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Guadalajara: PSOE e IU defienden la dignificación de la fosa común
Guadalajara: PSOE e IU defienden la dignificación de la fosa común
Presentan de manera conjunta una moción para el próximo Pleno municipal
“Que el Ayuntamiento de Guadalajara permita la ejecución del Proyecto de Dignificación de la Fosa Común del Cementerio católico presentado por la Agrupación de Familiares Víctimas de la Represión Franquista en el Cementerio del Ayuntamiento de Guadalajara”. Este es el contenido de la moción que el grupo municipal socialista y el de Izquierda Unida presentarán al próximo Pleno, que se celebrará mañana martes en el Ayuntamiento de Guadalajara, para su debate y votación.
Piden que el Ayuntamiento de Guadalajara facilite los permisos y/o autorizaciones necesarios para ejecutar este proyecto que afecta al patio cuarto del cementerio, donde se encuentran las antiguas fosas, contiguas a una zona de ejecución de presos políticos que estuvo activa hasta 1944, donde fueron inhumadas centenares de víctimas del golpe de estado y la dictadura franquista, que presentan en la actualidad un estado de abandono y de nula referencia a los hechos allí referidos.
Recuerdan que la iniciativa viene umpulsada por la agrupación de víctimas del franquismo, compuesta por familiares de las víctimas inhumadas allí en su momento, que han propuesto una actuación que preserve el espacio de las fosas y el recuerdo del sacrificio de quienes, “por encima de diferencias ideológicas o de partido, lucharon por las libertades democráticas y la solidaridad que son hoy valores fundacionales de nuestro estado”.
Y que además, propuesta respeta las indicaciones de Naciones Unidas expresados en el Protocolo expuesto por el Informe Joinet, en el sentido de respetar los valores y la simbología de las víctimas y cuenta con una subvención que sufraga los gastos previstos.
Fin de las labores de exhumación en La Toba, y homenaje a Severiano Clemente González
Fin de las labores de exhumación en La Toba, y homenaje a Severiano Clemente González
Multado después de fusilado
Multado después de fusilado
Un libro destapa las terribles historias de la represión franquista en Guadalajara
NATALIA JUNQUERA – Madrid –
“A mi padre lo fusilaron el 20 de junio de 1939 y después le pusieron una multa de 14.000 pesetas [84 euros] por responsabilidades políticas. Como no las teníamos, nos embargaron. Vinieron a casa y se lo llevaron todo. Con la colcha de novia de mi madre hicieron un palio para el cura; rasgaron los colchones por si teníamos dinero. Nos dejaron en la calle. Yo tenía nueve años, pero no se me olvidará en la vida”, cuenta Emilia Cañadas, que ahora suma 82. La de su padre, Antonio, alcalde de Guadalajara al inicio de la Guerra Civil, es solo una de las terribles historias recogidas en La represión franquista en Guadalajara (Ediciones Silente). Sus autores, Pedro y Xulio García Bilbao y Carlos Paramio Roca, querían rellenar un hueco en el mapa de la represión en el que Guadalajara aparecía como zona gris, sin datos. El resultado es un abrumador volumen de 635 páginas, de las que 490 corresponden al listado de 6.230 represaliados (fusilados, encarcelados, expoliados, perseguidos) allí por el franquismo.
El libro no olvida los desmanes de los “elementos de izquierda” en los primeros días de la sublevación militar, como el asesinato del comandante Rafael Ortiz de Zárate, el primer oficial fusilado por los milicianos. También cuenta, entre otras, la historia de Vicente Relaño, secretario general del PCE en Guadalajara, quien denunció y expulsó del partido a los responsables de una checa, salvó a ocho personas de derechas y fue asesinado en 1943 pese a los avales que todos ellos habían redactado en su favor. O la de Francisco Gómez García, presidente de la Casa del Pueblo, que sustituyó al presidente de UGT asesinado por falangistas el 13 de julio de 1936: salvó al alcalde derechista Gerardo Sánchez de las milicias del POUM, y pese a ello también fue fusilado en 1941.
El volumen recoge testimonios estremecedores -”vi a una amiga mía que tendría entonces 16 o 17 años llevando uno de sus pies en la mano y andando a la pata coja. Se había quitado la blusa para taparse el muñón del pie”- y cifras que hablan por sí solas: 822 ejecutados entre 1939 y 1944, la mayoría entre los 25 y 33 años y campesinos (66,67%).
Son las historias de las víctimas republicanas en la provincia, cuyo relato y recuento no se había hecho hasta ahora, a diferencia de las franquistas, que ya en 1944 aparecían en el estudio Víctimas asesinadas en la provincia de Guadalajara durante la dominación roja.
Ver:
http://silente.eu/catalog/product_info.php?products_id=146&osCsid=gi1pa09aqsds07o3u3umfm60c3
http://www.elpais.com/articulo/espana/Multado/despues/fusilado/elpepiesp/20101122elpepinac_8/Tes
“Quienes tienen derecho a la verdad, al reconocimiento y a la reparación son las propias víctimas”
“Quienes tienen derecho a la verdad, al reconocimiento y a la reparación son las propias víctimas”
Se trata de un trabajo colectivo de Xulio García Bilbao, Pedro A. García Bilbao y P. Carlos Paramio Roca, miembros del Foro por la Memoria de Guadalajara
Por: José María Cañadas
Se trata de un trabajo colectivo de Xulio García Bilbao, Pedro A. García Bilbao y P. Carlos Paramio Roca, miembros del Foro por la Memoria de Guadalajara. El voluminoso libro con un gran número de datos inéditos está publicado por Ediciones Silente. El libro tiene una primera parte donde se narran documentalmente los hechos luctuosos acontecidos en Guadalajara capital, Sigüenza, Molina de Aragón, Brihuega y otros lugares de la provincia durante la guerra civil y sobre todo en la postguerra. En la segunda parte se da cuenta de una manera contrastada y exhaustiva, nombre a nombre y pueblo a pueblo, de las víctimas y de la suerte que corrieron durante la represión franquista en la provincia, una información que hasta la fecha permanecía oculta.
– ¿A qué se debe tu interés sobre la memoria histórica en la provincia y cómo surge el Foro por la Memoria de Guadalajara?
– Soy gallego pero vivo desde muy pequeño en Guadalajara. Cuando llegué aquí me encontré que había un silencio sobre lo que había ocurrido en la Guerra Civil. Decidí, junto a mi hermano y otras personas interesadas por estas cuestiones crear en 2007 una asociación para investigar lo que ocurrió: el Foro por la Memoria de Guadalajara. Yo no tengo a nadie personalmente represaliado lo cual extraña a algunas personas. Nuestro interés es el de la defensa de los derechos humanos y valores democráticos. No somos una asociación de familiares de las víctimas. Hay miles de víctimas que no tienen familiares y también tienen derecho a ser reconocidas. Además hay que tener en cuenta que algunos familiares son opuestos a este reconocimiento. Quienes tienen derecho a la verdad, al reconocimiento y a la reparación son las propias víctimas. Si los familiares están de acuerdo, estupendo, pero eso no es indispensable.
– ¿En qué se ha plasmado el trabajo de este foro por la memoria de Guadalajara?
– El Tribunal Supremo encargó que se hiciera después de la guerra una investigación sobre las víctimas de la represión en la zona republicana en la guerra civil. Es lo que se llama la Causa General, que publica sus conclusiones sobre Guadalajara en 1944. Desde una fecha muy temprana sabemos las cifras de la represión en la retaguardia republicana pero a fecha de 2010 no sabíamos las de la represión franquista. Nos ha llevado tres años acabar la investigación y el trabajo ha consistido en revisar todas las sentencias judiciales de las víctimas de esta represión. El libro que presentamos es el resultado de esta investigación. La investigación para el libro la cerramos en marzo y ya tenemos 150 nombres más. En ese momento ciframos en 6.230 los represaliados de la provincia, es decir, personas que sufrieron condenas de cárcel o pena de muerte. Concretamente se aplicó la pena de muerte a 822 personas. Estas cifras se refieren a las muertes provocadas después de una decisión judicial, no de aquellas que fueron ejecutadas extrajudicialmente sin ningún tipo de juicio, que fueron muchas más. En nuestro listado por ejemplo en Sigüenza aparecen sólo 11 porque son los fusilados por juicio sumarísimo a partir de 1939, pero en realidad fueron muchos más.
– ¿Cuáles han sido vuestras fuentes para elaborar este libro?
– El libro está hecho utilizando múltiples fuentes, la principal son las sentencias que están en el Archivo Histórico Provincial. En Guadalajara hemos tenido la suerte de tener dos trabajos previos muy buenos para la investigación de la represión franquista. Uno lo hizo una persona del PSOE llamada César González Camarero que hizo una investigación en los años 90 sobre los fusilamientos. El otro es el de una persona del PCE, Tomasa Cuevas, militante histórica de las JSU en Brihuega que emprendió por su cuenta una investigación sobre las cárceles, (ella pasó 14 años en la cárcel) en los años 77-78. Escribió el libro Mujeres en las cárceles con muchos datos sobre la de Guadalajara.
.– ¿Cuál es la motivación de vuestra investigación?
– Creemos que esto no es una cuestión de izquierdas y de derechas, es una cuestión de valores democráticos. Mientras una parte de las víctimas han tenido 40 años de reconocimiento y ayudas institucionales, la otra parte ha vivido en el ostracismo más completo, han tenido que ocultar su duelo y ni siquiera sabemos cuántas personas son. La primera obligación de la democracia es honrar a las personas que murieron defendiendo esos valores democráticos.
Un memorial del horror: Un libro registra más de 6.200 casos de cárcel y ejecución franquista en la provincia
Un memorial del horror: Un libro registra más de 6.200 casos de cárcel y ejecución franquista en la provincia
El Día de Guadalajara, – 6 noviembre 2010
R.M.
El Foro por la Memoria de Guadalajara presentó el jueves 4 de noviembre de 2010, ante un Salón de Actos de la Biblioteca de Dávalos abarrotado, el estudio más completo sobre la represión franquista en Guadalajara. El libro redescubre lo ocurrido durante la guerra y los años de sangrienta reacción de la dictadura contra los republicanos y desenmascara la aplicación, a menudo kafkiana, de la justicia franquista. Asistentes al acto de presentación dieron testimonio de lo sucedido con algunos de sus familiares.
La obra más completa de la represión franquista en Guadalajara está incompleta. El libro ‘La represión franquista en Guadalajara’, escrito por Carlos Paranio, Xulio García Bilbao y Pedro A. García Bilbao y publicado por Ediciones Silente detalla por vez primera 6.230 casos de cárcel y ejecución. Con nombres y apellidos. Cada línea cubre el espacio en blanco de más de setenta años de desmemoria. Detrás de cada letra resuena un disparo en la tapia de un cementerio, la lectura de una condena en un sumario kafkiano, el borrón y cuenta nueva de un régimen que no se conformó con ganar la guerra y mantuvo por mucho tiempo la “mecánica del terror”, según denuncia la investigación. Pero los casos anotados son sólo una parte: apenas un 3%, según los autores.
El libro recién nacido fue presentado el jueves ante un centenar de personas que abarrotó el Salón de Actos de la Biblioteca de Dávalos de la capital. La obra es fruto de un trabajo de investigación de tres años: en los archivos, entre papeles de sentencias “que a veces están podridos”; de lectura de testimonios directos de quienes no olvidan; de pioneros en la recuperación de la memoria, como algunos militantes socialistas o comunistas anónimos que dieron cuenta de lo que veían en las cárceles en las que fueron encerrados. Los más de 6.300 casos de los que se tiene constancia son los más trágicos –muerte o prisión–, y por eso se ha comenzado por ahí, pero quedan otras historias de la represión: la dura vida que esperaba a las viudas, la infancia infeliz de los ‘niños rojos’, las vejaciones a los maestros… Paranio y los hermanos García Bilbao han publicado un estudio exhaustivo, con fotografías históricas cedidas por familiares, retratos de más de treinta fusilados, mapas de localización y, sobre todo, una segunda parte que apabulla: decenas de páginas con los nombres de los represaliados.
El libro presentado en Dávalos no se reivindica como ajuste de cuentas ni como la historia de los vencidos contra los vencedores, de los rojos contra los nacionales, de las izquierdas contra las derechas. O no sólo quiere ser eso. Ante todo, intenta poner rostro a otra gran pérdida, encarnada en tantas pérdidas personales: la democracia frente a la dictadura. “Con la recuperación de la memoria no sólo está en juego la dignidad de las víctimas, sino la del estado democrático”, dicen los autores. “La línea de fractura es entre ser demócrata o no”. Esta fractura sigue sin soldar: las condenas del Franquismo siguen siendo legales hoy, denuncian las mismas voces. “Esos tribunales deben ser declarados nulos. Si lo han hecho en Alemania, ¿por qué nosotros no?”, se pregunta con vehemencia el presidente del Foro por la Memoria, Pedro A. García Bilbao.
Las caras del dolor
Durante el turno de palabras en el acto de Dávalos se puso cara a muchos de estos nombres. Revivió el teniente Rubio, fiel al Gobierno democrático. “¡En público lo mataron y yo desde Francisco Aritio lo vi todo!”, exclamó un anciano que apenas tenía diez años durante la guerra. “Le fusilaron con banda de música”, añadió uno de los escritores. También hubo un recuerdo para el cifontino José Serrano, amigo de Azaña y fundador de la Casa de Guadalajara en Madrid, fusilado en el cementerio Este de la capital española, como otros 65 guadalajareños que acabaron sus días en el mismo escenario donde caía hasta un centenar de personas cada día. También está en el libro Gregorio Tobajas, presidente de la Diputación, ‘ajusticiado’ por republicano. Y Teodoro Palomera, el último alcalde republicano de Sayatón, sometido a un consejo de guerra que decidió su ejecución: su nieta, documentalista de la Universidad Complutense, ha tardado casi diez años en acceder a los documentos originales para saber un poco más sobre lo ocurrido con su abuelo.
Más recuerdos de familias rotas: Emilia es hija del último alcalde de Guadalajara durante la II República, Antonio Cañadas. Tomó la palabra en el acto de Dávalos. Su padre fue condenado a garrote vil, aunque en los documentos figura un indulto de Franco. Jamás volvió a casa, porque le fusilaron. “Le responsabilizaron de la matanza de la cárcel”, dijo el jueves su hija, en alusión a un episodio también terrible protagonizado por elementos revolucionarios. “Era mentira”, asegura ella, como también exclamó desde la primera fila un testigo directo de aquellos días. “Mi padre nos escribió de su puño y letra, nos contaba lo que le hacían en la cárcel, que lo apaleaban”. Hubo una última nota: “Son las cinco de la mañana. Ya me sacan. Muero siendo inocente”. ¿Su delito? Ser alcalde de la ciudad en un régimen democrático. Como Irízar y Bris, como Alique y Román, pero hace setenta años. ¿Pudo haber más desgracia para su familia? Sí, prosigue Emilia. “A nosotros nos pusieron en la calle. Nos embargaron hasta las camas”.
En el acto de presentación, muy emotivo, hubo más nombres que saltaron a escena, como Manuel Razola, uno de los pioneros en la recuperación de la memoria histórica. Deportado en Mauthausen, escribió ‘El triángulo azul’. Sobrevivió y cuando volvió de Francia al caer el Franquismo se sorprendió del “gran vacío” o el gran silencio mantenido también durante la Transición en su tierra. “No había lugar para los deportados”, recuerda Pedro A. García Bilbao.
Algunos nombres
Rubio, Serrano, Palomera, Tobajas, Razola… la lista de guadalajareños represaliados es interminable: sólo en el cementerio de la capital se sitúa el final de 822 vidas.
Hay sumarios relatados en el libro que parecieran sacados de un festival de humor negro. A Gabriela, de Robledo de Corpes, la juzgaron las autoridades por ideología de izquierdas, su supuesta huida a zona roja y su aún más que supuesto regreso a la nacional para hacer “espionaje”, después de que matasen a su marido. Acabada la guerra, se la juzga, aunque en realidad está “desaparecida”. Y se la condena. En el momento de emitirse la sentencia, llevaba ya cinco años muerta, tras ser ejecutada en Atienza.
El caso de esta mujer representa, como otros incluidos en el libro, el funcionamiento de una justicia franquista que también condenó a Dionisio, de Salmerón, después de ser asesinado a golpes días después de que se declarase ‘la paz’; o de Remilgio, condenado a nueve años de destierro en África por propaganda en las elecciones de 1936, cuando en ese momento ya se encontraba deportado en el campo de concentración de Mauthausen. Sufrieron la Ley de Responsabilidades Políticas en una provincia donde fueron condenadas más de 2.000 personas tras celebrarse juicios sin garantías.
Un nombre encarna la tragedia como pocos: Ortiz de Zárate. No es el Ortíz de Zárate que aparece en el callejero, que participó en la intentona golpista de Sanjurjo y que luego fue una pieza clave en el 18 de julio en Guadalajara, sino su hermano, el comandante Rafael, que se mantuvo en las filas del régimen democrático. Apresado después, en prisión inició un registro de compañeros a quienes les quitaban la vida. En el número 1.100 se detuvo. El siguiente fue él. “Setenta años después, hay un recuerdo institucional para su hermano, que creyó que un golpe era una buena solución”, se indigna Pedro A. García Bilbao. Para el comandante Rafael, “que no da nombre a un hospital, ni a una calle, ni a un grupo escolar, olvidado de la faz de la historia, pero leal a la democracia”, sólo quedó el vacío.
“Una zona gris”
“Nos habían dicho que aquí nunca había pasado nada, y pasaron muchas cosas”, alza la voz Carlos Paramio. Hubo muerte y hubo prisión. Aunque se había abordado ya algún estudio anterior, la dimensión de la investigación que ahora da a conocer el Foro de la Memoria provoca una sacudida sin precedentes en la interpretación de la historia de la provincia, por sus cifras y por los métodos que revela. “Guadalajara era una zona gris, sin datos” en el abordaje de lo ocurrido durante la contienda y la Dictadura. “No sabíamos qué demonios había ocurrido”.
¿A qué respondió la intensidad de la represión? Una teoría extendida ubica la reacción franquista como la contestación del bando vencedor a los horrores que cometió también el bando derrotado. Sin embargo, los investigadores del Foro por la Memoria de Guadalajara defienden con insistencia la existencia de “una mecánica del terror” que sobrepasa los límites de la contienda, que respondería a “un plan de exterminio incluso antes de la sublevación” y que se habría aplicado con la misma o similar intensidad también en las provincias en las que ni siquiera hubo guerra civil y, por tanto, la revancha no puede justificar –si es que hay justificación– a la represión. “En Castilla y León, en Galicia, en Navarra no hubo guerra civil”, dice la profesora de historia Mirta Núñez, autora del texto introductorio del libro. En Guadalajara, la dinámica represora no diferió demasido de la que se registra en otros territorios. La particularidad aquí fue la aplicación con retraso de la represión, ya que el golpe no triunfa de inmediato. Lo novedoso, en realidad, es la existencia al fin de un libro que cataloga e intenta explicar que sucedió.
Muchos familiares exigen que, aunque sea siete décadas después, no se cierre un capítulo de la historia que ni siquiera ha sido escrito en Guadalajara. La prueba de esta ley de silencio está por todas partes. “En España no hay un sistema nacional de búsquedas como hubo en el resto de Europa después de 1945” para que los familiares conozcan el paradero de sus ‘desaparecidos’. Por eso, dice la profesora de la Complutense, Mirta Núñez, “hay que seguir luchando por lo evidente, rescatar la memoria. Parece mentira que el silencio siga vigente”, se lamenta la historiadora, cuya conclusión no puede ser más alarmante: “Se ha echado una avalancha de basura sobre su memoria”. La de las víctimas y la de sus familias. Por eso el acto del jueves se convirtió en un alegato, más que una presentación de un libro.
Los 6.230 casos anotados y contrastados; las más de 30 fotografías de fusilados; la presencia de hijos y nietos que siguen emocionándose al hablar en público de sus padres y abuelos, de alcaldes, maestros o militantes de partidos democráticos que no son fruto de ninguna ficción para el cine o la literatura, exigen que se destaque ese dato –6.230–, una explicación o un aplauso como los que resonaron en Dávalos. Estas familias exigen que todos se sepan lo que pasó… de memoria.






















