasquines invitando a la rendición[23], posteriormente, los cuarteles serían bombardeados por la aviación y la artillería gubernamental. Las tropas leales (unos 4.000 soldados y 20 piezas de artillería) capitaneadas por Puigdendolas[24], tras superar sin problemas el Cuartel de Globos y el obrero Barrio de la Estación, chocan con los defensores del puente sobre el Henares[25] el cual había sido preparado para la demolición en caso de necesidad. Las tropas sublevadas provocan numerosas bajas entre los guardias civiles y de Asalto que se tienen que replegar hasta la llegada de los blindados.[26] Al tiempo, Puigdendolas ordena un ataque combinado desde la carretera de Chiloeches, justo al otro lado de la ciudad, mucho más propicia para tal fin al no tener que superar ningún obstáculo orográfico como era el rio y las terreras del Henares. Ambrosio Ristori capitanearía a los Guardias de Seguridad y Asalto.

El comandante Ambrosio Ristori organiza la retirada de los obstáculos colocados por los sublevados en el puente sobre el rio Henares. Foto: AGA

El comandante Ambrosio Ristori organiza la retirada de los obstáculos colocados por los sublevados en el puente sobre el rio Henares. Foto: AGA

Palanca logra por fin contactar con la columna de García-Escámez y le ordena marchar urgentemente sobre la ciudad, donde la situación para los sublevados es ya desesperada, este, a pesar de encontrarse aún en la localidad soriana de Almazán a una distancia de más de 130 km., decide continuar su marcha.
Llegan más tarde, procedentes de Madrid las tropas de Cipriano Mera, este rechaza las ordenes de Puigdendolas de presionar por el puente y ayudados por vecinos de Guadalajara vadean el rio por una zona somera en torno a la zona conocida como “Vado Aceña”[27], desde allí irían reduciendo las exiguas defensas sublevadas dispuestas en torno al “Cerro del Pimiento”, Campo de Futbol, Paseo de las Cruces y Prisión Provincial, donde liberan a los presos, algunos de los cuales se unen a los milicianos de Mera[28]. Quedan ya pocos focos de resistencia, y los militares que no se han rendido a primeras horas de la tarde, se recluyen en el Cuartel de Aeroestación y otros contados edificios, algunos se suicidan. En un par de horas las tropas leales logran penetrar en dicho cuartel deteniendo al coronel Francisco Delgado Jiménez junto a otros oficiales entre los que se encuentran González de Lara, Barrera, el almirante Fontela y el coronel de Infantería José Candeira, al tiempo liberan a los militares leales que habían encerrado, además de a capitán José Rubio y al gobernador Benavides. Una vez liberado el Cuartel de Aeroestación, las tropas leales se dirigen al cuartel de la Maestranza que es liberado con poco esfuerzo. Se dirigen posteriormente al cuartel de la Guardia Civil, cuerpo que en su mayoría había asistido de forma pasiva a todo lo ocurrido, se ofrecen sin resistencia a las tropas gubernamentales. El poder legal había sido reestablecido y los golpistas encarcelados.

La columna de García-Escámez en la noche del 22 de julio, había llegado ya a la localidad de Mirarlo, apenas a 40 km de Guadalajara, pero era demasiado tarde para los intereses de los sublevados. La ciudad había sido ganada hasta el final de la guerra para la causa gubernamental. Se cerraba así unos días convulsos en el que se produciría un incierto número de bajas.

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Guardias civiles, guardias de asalto, ejercito leal y milicianos celebran la derrota del golpe militar en la ciudad de Guadalajara. Foto: AGA

[1] Semanario Abril 18 de Abril de 1936. El bar “La Tropical” era el centro de reunión de las personalidades más “progresistas” de la ciudad, mientras que los reaccionarios se reunían en “El Casino”. Durante estos sucesos fue procesado el industrial Eduardo López.

[2] Paramio C., García Bilbao X. y García Bilbao P. “La Represión Franquista en Guadalajara” Ed. Silente, Pág. 23. Víctor Bernáldez fue asesinado en Moratilla de Henares el 11 de marzo de 1936 mientras que Francisco Gonzalo seria asesinado en Sigüenza el 13 de Julio del mismo año.

[3] AHN FC-Causa General. Leg. 1519 Exp. 1. Pieza anexa sobre los procesos republicanos realizados a raíz del golpe militar de Julio del 36.

[4] Cierva, R. de la. Historia de la Guerra Civil Española, Tomo I, pág. 264

[5] Arrarás Iribarren, J. Historia de la Cruzada Española. Vol. V Tomo XIX. Pág. 40

[6] Cobos, E. Historia del Movimiento en Guadalajara, pág. 3. Memorias no publicadas.

[7] AHN FC-Causa General. Leg 1519. Exp. 1

[8] Op. Cit. Arrarás, pág. 42

[9] Fontela había sido arrestado en Madrid

[10] González de Lara, fue arrestado en Burgos por orden del director general de Seguridad, José Alonso Mallol. Era partidario de la sublevación contra el gobierno de la República y estaba implicado en la conspiración. Unos meses antes, en el mes de abril, se habían formado en Burgos dos juntas clandestinas: una civil, dirigida por el general Fidel Dávila Arrondo, y otra militar, dirigida por el general González de Lara, que será el verdadero alma de la conspiración golpista en Burgos.

[11] El 31 de marzo de 1934 viajó a Roma en representación de la Unión Militar Española, junto a Antonio Goicoechea de Renovación Española y Antonio Lizarza y Rafael de Olazábal de los carlistas, para entrevistarse con el primer ministro de Italia Benito Mussolini y el mariscal Italo Balbo con la intención de conseguir ayuda en armas (20.000 fusiles, 20.000 granadas de mano y 200 ametralladoras) y dinero con el fin de derrocar a la República Española. El 13 de julio de 1936 fue detenido en Barcelona y conducido a la prisión de Guadalajara, desde donde pudo evadirse refugiándose en la Embajada de la República Francesa haciendo valer su condición de caballero de la Legión de Honor, dirigiéndose a Burgos, donde fue nombrado presidente del Tribunal Superior de Justicia Militar en los territorios sublevados hasta enero de 1939 cuando pasó a la reserva.

[12] VV.AA. Historia general de España y América, Volumen 17 Pág. 326

[13] Dicho cuartel no disponía de guardias debido a que habían sido acantonados todos en Guadalajara por orden del gobernador.

[14] Pablo García Alcalde era concejal de Budia, miembro de la Casa del Pueblo.

[15] AHN FC-Causa General 1519. Declaración de Ricardo Ortega.

[16] Op. Cit. Cobos, Emilio. Pág. 6

[17] AHN FC-Causa General 1519. Declaración de Miguel Benavides.

[18] Fernando Palanca llegó a ser alcalde de Guadalajara durante los años 1927 y 1928

[19] AHN FC-Causa General 1519. Declaración de Miguel Benavides.

[20] Valenzuela fue encarcelado durante algunos meses en la ciudad de Villa Cisneros (Dajla, Sahara Occidental) por haber estado implicado en el intento de golpe de estado de Sanjurjo en Agosto de 1932

[21] Diario La Libertad, 1 de Agosto de 1936. Pág. 5. Entrevista a Antonio Cañadas.

[22] Situados en el actual barrio de “Los Manantiales”

[23] Conde, Amparo. Relatos de Paruchy. Pág. 235. Memorias de Amparo Conde Gamazo, poetisa natural de Guadalajara
[24] Ildefonso Puigdendolas tras sofocar certeramente la sublevación en Alcalá de Henares (Madrid) se dirige a Guadalajara donde será el protagonista, junto a Cipriano Mera de restituir la legalidad en la capital alcarreña.

[25] Es la construcción más antigua que conserva la ciudad (S. X), uno de los pocos puentes andalusíes conservados actualmente en España. Se identifica la obra con los programas constructivos de Abd al-Rahman III. El 3 de junio de 1931 el puente fue declarado Monumento Histórico Artístico.

[26] En esta ocasión se emplearían los modelos Bilbao

[27] El paraje conocido como Vado Aceña se situaba cercano al actual barrio de Los Manantiales, y conectaba a la ciudad con los campos de labor de dicha zona con un pequeño puente artesanal construido de madera, que en época estival se asentaba sobre una zona somera del rio

[28] Mera, Cipriano. Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista. Confederación Sindical Solidaridad Obrera. Pág. 37

Artículo publicado en:
http://www.memoria-antifranquista.com/webvella/biblio/MAF17-cast.pdf

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