«En La Moneda se respiraba el aliento de la muerte»: los detalles del golpe del 11 septiembre en Chile revelados por Joan Garcés, el asesor más cercano a Allende

De traje y corbata, el abogado Joan Garcés (Valencia, 1944) abre la puerta de su oficina con una sonrisa.

Son las 5 de la tarde de un día de septiembre en Madrid, la capital de España. Sobre su escritorio hay una fotografía donde aparece junto al expresidente de Chile, Salvador Allende (1970-1973), y Óscar Agüero, exembajador de Chile en España. “Eso fue un fin de semana de 1972. Estábamos en la casa de campo que [Allende] tenía en las afueras de Santiago”, recuerda, con algo de nostalgia. Joan Garcés es un testigo privilegiado de lo que ocurrió en Chile el 11 de septiembre de 1973.

El español llegó al país sudamericano un par de años antes, atraído por la historia de Allende, con quien forjó una fuerte amistad. En 1970, cuando Allende se convirtió en el primer presidente socialista del mundo en llegar al poder a través de la vía democrática, Garcés pasó a ser su asesor más cercano.

Tres años más tarde -y tras meses de polarización y tentativas de alzamientos militares fracasadas-, las Fuerzas Armadas, lideradas por Augusto Pinochet, derrocaron al gobierno de la Unidad Popular (UP), dando lugar a un régimen militar que duró 17 años y dejó cerca de 40.000 víctimas, entre ellas más de 3.000 muertos y desaparecidos.

El día del ataque, Joan Garcés estuvo en el palacio presidencial junto a Allende. Se mantuvo a su lado hasta que el mandatario le ordenó abandonar La Moneda con el fin de que le transmitiera al mundo lo que allí había ocurrido. Allende moriría poco después.

Garcés no solo cumplió con la tarea que le encomendó -con libros como “Allende y la experiencia chilena” o conferencias-; también acabó convirtiéndose en artífice de la histórica detención de Pinochet en Londres, en 1998.

Reacio a dar entrevistas, y sobre todo a revelar fragmentos de su vida personal, Joan Garcés cuenta a BBC Mundo detalles inéditos sobre el 11 de septiembre y los días posteriores, como su compleja huida de Chile.

También hace especial énfasis en la responsabilidad de Estados Unidos en el quiebre democrático en Chile y pide una condena pública a la Casa Blanca, luego de que la desclasificación de diversos registros evidenciara su rol en el golpe.

Salvador Allende junto a Joan Garcés,
Pie de foto,En esta fotografía inédita aparece Salvador Allende junto a Joan Garcés y Óscar Agüero, exembajador de Chile en España, en 1972.
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Quiero partir transportándolo al 11 de septiembre de 1973. ¿Qué recuerda de ese día?

Ese día era una fecha importante porque al mediodía el presidente Allende tenía previsto pronunciar un discurso anunciando al país medidas económicas de emergencia y la convocatoria de un referéndum para que los ciudadanos pudieran elegir el camino a seguir: el que le ofrecía el gobierno o el que le ofrecía la oposición.

Entiendo que, ese día, usted estaba en la casa presidencial desde temprano…

La noche del 10 de septiembre hubo una reunión que terminó a la 1:30 de la madrugada con el presidente, el ministro de Defensa (Orlando Letelier), el del Interior (Carlos Briones), el director de Televisión Nacional (Augusto Olivares) y yo.

Preparamos el discurso que Allende iba a pronunciar al día siguiente.

Y yo pasé la noche en la residencia del presidente porque la reunión de trabajo iba a continuar en la madrugada.

Pero el director de Televisión Nacional, que también había dormido ahí, me despertó a eso de las 7:15am diciéndome que había una sublevación en el puerto de Valparaíso, de la Marina.

Y entonces…

Entonces nos fuimos al palacio presidencial, junto al presidente.

El presidente ingresó con la información de que el Ejército era leal y ocupó su puesto de mando para dirigir la defensa del sistema constitucional y a medida que fueron pasando los minutos fue entrando la información de que el golpe estaba en desarrollo.

A las 8:30 de la mañana entró el primer mando de la junta pidiéndole a Allende que entregara su legitimidad como jefe de Estado a la junta militar, cosa a la que evidentemente él se negó.

Alrededor de las 9, el presidente pronunció su última alocución y cuando terminó, se inició el asalto de infantería, el ataque de blindados y aéreo que duró hasta cerca de las 13:30 horas, en el que el palacio estaba ardiendo, con humo, no se podía respirar.

El presidente le ordenó a sus colaboradores que abandonaran el palacio porque era imposible continuar allí por el humo y el fuego.

¿Usted se mantuvo al lado del presidente todo el tiempo?

Sí, yo estuve con él. Lo acompañé toda la mañana hasta las 11:15 horas, que fue cuando él me dijo que saliera y me preservó la vida.

¿Cómo fue ese diálogo, cuando Salvador Allende le ordenó que abandonara La Moneda?

Fue en el momento en el que él reunió a todos sus colaboradores, a eso de las 11 de la mañana. Él explicó que su obligación y deber era defender lo que él representaba como jefe de Estado y jefe de las Fuerzas Armadas. Pero que no tenía sentido que los demás muriéramos y nos dejó en libertad.

En ese momento se dirigió a mí, no sé por qué, y me pidió que saliera. Y yo le pregunté por qué, por qué a mí. Y me dio razones.

Una de ellas fue que alguien tenía que contar lo que ahí había pasado.

“Y solamente usted puede hacerlo”, me dijo. Porque yo era su más directo colaborador. Miró a los demás compañeros y todos asintieron.

Me acompañó hasta la puerta y salí. Por eso estoy vivo

La Moneda protegida por la policía chilena, Carabineros, a las 8 de la mañana del 11 de septiembre de 1973.
Pie de foto,La Moneda protegida por la policía chilena, Carabineros, a las 8 de la mañana del 11 de septiembre de 1973.

En el momento en el que estaba en la puerta de La Moneda, ¿dudó en salir?

Dudé, manifesté mi desacuerdo y por eso Allende me dio razones. Porque yo objeté su decisión. Pero evidentemente tenía toda la razón.

¿Alguna vez se arrepintió de salir?

No puedo arrepentirme puesto que me salvó la vida.

Le cuento una anécdota.

Dos días después del golpe, el director general de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, perteneciente a la ONU), Enrique Iglesias, se dirigió al almirante (Ismael) Huerta, que dirigía el Ministerio de Relaciones Exteriores de los golpistas, para interceder por mí.

Y este le dijo que si había una persona a la cual querían detener por encima de todas era al secretario general del Partido Socialista (Carlos Altamirano) y a mí, el asesor personal del presidente.

Y de hecho, en las actas secretas de la junta, en la número dos, fechada el día 13 de septiembre, hay tres líneas en la que la junta acuerda detenerme si yo era localizado.

Es decir, manifiestamente Allende me salvó la vida.

Volviendo al ataque en La Moneda. ¿En algún momento estuvo incrédulo de lo que estaba pasando? Se lo pregunto por la cantidad de intentos de golpe que hubo antes de ese 11 de septiembre…

Yo traía una pequeña radio portátil y a las 8:30 de la mañana, cuando escuché al bando de los insurrectos pidiéndole a Allende la transmisión del mando, me quedó clarísimo que la información que teníamos hasta ese momento, de que el Ejército era leal, era incorrecta.

Cuando empezó el ataque, que fue mi bautismo de fuego, fue realmente impresionante… Cuando uno ve que están ametrallando, atacando con cañonazos.

Nosotros, los colaboradores del presidente, estábamos muy impactados por lo que estaba pasando. Lo que contrastaba con la absoluta serenidad y tranquilidad del presidente.

Ese día, él estuvo muy sereno y dueño de sí mismo.

¿Y usted cómo estaba?

Sentía que podía morir. En ese momento se piensa en la muerte.

Tomé un teléfono y llamé a una persona amiga. Le di la dirección y el teléfono de mis padres en España para que les explicara por qué había muerto.

Me estaba despidiendo de la vida.

¿Estaba dispuesto a morir allí?

No solo yo.

Cuando el presidente reunió a todos sus colaboradores civiles, diciéndoles que estaban en libertad de salir, ninguno salió.

Todos se quedaron con él.

Después del asalto, los detuvieron a todos, a la mayoría los torturaron, los asesinaron y algunos desaparecieron.

El equipo personal del presidente de Chile fue exterminado en exactamente 48 horas.

¿Qué más recuerda de ese día?

Recuerdo que esa mañana llegué a La Moneda con mi cartera con los documentos de trabajo, con el discurso que para ese día estaba previsto.

Cuando iba a salir, el presidente me acompañó hasta la puerta principal y me preguntó: “¿Qué lleva usted en esa cartera?”. “Bueno, los documentos con los que hemos estado trabajando”. Y me dijo: “Mejor la deja”.

Se la dejé a su jefe de prensa, que lo llamaban el Negro Jorquera porque era muy moreno. Pero me di cuenta de que la tez de su cara estaba verde…

Es decir, se respiraba el aliento de la muerte en ese momento dentro del Palacio.

Durante el ataque a La Moneda, ¿usted tuvo que tomar armas en algún momento?

No. El riesgo de un golpe de Estado estuvo presente desde antes que Allende asumiera.

Hubo una decena de intentos de golpe de Estado que fueron sofocados por la jerarquía constitucionalista de las Fuerzas Armadas.

Si Allende pudo asumir la presidencia en noviembre de 1970 es porque en las Fuerzas Armadas había oficiales constitucionalistas, un Ejército republicano.

Y eso estuvo presente durante los tres primeros años y fue lo que sostuvo al gobierno frente a la conspiración impulsada por Estados Unidos. Hasta que a fines del mes de agosto del 73 se produce la traición.

Joan Garcés

Así como el comandante en jefe (René Schneider) en octubre de 1970 se negó a cumplir las órdenes de Washington y dar el golpe, lo que le costó la vida*, el general que comandó el Ejército a fines de agosto (Augusto Pinochet) encabezó la traición.

Por consiguiente, desde octubre de 1970, Allende formó unos escoltas personales de jóvenes militantes del Partido Socialista que estaban identificados con el programa de gobierno.

Y esos jóvenes, unos 15 o 20, estaban dentro del palacio (el 11 de septiembre), eran sus escoltas personales, y todos tenían formación en manejo de armas.

Son ellos los que hicieron frente al ataque. Son los héroes, junto al presidente, de una batalla que militarmente no tenía desenlace equívoco.

Para el presidente, fue una batalla de carácter política y moral, frente a una traición y un ataque tan brutal contra las instituciones del Estado.

Y esa batalla Allende la dio por sentido político. Él era un político. Y fue su última batalla política.

Y si estamos hablando de ese día hoy, 50 años después, es porque política y moralmente esa batalla la ganó al costo de su vida.

Salvador Allende en medio del ataque a La Moneda el 11 de septiembre de 1973.
Esta es la última fotografía que muestra a Salvador Allende con vida en medio del ataque a La Moneda.

¿Dónde se refugió después de salir de La Moneda?

Al salir de La Moneda me fui a la residencia de una persona (Joaquín Leguina), amigo de mi hermano, con la que no había estado nunca y que no formaba parte de mi círculo personal y, aunque me buscaban, no lo hacían ahí.

¿Y qué pasó allí?

No podíamos salir porque había toque de queda.

Él (Leguina) es un escritor y en uno de sus libros cuenta esas 72 horas en que yo estuve en su casa y todavía está temblando… Por lo que significaba en ese momento, en medio de una dictadura brutal, donde asesinaban y mataban, donde tu nombre está en la televisión y la radio… Él era consciente de que si me encontraban en su casa, él mismo podía ser detenido y podían matarlo.

En ese momento, la vida no valía nada.

¿Y usted también temblaba?

No, yo tengo un temperamento en que ante un desafío, me tranquilizo.

Cuando se levantó el toque de queda, me llegó la información de que los tres cuerpos diplomáticos españoles, el nuncio del Vaticano, el representante de la Cepal y el embajador (español) me ofrecían su residencia. Un gesto muy bonito.

Tras un análisis político y militar, decidí ir a la residencia de quien tenía un ejército detrás, es decir, del embajador de España.

Y fue una opción decisiva.

¿No le generó incomodidad abandonar Chile con la ayuda del embajador español, que representaba a Francisco Franco?

Lo primero que dije cuando entré a la embajada fue: embajador, lamento conocerlo en estas circunstancia. Porque me habían invitado a las recepciones de la embajada pero yo no iba, era una manera de manifestar que yo estaba en oposición al franquismo.

(Enrique Pérez Hernández) era un embajador del general Franco y además conservador.

Y sin embargo, me acogió en su casa e hizo una gestión brillantísima para conseguir un salvoconducto y poder salir del país sin consultar a Madrid. Ese fue el mérito. Porque si hubiese consultado, posiblemente el gobierno le hubiera dicho que de ninguna forma. Los militares me estaban buscando.

Él me contó que una noche, estando ya en la cama, una patrulla militar le pidió permiso para entrar (a su residencia).

Le dijeron: “Queremos saber si Joan Garcés está aquí”. “Yo les digo que aquí no está”, respondió él, apuntando con sus dedos hacia la planta baja. Y claro, ahí yo no estaba, estaba arriba.

Junta militar Chile
La junta militar conformada por Gustavo Leigh, Augusto Pinochet, José Toribio Merino y César Mendoza.

¿Cómo se fue de Chile?

En la semana siguiente al golpe, España envió a Chile un avión chárter, de esos que se prestan en situaciones de catástrofe, con mantas, medicinas, etc.

Y la junta militar citó al embajador para agradecerle a España el gesto que había tenido de enviar ese avión.

En ese momento, en una situación en que el jefe de la junta militar le estaba dando las gracias, fue cuando el embajador le dijo: “Tengo un favor que pedirle: un salvoconducto para Joan Garcés”.

“¿Pero cómo es posible que usted, embajador del general Franco, me pida un salvoconducto para un socialista, asesor personal de Salvador Allende?”, le respondió.

Y el embajador le dijo: “Efectivamente, las ideas del general Franco son muy distintas pero es un español y está en territorio español. Y en estos asuntos está por el medio el honor y la bandera. España no se los va a entregar a ustedes”.

“Pero es una decisión que yo no puedo tomar, la junta ya decidió detenerlo”.

Y entonces el embajador le dijo: “¿Pero cómo si usted es el jefe de la junta? ¿El comandante en jefe del Ejército no tiene autoridad para hacer un salvoconducto?”. Y le picó el amor propio.

La conversación terminó diciendo: “Bueno, haré lo que pueda”.

Y efectivamente llevó el tema a la junta militar y el general (Gustavo) Leigh (comandante en jefe de la Fuerza Aérea) se negó, argumentó en contra, diciendo que si yo salía del país podía hacerle mucho daño a la junta, pero ya el jefe de la junta estaba comprometido con el embajador de España y se aprobó el salvoconducto.

Así que yo volví en el mismo avión chárter, naturalmente vacío.

Íbamos 4 en un avión para 150 personas. Iba yo, mi hermano, un exministro que se llamaba Ernesto Torrealba, y otro ciudadano español que no recuerdo el nombre.

¿En qué minuto usted se enteró que el presidente se había muerto?

La radio transmitía solo música militar y bandos militares.

Cuando ingresé a la residencia del embajador, no sé si ya se había hecho público que había muerto.

Pero para mí no ofrecía ninguna duda. En su última alocución, él hizo esa reflexión: pagaré con mi vida. Ese manifiesto lo dijo por la radio. Y yo conocía perfectamente su mentalidad, sabía que iba a morir combatiendo.

Siempre me han preguntado cómo murió el presidente. Yo digo que no lo sé. Porque tengo dos versiones, pero ambas versiones para mí son indistintas.

Desde el momento en que él está dispuesto a morir en combate, quien dispara la bala que le mata es irrelevante.

Lo que importa es su decisión de combatir hasta la muerte.

Joan Garces sobre Allende

¿Cómo recuerda a Salvador Allende?

Sigmund Freud tiene un segmento para clasificar a las personas entre dos extremos: el necrófilo y el biófilo. Allende estaba manifiestamente en el extremo de los biófilos.

Era un hombre que amaba la vida, las cosas buenas y los placeres de la vida. Ése era Allende. Era un hombre afable, de diálogo fluido. Solía hacer bromas y a su vez era una persona de unas convicciones extraordinarias.

(En Allende había) un pensamiento y un análisis de la realidad y valores que fueron constantes en su vida. Valores de la Revolución Francesa liberal democrática que arranca del siglo de las luces.

Una visión del socialismo que incorpora raíces de libertades, de racionalidad y de humanidad.

Allende era una persona realmente humana. Y el último día de su vida lo demostró cuando su preocupación estuvo en salvar vidas.

Salvador Allende
Pie de foto,Salvador Allende murió el 11 de septiembre de 1973, en La Moneda.

Yendo a los meses anteriores a ese 11 de septiembre y a sus causas, el actual presidente de Chile, Gabriel Boric, ha dicho que el golpe no era inevitable… Pero otros dicen que sí… ¿Qué piensa usted?

No cabe ninguna duda (que era evitable).

Tiene usted los propios cables de los servicios secretos del presidente (de EE.UU., Richard) Nixon, el último se acaba de desclasificar, en el que dicen que le informaron a Nixon, el día 8 de septiembre del 73 y el mismo 11 de septiembre, que la posición del presidente era una salida política a la situación que vivía el país.

Por consiguiente, el golpe, desde el punto de vista del gobierno de Allende, era evitable porque había una salida política a la crisis que se había provocado como consecuencia de una guerra encubierta e híbrida del gobierno de Estados Unidos contra el gobierno de Chile.

Por otro lado, la traición, por primera vez en la historia de Chile, del jefe máximo del Ejército a un presidente de la República es lo que permitió que se produjera el golpe.

Si el jefe del Ejército en el 73 no hubiera sido un traidor, con un fondo criminal, como después se desveló, el golpe hubiera fracasado, tal como fracasaron los intentos anteriores.

Por consiguiente, con oficialidad republicana en puestos claves en las Fuerzas Armadas, más un presidente dispuesto a evitar una confrontación violenta en el país y una vía política abierta para que se encausara por ahí la crisis, el golpe era no solo evitable sino que no debería haberse producido.

Es la acumulación de esos factores, con el motor e impulso de Estados Unidos, lo que provoca el golpe y la tragedia que siguió en el país.

Por eso yo siempre digo que el origen del golpe en Chile es exógeno, está en la Casa Blanca.

Joan Garcés

Pero después de 50 años, ¿cree que Allende y su gobierno pudieron haber hecho algo más para evitar el golpe?

Yo he respondido a esa pregunta en uno de mis libros, cuando analizo la política militar del gobierno y de los partidos de la izquierda chilena.

Ahí explico mi discordancia con esa política militar.

¿Por qué? Por la diferencia de experiencia vital.

Yo había estudiado por qué fracasó el golpe del 36 (en España), en que un sector del Ejército se sublevó contra el gobierno republicano. Fracasó porque el sector leal al gobierno, con el apoyo de las organizaciones populares, hizo frente a la insurrección.

En cambio en Chile no tenían esa experiencia histórica. Chile era un país de una continuidad y estabilidad singular en toda América Latina. El único país con un ejército con una reputación bien ganada de ser respetuoso de la institucionalidad democrática del país.

Por consiguiente, no tenía los reflejos que yo tenía.

Desde el primer momento en el gobierno, yo lo hablaba con el presidente como lo estoy hablando con usted, en el sentido de que había que prever la posibilidad de que hubiera una nueva insurrección contra el gobierno como la que se había intentado días antes de que él asumiera.

Entonces él tenía que diseñar una política militar de defensa en que pudiera, como jefe de las Fuerzas Armadas, dentro de la Constitución y preservando el estado de Derecho y la democracia, hacer frente a una insurrección.

Él (Allende) lo podía hacer articulando al Ejército profesional bajo dirección política del legítimo presidente de la República y de las organizaciones populares.

Y él lo entendió y lo hizo público en un discurso. Pero pasaron los meses, los años, y no se concretó.

Henry Kissinger y Richard Nixon en 1972.
Henry Kissinger y Richard Nixon en 1972.

¿Conoció a Pinochet? ¿Qué opinión tenía de él?

Yo conocí al general (Carlos) Prats. Pinochet llegó a la comandancia en jefe por un azar.

Porque en el momento en que el general Prats presentó su dimisión, el presidente le preguntó: “¿Qué otro general puede asegurar la lealtad del Ejército?”.

Y Prats le recomendó a su jefe de Estado Mayor, a Pinochet. Si Prats hubiese recomendado a otro, Pinochet hubiera pasado a retiro tranquilamente y nadie sabría de su existencia.

Prats tenía la convicción de que era un hombre leal. Si no, no lo hubiera recomendado.

Y hasta tal punto es la villanía de esta persona (Pinochet), que un año después mandó a asesinar a Prats, que estaba refugiado en Buenos Aires, habiendo sido su superior y su compañero de armas.

¿Qué sintió en el minuto en que Pinochet fue detenido en Londres? ¿Sintió una especie de ajuste de cuentas con la historia?

Bueno, sentí que lo había conseguido.

En España el juez no puede ordenar la detención de nadie si no se lo pide el ministerio fiscal o la acusación. El ministerio fiscal estuvo siempre a favor de Pinochet. El juez no podía hacer nada por ese lado. Solamente si la acusación particular, que yo representaba y con mi firma, se lo pedía.

O sea, que si Pinochet fue detenido fue porque yo, con todas las pruebas que había reunido de las víctimas chilenas y no chilenas que yo representaba, pedí la detención.

Cuando se produce la detención, estuve muy tranquilo.

Y ahí empezó otra fase que era la extradición y que termina con la decisión del juez (Roland) Bartle, en octubre del año 99, donde concede la extradición a España.

Judicialmente habíamos ganado el caso, tanto en España como en Reino Unido.

Lo que viene después son los enjuagues políticos para neutralizar la acción de la justicia.

Pero como jurista, mi trabajo estaba hecho.

Pinochet se dirige a un chequeo médico en Londres
Pinochet fue detenido en Londres en 1998.

¿Cómo ve lo que está pasando en Chile ahora y la división que ha provocado la conmemoración del golpe?

En primer lugar, yo quiero manifestar mi respeto y solidaridad con el pueblo de Chile que 50 años después sigue defendiendo los valores democráticos y de vida que fueron aplastados durante la dictadura.

50 años de resistencia que han llevado al gobierno actual a gestos de solidaridad.

En segundo lugar, la burguesía, la derecha, los capitalistas chilenos que empujaron el golpe y que lo pidieron desde antes que el gobierno hubiera asumido, está ahí y sigue siendo favorable a una salida de fuerza y a una interrupción de la vida democrática si a sus intereses les conviene.

En esas circunstancia permítame agregarle la responsabilidad de Estados Unidos.

La administración Nixon es absolutamente el motor de la desestabilización económica y social, y propagandística y mediática que se produce entre el 70 y el 73 para crear el ambiente que permitió el colapso del Estado de Chile y la destrucción del Ejército republicano de Chile.

EE.UU. podría hacer una gran contribución a la situación actual de Chile si hiciera una declaración coherente de condena, de rechazo, respecto a lo que hizo la administración Nixon.

Eso sería un gran apoyo no solo a la democracia en Chile sino un mensaje para todo el mundo.

Joan Garcés
«Estados Unidos podría hacer una gran contribución a la situación actual de Chile si hiciera una declaración coherente de condena, rechazo, respecto a lo que hizo la administración Nixon», dice Garcés.

¿Por qué no ha vuelto a Chile?

No he vuelto a Chile desde el 73.

No volví en dictadura por razones obvias. Y no he vuelto después de la dictadura porque la forma en cómo ha sido administrada la post dictadura no coincide con mi visión de lo que fue y debiera ser Chile.

Entonces muestro mi discrepancia desde la distancia porque no me corresponde intervenir en los asuntos internos de Chile pero como ciudadano libre manifiesto esa discrepancia no viajando a Chile.

¿Discrepancia con todo lo que se ha hecho después de la dictadura?

Con la llamada transición a la democracia… Tanto en Chile, como también en la transición de España tras el franquismo, que tiene muchos semejantes, yo he discrepado de ella.

¿Por qué?

Los pilares sociales y económicos creados a favor de la dictadura, a sangre y fuego, con el látigo y las torturas, han sido mantenidos después de la caída de la dictadura y están condicionando la vida de millones de trabajadores, tanto en Chile como en España.

Y esa forma de concebir la transición no la he compartido. Es una opción personal mía.

¿Y no volvería tampoco ahora, con Gabriel Boric en el gobierno?

No. Si las circunstancias cambian mañana, haremos un nuevo análisis. Pero hoy, no.

FMGU 11/09/2023.- Esta mañana hemos llevado a cabo una ofrenda floral en la placa de las pistas deportivas Salvador Allende en Guadalajara a los 50 años del golpe cívico-militar contra la democracia en Chile #Allende
Organizado por el Núcleo de Guadalajara del Partido Comunista de España (PCE) y el Partido Comunista de Chile (PCCh) con el apoyo del Foro por la Memoria de Guadalajara, y los sindicatos UGT y CCOO.
Fotos: Xulio García/FMGu y Manuel Torres Rodríguez-Barbero

El próximo día 11 de Septiembre el PCE en Guadalajara y el Partido Comunista de Chile hemos organizado una ofrenda floral en el Panel de las Pistas deportivas Salvador Allende, en el 50 aniversario del golpe cívico-militar en Chile.

Organizan PCE y PCCh y apoyan UGT, CCOO y Foro por la Memoria.

La ofrenda floral tendrá lugar el 11 a las 11 en las pistas deportivas Salvador Allende, en el barrio de La Rambla, en la confluencia de las calles Marcelino Martín y Tomillo, en el municipio de Guadalajara.

FMGU, 11/02/2023- Asistimos en Poitiers (Francia) en nombre de Foros por la Memoria @foromemoria a la capilla ardiente del Enrique Lister López, hijo del dirigente del PCOE Enrique Líster Forján fallecido hace dos días en el país vecino,
Le han enterrado con las banderas por las que luchó y que en este caso la familia nos hizo el honor de aceptar las que nosotros mismos llevamos desde España para la ocasión, pues la familia no tenia ninguna.

En la foto, Pedro Alberto García Bilbao, de la Federación Estatal de Foros por la Memoria, presenta sus respetos ante el féretro Que la tierra te sea leve camarada.
Ni un sólo dirigente de ningún partido de izquierda ha acudido desde España, excepto su bien amigo Alejandro Fernández Suárez y nosotros mismos.

Fotos: Fed. Est. Foros por la Memoria

Foto: FMGU

Pedro Garcia de FEFM ante el féretro de Enrique Lister López- Foto: FMGU

HA FALLECIDO ENRIQUE LISTER LÓPEZ

09/08/2023, FMGU.- Ha fallecido en Poitiers (Francia), nuestro camarada y amigo, el filólogo Enrique Líster López, hijo del heroico dirigente comunista Enrique Líster Forján, quien fue uno de los fundadores del Quinto Regimiento al comienzo de la guerra de España, general de dos ejércitos, (checo, soviético) y teniente coronel del Ejército Popular de la República española.

Su hijo, Enrique Lister, López nacido en Moscú en 1941, fue director de la Cátedra de Estudios Eslavos de la Universidad de Poitiers, donde también enseñó historia de la URSS y de Yugoslavia. Autor entre otros, del libro, “Leninismo y oportunismo” (1976) y del libro “Praga agosto 1968. Páginas de un diario personal.” (Silente 2008).

Desde el Foro por la Memoria de Guadalajara presentamos nuestros respetos a su viuda Monique Líster, y a su familia, desde el recuerdo de la última visita que hizo a nuestra provincia en nuestra compañía , en noviembre de 2021, visitando entre otras localidades Brihuega y Torija, donde le entregamos un diploma simbólico con la propuesta de la Medalla de la Libertad, entregado por nuestro presidente, Pedro A. García Bilbao
Fotos: FMGU

Enrique Líster (nov 2021) Foto: FMGU

Ha fallecido Enrique lIster

Quique Lister en Torija, acompañado del pte del FMGU Pedro A. Garcia, Foto: FMGU

La prospección de fosas comunes en el cementerio de Las Casas, en Soria, abre una “vía de esperanza” para encontrar los restos de decenas de personas que fueron tomadas prisioneras en la catedral seguntina y cuyo rastro se pierde en 1936

Francisca Bravo 20 de junio de 2023 Eldiario.es

Isabel lleva toda su vida buscando a sus tíos. Eran tres. Francisco, Agustín y Carmelo Marín Martínez. Salieron a combatir en la guerra civil y nunca más volvieron. Son tres de los más de 150 republicanos desaparecidos tras la batalla de Sigüenza, un episodio relevante en el desarrollo de la contienda en la provincia de Guadalajara con la catedral como símbolo. El 16 de octubre de 1936, el bando franquista detuvo a un gran número de combatientes republicanos que se encontraban refugiados en el templo catedralicio. Fue el bando republicano el primero en llegar a la ciudad, mientras que los ‘nacionales’ estuvieron acompañados incluso por bombardeos alemanes. La catedral de Sigüenza se convirtió en una suerte de fortaleza hasta que los republicanos fueron hechos prisioneros.

Tras años de investigaciones, el Foro por la Memoria de Guadalajara ha detectado que hay un total de 157 prisioneros republicanos que han “desaparecido”. Los investigadores de la asociación han comparado dos listas de prisioneros de esta batalla. La primera incluye hasta 591 personas, entre miembros de milicias republicanas y de personas refugiadas que fueron a buscar cobijo a la catedral de Sigüenza. Es la denominada ‘Relación general de los entregados en la catedral y llevados al teatro’. En la segunda lista, ‘Relación nominal de los individuos prisioneros de guerra, procedentes de Sigüenza, detenidos en esta prisión a disposición del Excelentísimo Señor general Jefe de la División de Soria, con expresión de su naturaleza, vecindad, edad y profesión de los mismos, ingresados en la misma el 17 de octubre de 1936’, sólo hay 333 nombres. Y no todos coinciden con los de la lista anterior.

De este modo, el Foro por la Memoria ha llegado a la conclusión de que cabría la posibilidad de que se trate de víctimas de crímenes de lesa humanidad. Y por eso, trata de localizar sus restos, en paradero desconocido hasta ahora. Y los buscan fuera de Castilla-La Mancha, concretamente en la última exhumación llevada a cabo por la Asociación Memorialista Recuerdo y Dignidad en la provincia de Soria. Ambas organizaciones memorialistas llevan años colaborando en esta búsqueda.

El pasado 29 de mayo, la asociación soriana comenzó los trabajos que culminaron con la localización de una serie de fosas comunes en el cementerio de Las Casas. Se abría así una “vía de esperanza” para la localización de los cuerpos. Como ha ocurrido con otros trabajos de exhumación y localización de fosas comunes por parte de la Asociación Recuerdo y Dignidad, se han abierto diligencias judiciales con las que se “abre una vía de esperanza”.


Miembros de la policía judicial de Soria haciendo atestado tras el hallazgo de una fosa con republicanos asesinados en el cementerio de Las Casas (Soria) Foto FMGU.

“Mi abuela nunca ocultó lo que pasó”

Maribel Dorado Marín forma parte del grupo de familiares que las organizaciones han podido localizar en el proceso de búsqueda de todas estas personas desaparecidas. Francisco, Agustín y Carmelo eran hermanos de su madre. El más pequeño tenía sólo 18 años cuando desapareció. “Mi abuela nunca ocultó lo que pasó. Ella hablaba de sus tres hijos que fueron al frente y nunca volvieron”, resalta. Su abuelo se dedicó a recorrer los frentes cercanos a Madrid para intentar localizar a sus hijos y en un momento de su búsqueda, sufrió un infarto. “El forense le dijo a mi abuela que había sufrido un sufrimiento muy grande. Y mi abuela se quedó sola con sus cinco hijos”, señala.

Hoy en día sólo queda vivo uno de sus tíos. En 1936 tenía cuatro años. “He visto a mi abuela y a mi madre sufrir por sus hijos y por sus hermanos. Mis tíos tienen que reposar junto a mi abuela, que era lo que ella quería. No es lícito que algunas personas tengan a sus familiares enterrados y otros los tengamos tirados en cunetas o comidos por las alimañas”, afirma, emocionada. Dice haber heredado el duelo de su abuela y que ha sido eso lo que le ha impulsado a seguir una búsqueda que parecía no tener fin. “No teníamos los medios. No encontrábamos respuestas”.

Hasta que dio con el Foro por la Memoria de Guadalajara. Les contó la información que tenía: que dos de los hermanos se habían ido a Sigüenza y un tercero al frente de Talavera de la Reina, en Toledo. De este, el mayor, no saben nada. Pero tienen esperanza de encontrar los restos de los otros dos. “Mis tíos pueden estar en Soria, pero no sabemos en qué sepulturas. Mi labor es localizar a mi familia. Quiero encontrar a mis tíos, pero también a todos los fusilados”, explica Dorado Marín. “Independiente de lo que pase con la búsqueda de ellos, yo quiero contribuir a encontrar al mayor número de personas posible. Todo el mundo tiene derecho a que se dignifique la memoria de sus seres queridos”, remata.

Posibles crímenes contra la humanidad

El presidente de Recuerdo y Dignidad, Iván Aparicio, explica que la prospección del cementerio de Las Casas, en Soria, es el resultado de muchos años de investigación, puesto que sólo se pueden abrir fosas si los familiares lo reclaman. Las tareas llevadas a cabo entre mayo y junio de este año, se realizaron a petición de la mujer de una de las posibles víctimas, que ya no vive, y gracias a una subvención de la Junta de Castilla y León y la ayuda del Ayuntamiento. “Necesitábamos cuantificar la magnitud de lo que había en el cementerio, porque tenemos referencias de hasta cien asesinatos, por lo que se hizo prospección en los dos huecos que los vecinos habían respetado”, señala.

Aparecieron los cuerpos de siete personas en una primera fosa común. “El juzgado dijo que debían exhumarse y así hemos logrado que se pronunciase la justicia. Vino también una forense y a partir de ahí se ha judicializado esta causa”, señala. Es la quinta causa que la asociación logra que llegue hasta los tribunales, por presuntos crímenes contra la humanidad. “Conseguimos la presencia de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en el momento de encontrar los restos y entonces interpusimos la denuncia”, explica. Aparicio recuerda que en una de las causas que Recuerdo y Dignidad ha abierto han declarado familiares, y ha estado tres años abierta, hasta llegar al Tribunal Supremo.

“Llegamos al cementerio de Las Casas con la idea de que había 40 vecinos de la provincia de Soria, y además, cerca de medio centenar de víctimas de la catedral de Sigüenza, repartidas entre dos sacas”, explica. En una primera valoración, siempre como hipótesis, los cuerpos encontrados se corresponderían más bien con personas de la provincia de Soria, debido a las ropas que vestían. “Pero vamos a mirar también en los muros donde pudiera haber más cuerpos, y que probablemente pudieran ser los de Sigüenza. Todo son hipótesis y debe comprobarse cuando entremos en las labores de exhumación”, concluye.





Fuente, https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/buscando-desaparecidos-batalla-siguenza-quiero-encontrar-tios-fusilados_1_10297099.html

Entrada de las tropas del bando sublevado en Cogolludo, 1937. En el pie de foto se lee: «El Gral. Moscardó en la Plaza de Cogolludo»//Imagen: Biblioteca Digital Hispánica GC-CAJA/054/04.

Once de ellos se instalaron en la provincia y cuatro en la capital. Se trataba de centros de clasificación temporales en los que los prisioneros padecieron un trato infrahumano

Publicado por: Ana María Ruiz 10/06/2023 El Decano de Guadalajara
A finales de marzo de 1939 se produjo la ocupación militar de Guadalajara por parte de las tropas franquistas. Desde el minuto cero, miles de prisioneros de guerra fueron capturados y encerrados en campos de concentración, donde sufrieron terribles situaciones de hambre, hacinamiento, torturas y muerte. En toda España, se crearon cerca de 300 campos por los que pasaron entre 700.000 y un millón de españoles. 


La provincia albergó quince de ellos, en los que permanecieron cerca de 19.000 prisioneros republicanos. Xulio García Bilbao, portavoz Foro por la Memoria de Guadalajara, puntualiza que, en el caso de Guadalajara, la mayor parte fueron efímeros y cerrados tras los primeros meses de uso. Eran lugares donde se concentraba a los presos para su clasificación y posterior envío a cárceles, batallones militares o batallones de trabajos forzados. Algunos de ellos, los menos, fueron puestos en libertad. 


En concreto, los campos de concentración de la provincia se localizaron en Sigüenza, Espinosa de Henares, Villanueva de Argecilla, Armuña de Tajuña, Ruguilla, Gárgoles de Arriba, Maranchón y Miralrío, que se subdividió en otros cuatro campos en Cogolludo, Casas de San Galindo, Padilla de Hita y Jadraque. Cabe destacar que éste último, llamado la ‘Casa del Guarda’, fue objeto en 2022 de un proyecto de investigación por parte del CSIC, dirigido por Alfredo Ruibal, cuyo equipo lleva más de una década desarrollando estudios arqueológicos de espacios relacionados con la Guerra Civil española. 


Según los datos que refleja el libro ‘Los campos de concentración del franquismo’, del periodista Carlos Hernández, por los centros instalados en Guadalajara pasaron alrededor de 12.000 miembros del ejército republicano, además de otras personas relacionadas de una u otra manera con la ideología de la República.


A éstos 12.000 habría que sumar los 7.000 que albergaron los cuatro campos de concentración y clasificación que se crearon en la capital. Concretamente, en el antiguo Convento de las Monjas Bernardas -en el espacio que hoy ocupa la Escuela de Arte-, en la Plaza de Toros, en la fábrica de la Hispano Suiza y en el llamado Polígono, muy cerca del barrio de Los Manantiales.


Según explica Xulio García, una vez realizada la ocupación militar, el ejército franquista se encontró con miles prisioneros que debía de clasificar. Para ello, se creó la Comisión Central de Campos de Concentración que estableció una serie de normas que debían aplicarse en dicha clasificación. Se adjudicaba a cada preso una letra (A, B, C y D) según fuese su ‘peligrosidad’ para el incipiente nuevo régimen. “Cuando cae el frente republicano en 1939 y se rinden los soldados, el ejército franquista se encontró con miles de prisioneros en muchísimos lugares donde cayeron los frentes en la provincia”, señala. 

Campo de concentración del convento de San Bernardo//Imagen: Archivo Municipal Guadalajara. Cedida por Xulio García

Carlos Hernández relata en su libro cómo las comisiones clasificatorias eran las que determinaban el destino de los internados. “Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales”.

Los declarados ‘afectos’ (A) eran puestos en libertad; los ‘desafectos leves’ y sin responsabilidades políticas (B) eran enviados a los batallones de trabajadores; los desafectos ‘graves’ (C) eran enviados a consejos de guerra para ser condenados a muerte o a largas penas de prisión.Según consta en la documentación del Archivo General Militar de Ávila, en esta lista ‘negra’, a las que ha podido acceder El Decano de Guadalajara, se incluía a los altos cargos y comisarios del ejército republicano.  Los clasificados como delincuentes comunes (D) eran enviados también a la cárcel o permanecían en los campos permanentes. 

 Las mujeres civiles que fueron capturadas en un primer grupo fueron encerradas durante 48 horas en la iglesia de San Ginés. A través del testimonio de Aurora Arnaiz, una presa que dio a luz allí y perdió el bebé, autora de un libro sobre mujeres republicanas apresadas, conforme se iban haciendo más prisioneras y dado el hacinamiento, eran trasladadas a uno de los cuatro patios de la Prisión Central (hoy Prisión Provincial en desuso), donde permanecían un tiempo. Allí, Tomasa Cuevas, otra presa que relató estos hechos en uno de sus tres libros sobre la represión franquista, fue testigo de las torturas a las que eran sometidos los hombres presos, a los que desde el patio oían proferir gritos desgarradores. Cuando se empezó a detener y traer a más mujeres y el número fue excesivo, las llevaron al Colegio Sagrado Corazón, donde asegura que las mataban de sed y vivían en condiciones terribles. Todas ellas fueron clasificadas y enviadas a  distintas prisiones de España y a la Prisión Militar de la calle Ángel Martín Puebla, posteriormente reconvertida en la Cárcel de Mujeres. Según la información proporcionada por Xulio García, más de 600 mujeres fueron apresadas y condenadas en Guadalajara.

Condiciones infrahumanas

Cabe destacar que los campos de concentración, dada su temporalidad y lo rápido de su creación, no contaban con las mínimas condiciones de vida. “A pesar de su carácter provisional, uno podría llegar a pensar que fueron menos duros para los prisioneros, pero no es verdad. El problema está en que la imagen que tenemos normalmente de un campo de concentración es la que nos ha llegado a través del cine y de los campos de exterminio nazis y, cualquier otro campo que tenga otra característica, parece que es un campo humanitario o un lugar de vacaciones y no es verdad”, afirma García. 

Las condiciones eran durísimas. Los detenidos, incluidos los heridos y los enfermos, se hacinaban en unas instalaciones que no estaban habilitadas para albergar a cientos de personas: “Deliberadamente o no y, debido a la masificación, la alimentación no era buena, no tenían ropa ni abrigo y la higiene era nula. La situación era terrorífica”, apunta Xulio García, quien añade que estos lugares no reunían las condiciones establecidas en los acuerdos de la Convención de Ginebra que España firmó en 1929. En ella se señalaba que el ejército tenía la obligación de cuidar y dar un tratamiento humanitario a los prisioneros bajo su custodia: “Según Ginebra, en aquellos campos ya se estaban cometiendo crímenes de guerra”, denuncia.


Afortunadamente, los campos de concentración de la capital cerraron su actividad el 25 de abril de 1939, cuando todos sus ocupantes habían sido clasificados y evacuados. Su destino: la condena a muerte, la prisión, los trabajos en las industrias militares del Régimen (Destacamentos penales, colonias penitenciarias militarizadas y talleres penitenciarios.)  o los llamados Batallones de Trabajadores, divididos en Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, Batallones Disciplinarios de Trabajadores y Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados.


Con respecto a los campos de la provincia, o bien desaparecieron directamente o se reconvirtieron en sedes de estos Batallones de Trabajadores Penados, como el de Jadraque, cuyos prisioneros se encargaron de la construcción del embalse de Pálmaces, o el de Sigüenza, dedicado a la reconstrucción de la Catedral. 

Según el portavoz del Foro por la Memoria, todo este despliegue “significa que el incipiente gobierno franquista gastó una cantidad ingente de recursos y de dinero únicamente para castigar y extender el castigo a estas personas. Consideramos que es importante y que hay que recordarlo”. 

Prisioneros de un Batallón de Trabajo en Sigüenza, en 1942//Imagen: laplazuela.net

Una moción de dignificación


En este sentido, el grupo municipal de Unidas Podemos en el Ayuntamiento de Guadalajara, presentó una moción ante el pleno celebrado el 29 de noviembre de 2019 con el objetivo de dignificar y rendir memoria y homenaje a las miles de personas de la provincia y de otros puntos de España que fueron prisioneros en los campos de concentración. 

En ella, se pedía instar a la Junta de Comunidades a instalar una placa dentro de la Escuela de Arte y habilitar un espacio de memoria en la Plaza Ceuta y Melilla “que recuerde que fue utilizado como campo de concentración franquista en el año 1939”. Asimismo, se proponía buscar fórmulas para que los alumnos de dicha Escuela pudieran participar en el proceso de creación de ese espacio con algún tipo de expresión artística. 

La moción fue rechazada con los votos desfavorables del Partido Popular, Vox y Ciudadanos, quienes consideraban, según consta en acta, que este hecho supondría reabrir viejas heridas, dividir a la sociedad y promover la confrontación. 


Lamentablemente, a día de hoy, los lugares que albergaron campos de concentración en la provincia continúan sin tener ningún signo físico de reconocimiento a los miles de hombres y mujeres que allí sufrieron lo indecible por luchar en defensa de sus ideales y que, guste o no, forman parte de la historia de este país y de esta provincia. Tanto como los del bando ganador.

Sello oficial del organismo que controlaba los campos//Imagen: Twitter Carlos Hernández, de su libro ‘Los campos de concentración del franquismo’.

Fuente:

https://eldecanodeguadalajara.com/index.php/news/2973/los-campos-de-concentraci%C3%B3n-franquistas-de-guadalajara-albergaron-a-cerca-de-19-000-presos-republicanos/?fbclid=IwAR0Y4aG-66xP6v7ccN3BTPd7oOSOaPvJT8yvmoa9ZGXAML1XkFq8QquKaFQ

157 asesinatos investigados por la Justicia

Según el Foro por la Memoria de Guadalajara, serían milicianos hechos prisioneros en 1936 tras la Batalla de Sigüenza.

Por Gloria Magro. El Hexágono de Guadalajara.

La policía judicial investiga el hallazgo de cuerpos en el cementerio de Las Casas (Sorias); Foto: FMGU

El escenario del crimen es rápidamente acordonado por la policía judicial. A la espera del juez a cargo de la investigación, los agentes impiden la labor de los fotógrafos y mantienen a distancia prudencial a los familiares de las víctimas y a los investigadores que han hecho el descubrimiento. A sus pies, la fosa del cementerio de Las Casas, en Soria, donde han aparecido los restos revueltos de lo que podrían ser en total en todo el recinto más de un centenar de personas asesinadas, muchas de las cuales, según el Foro por la Memoria de Guadalajara, serían milicianos hechos prisioneros en 1936 tras la Batalla de Sigüenza.

Soria asiste estos días fascinada al último episodio de la Guerra Civil, que se escribe en un cementerio de su capital. Los periódicos publican día a día las últimas novedades de un caso histórico que desvela uno de los episodios más dramáticos sucedidos en los primeros meses de la contienda y del que los historiadores tenían constancia aunque la fosa no hubiera sido aún localizada. En la cata anterior, el pasado otoño, ahora saben que se quedaron a escasos centímetros de acertar. Los primeros siete cuerpos han aparecido justo ante la puerta principal del recinto y se cree que hay muchos más, tanto dentro como extramuros.

Más de ochenta y seis años después de aquellos sucesos y a diferencia de lo que ocurre en otros lugares, en esta ocasión el paisaje dantesco de huesos y balas de procedencia alemana localizado en Las Casas no está siendo tratado como mera arqueología forense sino como el escenario de un crimen, de un crimen a gran escala. Los juzgados de Soria han procedido con diligencia en la excavación realizada por los investigadores de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la asociación soriana Memoria y Dignidad. Los familiares de algunas de las víctimas, allí presentes, confían en que las pruebas de ADN confirmen el final de una búsqueda que ha durado décadas de dolor e incertidumbre.

Maribel Dorado Marín ha ido en varias ocasiones a Soria, estuvo presente en la excavación del pasado otoño y también ha querido presenciar ésta. Busca a sus tíos, desparecidos en Sigüenza tras la toma de la catedral. El rastro de ambos se pierde entre los cientos de milicianos prisioneros trasladados en tren al convento soriano de Santa Clara, reconvertido por aquel entonces en prisión del ejército sublevado. «Todos los que están aquí enterrados merecen estar con sus familias», afirma emocionada después de haber presenciado la aparición de los primeros restos óseos y de haber visto las huellas claras de disparos en los cráneos que surgen de entre el barro. Esa imagen ha recorrido todos los medios de comunicación nacionales e internacionales estos días.

Los investigadores creen que en ese recinto yacen vecinos de los pueblos de alrededor, represaliados en los meses iniciales de la guerra, y también prisioneros provenientes de Guadalajara. El juzgado de Soria ha solicitado al Foro por la Memoria de Guadalajara que proporcione las listas de presos que localizaron en 2011 en archivos militares. Se trata de dos listados con nombres, apellidos y filiación que da cuenta de los milicianos capturados en Sigüenza por el ejército sublevado. El primero de ellos, fechado el 16 de octubre de 1936, tras la toma de la catedral, con los datos de 490 hombres, 47 mujeres y 54 niños, y el segundo, procedente de la prisión de Soria, a donde fueron trasladados, fechado en enero de 1937. Entre un lista y otra, la diferencia es de 157 nombres, cuyos cuerpos podrían ser los que se han encontrado estos días y los que aún pueden aparecer cuando se realicen las siguientes prospecciones.

Entre ellos podrían estar los restos de Enrique Bispo Blanco, miliciano del Batallón Ferroviario, desaparecido cuando se encontraba bajo custodia de las fuerzas fascistas después de combatir en Sigüenza. Su nieta, Olga Quijada Bispo, asistía estos días a la excavación. Al igual que ella, Maribel Dorado Marín; cementerio soriano ha sido la última parada de su búsqueda. Tres de sus tíos, apenas adolescentes, se alistaron en defensa de la República en el verano de 1936. A dos de ellos, Carmelo Agustín Marín Martínez, los más jóvenes, el Foro por la Memoria de Guadalajara los sitúa en Sigüenza durante la toma de la catedral. Sus nombres figuran en el listado de los milicianos que llegaron después a Soria y ahí se desvanece su pista, estando bajo custodia de los militares sublevados. La familia no ha dejado de buscarles desde entonces.

En España, a diferencia de lo ocurrido en otros conflictos de la época, tras el fin de la Guerra Civil no estalló la paz, sino la represión. El Régimen franquista no levantó sistemáticamente fosas y cunetas, no identificó a los caídos, ni proporcionó descanso a todas las familias. “Solo lo hizo con los suyos –explica Xulio Garcia Bilbao, documentalista y responsable del Foro por la Memoria de Guadalajara, presente también en el levantamiento de la fosa de Soria-. En el BOE del 1 de mayo de 1940 Franco publicó una orden para exhumar, identificar y homenajear a los muertos del bando franquista, ignorando a los republicanos”.

Los años venideros se cebaron aún más con los españoles que perdieron no solo la guerra, sino también a sus padres, tíos o hermanos. La democracia no recogió tampoco la petición de estas familias. Y no ha sido hasta esta última legislatura, más de ochenta y cinco años después, con la La ley de Memoria Democrática, cuando se abrió una ventana de esperanza para los que aún manifiestan su derecho legítimo de encontrar sus restos. Y sin embargo, siguen siendo las asociaciones memoralistas quienes buscan la información y las respuestas. Muchas veces a pie de fosa, como estos días en Soria.

La Ley de Memoria Democrática entró en vigor en noviembre de 2021, su texto se puede consultar en el B.O.E y sitúa a España al mismo nivel que otras democracias europeas , ajustando a nuestro país a los principios de derecho internacional. La Ley se basa en los principios de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, así como en los valores democráticos de concordia, convivencia, pluralismo político, defensa de los derechos humanos, cultura de paz e igualdad de hombres y mujeres, como reza el comunicado de Presidencia del Gobierno. Para el ministro de presidencia y memoria democrática, Félix Bolaños, con esta ley «pasamos definitivamente página de la etapa más negra de nuestra historia, de la Dictadura y de la Guerra Civil, y abrazamos y reivindicamos lo mejor de nuestra historia, a las personas que lucharon por la democracia, por la Transición, por la Ley de Amnistía y por la Constitución».

Sin embargo, y aunque se trata de la legislación que más ha avanzado en asistencia a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, y que más ha trabajado en crear una conciencia histórica sobre esos años, no supone una reparación o un marco legislativo completo, ni tampoco ha desarrollado en estos años su articulado. De hecho, la falta de un banco nacional de ADN es una de las trabas más importantes a la hora de identificar los restos cuando aparecen. Las asociaciones, como el Foro por la Memoria de Guadalajara, trabajan con laboratorios privados que almacenan estas pruebas, supliendo así la labor que no efectúa el Estado y que previsiblemente de llegar el Partido Popular al Gobierno ya no se llevará a cabo. La Ley de Memoria Democrática es una de las que el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijoo ha anunciado que derogará si gobierna la próxima legislatura.

Los listados de prisioneros y la información proveniente de archivos militares encontrada por el Foro por la Memoria de Guadalajara donde se prueban crímenes de lesa humanidad según la legislación española e internacional vigente ya en 1936 fueron presentadas el 24 de septiembre de 2013 ante el relator especial de Naciones Unidas para desapariciones Forzosas, (OHCHR) Ariel Dulitsky, durante su visita a España y en el seno de una reunión con distintas entidades memorialistas.

Aquellas familias que tengan información o sospecha de un familiar desaparecido en la Guerra Civil y quieran practicarse pruebas de ADN pueden contactar a través del correo electrónico con foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com 

Se trata de 157 milicianos desaparecidos en 1936

Imagen de las excavaciones en las Casas/ Foto : web Recuerdo y Dignidad

Guadalajara Diario/Agencia EFE.
Un juzgado de Soria investiga los restos humanos que se han exhumado, desde el 29 de mayo, en el cementerio de Las Casas y que, según el Foro por la Memoria de Guadalajara, podrían pertenecer a los milicianos desaparecidos en la Batalla de Sigüenza, que fueron trasladados a ese municipio en octubre de 1936 por las tropas franquistas.

En una nota de prensa, el Foro por la Memoria de Guadalajara ha informado de que un juzgado soriano ha abierto diligencias a raíz de la aparición de restos humanos en los trabajos que la Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad ha iniciado en el cementerio de Las Casas.

Según las investigaciones del Foro por la Memoria de Guadalajara, 157 milicianos desparecieron cuando se encontraban bajo custodia del ejército sublevado, tras la Batalla de Sigüenza, que tuvo lugar en el verano de 1936, al inicio de la Guerra Civil.

Así, tras la aparición el mismo lunes 29 de mayo de los primeros restos humanos con signos de muerte violenta en el cementerio de Las Casas, la asociación soriana encargada de la excavación dio cuenta al Juzgado de Guardia de Soria, que se personó en el lugar para hacerse cargo de las correspondientes diligencias y el Foro de por la Memoria de Guadalajara ha aportado la documentación que consta en su poder para tratar de esclarecer si los restos pertenecen a los milicianos de Sigüenza.

La batalla de Sigüenza transcurrió durante los primeros meses de la Guerra Civil.

El 15 de octubre de 1936, tras un asedio de varios días, las tropas franquistas concluyeron la ocupación militar de Sigüenza y detuvieron a numerosos prisioneros republicanos que se hallaban resistiendo o refugiados en la catedral.

Su número y destino ha dado lugar a diversas especulaciones hasta que el Foro por la Memoria de Guadalajara encontró los datos que ahora ha ofrecido al juzgado de Soria.

Además, el Foro por la Memoria ha pedido colaboración para localizar a familiares de estos prisioneros desaparecidos procedentes de Sigüenza en 1936. EFE

Fuente: Agencia EFE

Sus restos podrían encontrarse en las fosas del cementerio de Las Casas, en Soria, en cuya exhumación trabaja la Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad desde el 29 de mayo.

Miembros de la familia de Enrique Bispo, miliciano desaparecido de la catedral de Sigüenza, siguiendo los trabajos en el cementerio de Las Casas. – FMGU

S. JIMÉNEZ

 9 DE JUNIO DE 2023

GUADALAJARA.- Foro por la Memoria de Guadalajara pide colaboración para localizar a los familiares de los milicianos desaparecidos en la catedral de Sigüenza en octubre de 1936, cuyos restos podrían encontrarse en el cementerio soriano de Las Casas, donde el pasado 29 de mayo la Asociación Soriana Recuerdo y Dignidad comenzaba a realizar una serie de catas y exhumaciones en unas fosas de la guerra civil.

Trabajos que abren una vía de esperanza para la localización, entre otros, de los cuerpos de los desaparecidos en la batalla de Sigüenza, que habrían sido trasladados allí en octubre de 1936 por las tropas franquistas.

Desaparecidos que, según las investigaciones llevadas a cabo desde Foro por la Memoria, serían 157, cuyos nombres habrían sido localizados en dos listas en 2011, las cuales fueron entregadas en 2013 al relator especial de desapariciones forzadas de la ONU, Daniel Dulitzky. Documentos por los que ahora el juzgado soriano que investiga los cuerpos aparecidos estos días en las fosas de Las Casas ha mostrado su interés, y van a ser aportados por la asociación memorialista guadalajareña.

Información que la ONU recogió, explican desde Foro por la Memoria de Guadalajara, lo cual “supuso un importante paso, pues se trata de pruebas de un caso flagrante de desapariciones forzosas, aunque también recordó entonces que es el Estado español el encargado de investigar estas desapariciones”.

Y es que tras la aparición el pasado 29 de mayo de los primeros restos humanos con signos de muerte violenta, la asociación soriana encargada de le excavación daba cuenta al juzgado de guardia, cuyo titular se personaba en el lugar para hacerse cargo de las diligencias.

Según explican desde Foro por la Memoria de Guadalajara, se trata del quinto caso en la provincia de Soria en el que tras la aparición de fosas de la guerra civil se practican diligencias judiciales, lo que supone “una novedad” con respecto a lo que ocurre en exhumaciones del mismo periodo en otros lugares de España, al descartarse en la mayoría de los casos la intervención judicial.

Respecto a la batalla de Sigüenza, la asociación recuerda que fue uno de los episodios más importantes de los primeros meses de la Guerra Civil. “El 15 de octubre de 1936, tras un asedio de varios días, las tropas franquistas concluyeron la ocupación militar de Sigüenza y detuvieron a numerosos prisioneros republicanos que se hallaban resistiendo o refugiados en la catedral”, señalan. Su número y destino ha sido objeto de diversas especulaciones hasta que fueron encontrados los datos que ahora se han ofrecido al juzgado de Soria.

En este sentido, apuntan cómo “la práctica totalidad” de los estudios publicados sobre este episodio se centra principalmente en los aspectos militares o tácticos, “ignorando la represión franquista y especialmente la llevada a cabo contra los resistentes en la catedral, que todavía hoy es desconocida en gran parte a pesar de los años transcurridos”.


Por ello desde Foro por la Memoria se pide colaboración para tratar de localizar a familiares de estos prisioneros desaparecidos, procedente de Sigüenza. Así invitan a quienes puedan aportar datos o quieran solicitar información, a ponerse en contacto con ellos a través del correo electrónico: foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com

Fuente:
https://periodicoclm.publico.es/2023/06/09/foro-memoria-guadalajara-pide-colaboracion-localizar-familiares-milicianos-desaparecidos-siguenza/