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FOSAS COMUNES DEL FRANQUISMO

El bloqueo institucional de la memoria histórica: el caso de Timoteo Mendieta

La plataforma Fíltrala publica los documentos por los que el Ayuntamiento y el Juzgado de Instrucción Número 1 de Guadalajara esquivan la orden de la jueza Servini de exhumar la fosa en la que Timoteo Mendieta fue enterrado en 1939 tras ser ejecutado.

Julián Vadillo DIAGONAL. 03/02/15 · 8:00

Asunción Mendieta Ibarra tiene 89 años. El pasado año 2014 se trasladó junto a su hija, Ascensión Vargas Mendieta, hasta Argentina para testificar delante de la jueza María Servini. ¿La razón? Denunciar la muerte de su padre, Timoteo Mendieta Alcalá, acaecida el 16 de noviembre de 1939 en el Cementerio Municipal de Guadalajara.Timoteo fue fusilado ese día tras un proceso que se llevó contra él en Guadalajara el 11 de septiembre de 1939. ¿Su delito? Haber sido leal a la República y haber sido integrante de organizaciones sindicales.

La jueza María Servini no lo dudó. Amparándose en un exhorto (petición de diligencias entre juzgados) pidió la exhumación de los restos de Timoteo Mendieta Alcalá, que reposan en la Fosa número 2 del Cementerio de Guadalajara. Así lo cursó a las autoridades competentes de la zona. Y lo que parece que tendría que ser una razón de justicia universal, una petición tan simple como la devolución de un cadáver, no ha sido posible.

Una vez que la jueza Servini emite la orden de exhumación, la misma se hizo llegar al Juzgado Núm. 1 de Guadalajara. El juzgado la remitió a su vez al Ayuntamiento de la ciudad para que facilitara un informe sobre el lugar donde está enterrado Timoteo Mendieta.

El Ayuntamiento, en un informe de cuatro hojas, explica la ubicación de las fosas, el número de personas enterradas en la misma fosa que Timoteo, el precio de la inhumación, etc. Diagonal ha tenido acceso a este informe a través de Fíltrala,plataforma en la que participa junto a eldiario.es, La Marea y Mongolia. El informe hace referencia a un documento conservado en el Archivo Municipal con fecha del 17 de noviembre de 1939 en el que se detalla que Timoteo fue enterrado en el patio 4º y fosa número 2 del cementerio civil de la localidad, también publicado por Fíltrala..

El informe, fechado el 27 de junio de 2014 y remitido al Juzgado de Instrucción Número 1 de Guadalajara, explica que la fosa en la que fue enterrado Timoteo es una fosa común cuyo primer enterramiento data del 16 de noviembre de 1939 y el último el 9 de septiembre del mismo año. En la fosa se enterraron, según consta en el informe, 22 o 23 personas ejecutadas por el Juzgado Especial de Ejecuciones, según los distintos registros.

Fíltrala también ha publicado la resolución del juzgado en respuesta al informe del Ayuntamiento. En la providencia, fechada el 30 de octubre de 2014, el juzgado afirma que hizo una “inspección ocular” en el cementerio por la que concluye que la información remitida por el Ayuntamiento es incorrecta y que “no se sabe con exactitud donde puede estar la fosa”. Por ello decide “dejar sin efecto la ejecución de la exhumación del cadáver de D. Timoteo Mendieta Alcalá, debido a que la inspección ocular realizada, y de las manifestaciones efectuadas no queda acreditado fehacientemente que en la fosa nº 2 del patio 4 del Cementerio de Guadalajara, se encuentre el cuerpo sin vida de D. Timoteo Mendieta Alcalá, ya que no se puede determinar con exactitud en qué lugar puede estar situada la fosa y cuanto terreno abarca esta”.

La resolución ase puso en conocimiento de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina y de la propia jueza María Servini.

Las razones esgrimidas tanto por el Ayuntamiento como por el Juzgado de Guadalajara reducen una petición de defensa de los derechos humanos y de crímenes contra lesa humanidad a un asunto puramente administrativo. Según asegura a Diagonal Xulio García Bilbao, del Foro por la Memoria de Guadalajara, “la ubicación de la fosa es perfectamente correcta. Las razones que esgrimen Ayuntamiento y Juzgado son sólo una excusa para dejar sin efecto la petición”. “El mismo Ayuntamiento que dice ahora no saber la ubicación de Timoteo, autorizó en su día la colocación de una placa en su tumba. Es una contradicción”.

“El mismo Ayuntamiento que dice ahora no saber la ubicación de Timoteo, autorizó en su día la colocación de una placa en su tumba. Es una contradicción”

Un Ayuntamiento reincidente

Las organizaciones memorialistas, políticas y sindicales afirman que no es la primera vez que el Ayuntamiento de Guadalajara ha incurrido en polémicas relacionadas con la memoria histórica. Las organizaciones memorialistas, políticas y sindicales de la ciudad de Guadalajara llevan años trabajando para resarcir a las víctimas del franquismo y se han topado siempre con el “ninguneo de las autoridades municipales”, señalan.

Hace años que la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) de Guadalajara pidió un cambio en el callejero de la ciudad y de la provincia, pero el Ayuntamiento, lejos de hacerlo, ha seguido manteniendo un callejero repleto de militares golpistas. Tan solo la llamada Plaza de los Caídos por Dios y por España varió su nombre por la de Plaza de los Caídos, aduciendo el Ayuntamiento que así aglutinaba a todos los caídos de ambos bandos. Una decisión que generó la protesta tanto de la CNT local como de Izquierda Unida, que se sumó a la petición de variación de callejero.
Prueba del registro de la inhumación de Mendieta. | Filtrala

 

En el cementerio municipal existen dos espacios donde se ubican los restos de los fusilados. Una de esas partes fue rehabilitada por los familiares de las víctimas en los años 80 con sus propios fondos. Pero otra parte, una enorme fosa donde se ubican gran cantidad de estos cadáveres, ha sido uno de los caballos de batalla del Foro por la Memoria de Guadalajara. El Ayuntamiento ha desoído repetida veces las peticiones del Foro para adecuar la zona y darle reconocimiento a los fusilados. Por el contrario el Ayuntamiento emprendió medidas propias y colocó una placa que no dejó satisfecha a ninguna de la fuerzas sindicales, políticas y memorialista que reclaman el reconocimiento de las personas ejecutadas por la dictadura.

Guadalajara, una provincia azotada por la represión franquista

En el año 2010 Carlos Paramio Roca, Pedro Alberto García Bilbao y Xulio García Bilbao publicaron La represión franquista en Guadalajara. Desde ese momento esta obra se ha convertido en la referencia para valorar de una forma cuantitativa, pero también cualitativa, la dimensión de la represión en esta provincia. Este trabajo, pendiente de actualización, cifra la represión en 6.377 personas de las cuales 1.262 fueron ejecutadas (202 por causas de padecimiento en prisión). Los alcarreños represaliados por el nazismo también tienen cabida como represión franquista, pues fue la dictadura quien sentenció en realidad a aquellos militantes.

En las páginas de este libro encontramos la historia de Timoteo Mendieta Alcalá. De profesión carnicero y yesero, natural del alcarreño pueblo de Sacedón, Timoteo Mendieta fue presidente de la UGT en su localidad. En Sacedón sufrió los ataques de los sectores de derecha durante la República. Al finalizar la Guerra Civil, Timoteo fue detenido y trasladado a Guadalajara. Juzgado el 11 de septiembre de 1939, fue sentenciado a muerte. Fue fusilado el 16 de noviembre de 1939 en el Cementerio de Guadalajara.

Timoteo no es el único que está en la fosa que Servini pedía exhumar. Junto a él hay 21 personas más, de los cuales cinco son también de Sacedón. Son Eusebio Viñas Ibarra, teniente del Ejército Popular de la República, de profesión jornalero y afiliado también a la UGT; Tomás y Manuel Escamilla Rebollo, campesinos y afiliados a la JSU; Castor Mercado Molada, de profesión jornalero; Valentín Alcantarilla Mercado, también jornalero; Ciriaco Écija Buendía, de profesión labrador y militante del PCE y de la UGT; y Ángel Ardiz Gil.

Junto a estos sacedonenses también están en esa fosa el jornalero Sabas López Tomico, Antonio Sierra Olivo, Juan Martínez Vivar, Pedro Parra Toledo, Fidel Serrano Mayor, Isidoro Lozano Moreda, Isidro Expósito Delgado, Feliciado Fernández Manzanares, Tomás Vicente Lorente, Ricardo Martínez López, José Rodríguez García, Jesús Barriopedro Santamaría, Julio Verges Garcia y Martina García Alcalde. Todos ellos jornaleros, integrantes de las organizaciones del Frente Popular y fusilados entre el 16 de noviembre de 1939 y el 9 de marzo de 1940. La fosa común número 2 del cementerio dejó de utilizarse el 9 de septiembre de 1940.

La lectura que se extrae de este caso y de los acompañantes de Timoteo en la fosa es que en su mayoría eran trabajadores del campo. En el caso de Martina la profesión que se marca es “sus labores”, un genérico para los represores franquistas con el que se ocultaba su verdadero trabajo y su vinculación al movimiento obrero. Todos ellos fueron fusilados por pertenencia a organizaciones del Frente Popular en ese genérico eufemístico de “auxilio o exaltación a la rebelión”. Los rebeldes juzgando por “rebeldía” a los defensores de la legalidad.

Asunción Mendieta ha pedido verdad, justicia y reparación para Timoteo Mendieta Alcalá. Una reivindicación que se tiene que hacer extensible a todos los represalidados. El Ayuntamiento y el Juzgado de Guadalajara niega ese derecho universal contemplado en la Declaración Universal de Derecho Humanos. Las víctimas del franquismo siguen olvidadas en la fosas y las cunetas.

Uno, tan solo uno basta
como testigo irrefutable
de toda la nobleza humana.

Luis Cernuda

Juan López Páez con la foto de su abuelo Isidro Páez, asesinado en Guadalajara el 15 de julio de 1939 junto a otros 4 antifascistas, Archivo FMGU

Juan López Páez con la foto de su abuelo Isidro Páez, asesinado en Guadalajara el 15 de julio de 1939 junto a otros 4 antifascistas, Archivo FMGU

mí tengo entre las manos esa voz dormida de las víctimas mudas, de los fusilados contra la tapia de un cementerio, de los ajusticiados sin juicio previo en la cuneta de una carretera cualquiera por defender la libertad, de las viudas abandonadas a su suerte a la más gris miseria por el  embargo de sus bienes, de las hijas huérfanas, carne de trabajo barato en las grandes ciudades en casa de los señoritos.

foto amarillenta surgida de no se sabe donde viene a llenar el vacío de mis orígenes, a completar la historia personal y rescatarla de un silencio impuesto por el terror asentado en la médula de los huesos dentro de las familias, de lo que nunca se habló en la mesa.

solitaria foto aviva en mí los pocos detalles transmitidos que se salvaron del agujero negro en el pozo del miedo que sufrieron nuestros padres, supe que era carretero y que viajaba periódicamente a Valencia en compañía de su perra loba “Sola”  a comprar naranjas y nueces y comerciar por el camino.

estos días he tenido conocimiento que estaba afiliado a UGT y al PCE de Sacedón y  que después de ser fusilado el 15 de julio de 1939 en las tapias del Cementerio Civil de Guadalajara al año siguiente en 1940, la viuda Francisca Pérez Almansa y sus cuatro hijas Felisa,Carmen, Leandra y Milagros fueron embargadas por una multa de 13.000 ptas de entonces, subastaron tierras, enseres y hasta se llevaron medio cerdo!!!!!!.

el filósofo W.Benjamin que “Hay una misteriosa cita entre las generaciones pasadas y la nuestra. Se nos espera en esta tierra. “ por eso no hay mayor fosa que el olvido de los que lucharon por la libertad, !Abuelo mío, me has llenado de orgullo! no me importa donde están tus restos esparcidos en la fosa común desaparecida del Cementerio de Guadalajara porque dejaste sobre la tierra la semilla de tus nietos Juan, César y José María  con tus mismos ideales comunistas.

JUAN LÓPEZ PÁEZ

Nieto de Isidro Páez Jaramillo  Cerrada, asesinado en el Cementerio de Guadalajara el 15 de julio de 1939, junto a otros 4 antifascistas

foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com

Simpatizante del Foro por la Memoria de Guadalajara, ha fallecido en Madrid, nuestra querida amiga Paz Mendieta, una mujer menuda, dulce y valiente que siempre tuvo claro que había que honrar a las víctimas de la dictadura franquista, algo que demostró con su ejemplo.

Paz Mendieta Ibarra era natural de Sacedón, una localidad de La Alcarria rodeada de pantanos, donde nació el 24 de enero de 1928. El azar ha querido que falleciera el mismo día de su cumpleaños. 

 Sus padres eran Timoteo Medieta Alcalá y María Ibarra Valdeolivas. Timoteo fue asesinado tras un simulacro de juicio, el 16/11/1939. Es uno de los 822 republicanos que fueron pasados por las armas en el cementerio de Guadalajara, entre 1939 y 1944. Otros muchos fueron directamente “paseados” en sus pueblos, sin que tuvieran siquiera la suerte de tener un juicio.

El padre de Paz tenía una carnicería en Sacedón, aunque ejerció otros muchos oficios (albañil, jornalero). El matrimonio tuvo 8 hijos, incluyendo una niña que murió al poco de nacer.

Presidente de la UGT de Sacedón, Timoteo siempre luchó por la justicia social y por mejorar las duras condiciones de los trabajadores y jornaleros del pueblo. Por ello, los caciques y sus esbirros locales hicieron contra él y otros miembros del sindicato una dura campaña, pidiendo que la gente no fuera a comprar a su tienda, cosa que muchos hacían por miedo y la mayoría, sencillamente, porque tampoco tenían dinero.

La falta de trabajo del padre sumió a la familia en la pobreza llegando a pasarlo muy mal ya incluso antes de la guerra. Cuando tenía trabajo, cada día, antes de que el propio Timoteo saliera de trabajar como albañil, la madre iba a la obra para cobrar el jornal, y con ello poder comprar y preparar la cena de cada día. Una anécdota sirve para recordar cómo la madre a veces engañaba a sus hijos para hacerles creer que habían comido. María los peinaba, lavaba y vestía con lo mejor que tenían, los sentaba en la mesa y momentos después decía : “venga, vámonos a la calle, que ya hemos comido”, cuando en realidad nadie había probado bocado. Esta situación de necesidad era repetida en muchas casas del pueblo. Sólo una buena mujer de derechas, llamada Braulia, les ayudaba.

 La madre, convaleciente todavía de un parto muy reciente, pero consciente de lo importante del hecho, fue a votar en las elecciones del 16 de febrero del 36. Paz recordaba que allí estaban esperando los hombres de Romanones, ofreciendo una simple manta o una tableta de chocolate a cambio del voto a las derechas. Tambien tomaban buena nota de quien no aceptaba su chantaje.

 Durante la guerra, el padre de Paz fue concejal. La falta de autoridad, causada precisamente por el golpe de estado, hizo que los derechistas fueran perseguidos y fueran fusiladas varias personas de derechas en el pueblo. La mayoría eran simpatizantes de Falange o de Acción Popular, en total 18 personas, que fueron asesinadas en los primeros meses de la guerra, cuando el desorden lo permitió. Las fuerzas del orden que debían impedirlo estaban muy ocupadas en el frente, luchando contra unos golpistas. La mayoria de estos asesinatos tuvieron lugar en la plaza de toros del pueblo en el mes de agosto, junto a otros que lo fueron en el término de Auñón, donde fueron enterrados. Además en diciembre, otros 4 fueron asesinados en el asalto a la cárcel de Guadalajara. Los asesinos de estas personas consideradas de derechas fueron en su mayoría milicianos forasteros, fundamentalmente de Madrid, pero sin embargo, lo pagaron los vecinos del pueblo. Tras esta terrible matanza, el comité del Frente Popular del pueblo, del que era miembro el propio Timoteo, tomó serias medidas para evitar que se produjeran nuevos actos y éstos fueron evitados. El verdadero motivo del posterior juicio y asesinato de los republicanos del pueblo, fue otro. Fue enfrentarse al golpe militar, como figura en sus condenas, que indican claramente, por “auxilio a la rebelión”, es decir, por oponerse al golpe de Franco y sus secuaces. La Causa General, elaborada por la fiscalía franquista entre 1940 y 44 para justificar los crimenes franquistas, ni siquiera fue capaz de aportar pruebas sobre los autores de los crímenes. Tampoco le interesaba. No fue hecha para establecer la verdad, sino para justificar el exterminio de los demócratas. El texto de la Causa, se limita, como macabramente ocurre en cada pueblo y localidad de España, a enumerar los nombres de las autoridades republicanas, alcaldes, concejales, miembros del Frente Popular, que “casualmente” son acusados de cualquier delito cometido durante la guerra, tuvieran algo que ver o no. Timoteo tenía todas las papeletas para ser acusado, simplemente por ser concejal y presidente de la Casa del Pueblo de UGT. Estaba condenado previamente y sólo fue sometido a lo que podemos calificar como un “simulacro de juicio”, sin pruebas, sin garantías, sin defensa, sin justicia.

Timoteo no vivió la mayor parte de la guerra allí, pues había sido movilizado en 1937, haciendo la instrucción en el pueblo de Romanones, y pasando todo el resto del conflicto en el frente del centro. Al finalizar las hostilidades, se encontraba en el madrileño barrio de Canillas, y decidió regresar a Sacedón, cosa que tuvo que hacer caminando. Tras oir las noticias de la radio, como nos recuerda su hija Chon, decidió volver tranquilamente al pueblo: “porque les habían dado una paz honrosa, él no había matado ni robado a nadie y quería estar con sus hijos”, repetía Chon con las palabras casi exactas y archirrepetidas de la Junta casadista y que a tantos engañaron. Su esposa, María Ibarra, por su parte, decidió ir al encuentro de su marido, pero ambos no se cruzaron.

 Así estaban las cosas cuando entraron los franquistas en Sacedón, iniciándose la persecución de las familias de demócratas del pueblo. Los siete hijos de la familia, que estaban sólos, se escondieron en la cámara, mientras un grupo de vecinos y falangistas del pueblo les increpaban desde la calle. Mientras, un vecino, Florentino Gil, era asesinado en la “ronda” del pueblo, siendo la primera víctima de la “paz honrosa”. No sería la última. Gil era más conocido por el “tío montaborricas”, por usar siempre ese modo de transporte. Motivo: Fue registrado y le encontraron un carnet socialista en los calcetines. Eso bastó para ser asesinado en el acto.

 Al entrar Timoteo en el pueblo, el hijo de uno de derechas del pueblo asesinado durante la guerra por las milicias, le dijo al verle pasar:  “abajo los criminales”, dándole en el hombro, como premonición de lo que le esperaba. Traía los pies destrozados de andar. Esa misma noche, un falangista local acompañado de un militar de las fuerzas de ocupación llegó a la casa cuando todos dormían y Timoteo fue detenido y trasladado a la cárcel local. Al dia siguiente, los falangistas registraron la casa pero no encontraron nada de armas ni nada de lo que buscaban.

 Paz recuerda llevar la comida a su padre preso en la “cárcel” de Sacedón. Timoteo no comía por pena y para darle la comida a sus hijos. Paz regresaba entonces con la comida de vuelta para casa.

 El ambiente de hostilidad y la escasez en la posguerra hicieron que María, la madre de Paz, se trasladara con sus hijos a Madrid en mayo del 39. Para ello vendió una borrica y los pocos bienes que tenía y todos marcharon a casa de la abuela, en el puente de Vallecas. Dormían todos en la misma habitación. Su hermano de 11 meses era arropado en la tapa de un baúl, entre sábanas.

 Al poco tiempo, Timoteo fue trasladado a Guadalajara, donde fue juzgado. Imaginamos que como la mayoría de republicanos y antifascistas que pasaron por este trago en nuestra provincia (más de 7000), Timoteo no pudo ni hablar en su “juicio”, conoció a su “defensor” apenas media hora antes de iniciarse éste, que por supuesto, era sumarísimo. Sólo apariencia de juicio, pues en realidad sólo era un grupo de criminales disfrazados de fantoches que levantaban un acta de su crimen. Por supuesto, la condena fue a muerte. Todo, juicio y sentencia en una única vista, al modo Sumarísimo.

Al poco tiempo, María, esposa de Timoteo y madre de Paz, recibió un telegrama de su hermana desde Guadalajara diciéndole que se habían enterado de que ya era el día y le iban a fusilar. Cuando María llegó a Guadalajara era demasiado tarde, no tuvo el consuelo ni siquiera de poder hacerse cargo de su cadáver, pues ya habia sido enterrado junto a 17 compañeros más fusilados ese mismo día.

 La necesidad obligó a la madre a ir al “estraperlo”, cambiando ilegalmente porcelana por aceite o judías u otros productos. Por ello en un viaje de regreso al pueblo desde Segovia, fue detenida con unas hogazas de pan como “cuerpo del delito” y condenada a tres meses de cárcel, sumiendo a los Mendieta aún más en la desesperación, pues tuvo que pagar una multa de 3000 pesetas, un capital para la época. Para poder pagar tuvo que mal vender unas fincas, lo único que tenían. Además de ello fue rapada, como tantas mujeres “rojas”. Había que estigmatizarlas, humillarlas.

Paz recordaba siempre a los republicanos asesinados de su pueblo, – el averías, el tío Chamullo, el tío Oño, el Riolas, una lista de apodos y nombres que le atormentaba por la noche, y se despertaba, añadiendo nuevos nombres a la lista. El número total de asesinados en Sacedón en la posguerra es de 64, en un número que sólo iguala la propia capital, Guadalajara, aunque Paz, sólo recuerda a unos pocos. Su motivación no tenía ni un ápice de odio ni rencor, sólo quería transmitir lo que sabía y luchar por la justicia. Honrar a esas víctimas. Nadie ha reabierto sus heridas, pues las heridas sólo se cierran cuando son curadas.

La familia prosperó con mucha lucha de todos, y gracias a ello, han vivido y viven sin rencor y con dignidad. Paz siempre tuvo orgullo de su padre asesinado por luchar por la justicia social y la democracia y de su madre, que luchó por sacar adelante a la familia a pesar de las dificultades.

Cuando era joven, compuso una sencilla poesía que le gustaba repetir, honrando a sus sacrificados padres:

Son unos fascistas malos / no podemos olvidar / que un quince de noviembre / te sacan a fusilar / siete hijos dejaste / sin dinero y sin pan / gracias a nuestra madre / que ella supo luchar / Te sacaron de la cárcel / te subieron al camión / te llevan a Guadalajara / a darte la ejecución / Fuiste un padre muy bueno / y un marido mejor”.

Cuando volvieron al pueblo, años después de la guerra, nunca han tenido problemas con nadie, excepto algún comentario en las primeras veces. Paz quiso transmitir esto para que no se repita y para que se sepa el sufrimiento de su familia. Su madre María se puso de luto al ser su marido fusilado y ya nunca se lo quitó. Luchó siempre por su familia. 

Paz, y su hermana Ascensión, han sido las mejores luchadoras para recuperar esta memoria familiar. Cada año, el día 1 de noviembre, acuden a la tumba de su padre, al que pudieron finalmente recuperar, a poner unas flores. Durante el homenaje organizado cada año por los familiares, las dos hermanas han honrado siempre con emoción su memoria y la de todos los asesinados. El pasado 1 de noviembre, estuvimos con ellas, y asistimos a cómo descubrieron que algunas de las tumbas habían sido vandalizadas con terribles golpes, entre ellas, la de su padre. Casualmente donde decía: “muerto por defender la democracia” ha quedado la marca de un gran golpe asestado con una piedra o maza. Ahí dejaron claras sus intenciones los vándalos que cometieron el acto.

Sirvan estas palabras de recuerdo para Paz Mendieta Ibarra y de pésame para toda su familia, empezando por su querida hermana Chon.

Xulio García Bilbao

Foro por la Memoria de Guadalajara.

(Todos los datos han sido recogidos por el Foro por la Memoria de Guadalajara en varias entrevistas a las hermanas Mendieta, grabadas en 2009 en su casa de Madrid).

Paz Mendieta, durante su entrevista con el Foro por la Memoria (2009)

Timoteo Mendieta y Maria Ibarra el día de su boda.
María Ibarra con sus hijos. A la izda de la imagen Paz, y a la dcha Ascensión
Paz y Chon en el homenaje de 2010
La lápida vandalizada.
Ascensión y Paz Mendieta con María Ballesteros, hija y sobrina de fusilados tambien en Sacedón