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ANIVERSARIOS:

24-09-1936 José Fitor Cabot

24-09-1936 José Fitor Cabot

JOSÉ FITOR CABOT, (Madrid 08/05/1885,  Olmeda de Jadraque, 24/09/1936)
Maestro de La Olmeda de Jadraque (Guadalajara). Asesinado hace 80 años.

FMGU.- 24/09/2106.- Se cumplen 80 años del asesinato de José Fitor Cabot. maestro Nacional de la Olmeda de Jadraque (Guadalajara). José fue detenido ese mismo día 24 por dos conocidos guardias civiles del puesto de Imón (Guadalajara). concretamente el cabo C.N.H y el guardia A.M.B , quienes acompañaron a un grupo de falangistas Estos guardias fueron, según diversos testimonios , presuntamente los principales ejecutores de la represión contra los defensores de la legalidad republicana en la comarca de Sigüenza.

José Fitor era de origen valenciano, aunque nacido en Madrid. Estaba casado con Luz Gómez, persona tambien de gran cultura que aunque no tenía el titulo de maestra, ayudaba a José en su tarea docence. Ambos tenían cuatro hijos, José, Carlos, Pilar y Chelines, la única que vive.
En su juventud José Fitor emigró junto a sus padres a América y vivieron en Argentina, Uruguay y Estados Unidos. Cuando llegó la época de empezar sus estudios superiores, José regresó a España para cumplir su sueño de ser maestro. Tuvo muchos destinos, pero en nuestra provincia, según hemos localizado en su expediente, fue maestro en Hiendelaencina (1908) y Balbacid (1909). En 1930 es citado como maestro en la Escuela Elemental de niños de Humanes de Mohernando. Allí en compañía de su esposa montó un cuadro artístico con sus alumnos, y junto con ellos y algunos vecinos, representaron obras de teatro que hicieron las delicias de los vecinos.

Al ser trasladado a la Olmeda, José Fitor comprobó la terrible situación social y laboral en que se encontraban los campesinos de la zona y sobretodo los trabajadores de las salinas de Imón y la Olmeda, al paso del río Salado. No era una novedad seguramente para este veterano maestro el ver la condición de los campesinos, tras destinos como Hiendelaencina, donde había visto la explotación a la que eran sometidos los trabajadores de las minas de plata de esa localidad. En Imón y La Olmeda, los trabajadores de las salinas eran tratados en condiciones de semi esclavitud, con jornadas de 10 y 12 horas removiendo sal, para ganar un jornal de 3,50 ptas en 1936. Cada trabajador además, estaba obligado a sacar al menos dos quintales métricos de sal mínimo para poder cobrar. El maestro se conmovió sin duda al ver esos cuerpos semidesnudos cuyas heridas no cicatrizaban por acción de la sal. El sueldo medio de un albañil, por ejemplo, era de unas 7 ptas.
En junio de 1936, además, el pueblo sufrió una terrible tormenta de pedrisco, y los pequeños huertos y cultivos que algunos de estos trabajadores usaban como un complemento a su mermada economía, se perdieron casi totalmente. Lo que vino fue miseria y hambre. Los empleados de la salina acudierOLMEDA IMON .jpgon entonces al patrón, A.B, quien en lugar de compadecerse de su terrible desgracia, se aprovechó de la situación obligándoles a una rebaja mayor de su sueldo. La recientemente creada sección local de UGT organizó entonces una protesta pidiendo justas mejoras laborales. La misma fue disuelta a tiros por los guardias civiles, con el resultado de varios heridos, entre ellos una mujer, y numerosos detenidos. La organización de los trabajadores para reclamar derechos era algo inaceptable para los señoritos reaccionarios de la zona.

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13-07-1936 Francisco Gonzalo de Francisco

En Sigüenza, el presidente y fundador de la Casa del Pueblo de UGT, fundador de la Agrupación Socialista en Sigüenza, Francisco Gonzalo, de profesión cartero rural, recibió serias amenazas por los esbirros de los señoritos locales tras denunciar estos hechos en el semanario “Abril” de Guadalajara, de carácter de izquierdas. A la semana siguiente, el maestro José Fitor mandó una carta solidarizándose con Gonzalo, y exponiendo que él mismo estaba siendo amenazado por los caciques locales y sus esbirros en el pueblo de la Olmeda.

El 13 de julio, Francisco Gonzalo  fue asesinado a tiros por un grupo de falangistas locales. En Sigüenza puede decirse que la guerra empezó ese día.

Lo sucesos durante la mal llamada “batalla de Sigúenza” son conocidos y serán objeto de otro artículo con interesantes novedades, pero lo que sabemos de José Fitor es que se queda en el pueblo de La Olmeda, a pesar de la evacuación de la zona, y de tener conocimiento del avance de las tropas golpistas de Mola hacia Sigüenza, que iban acompañadas de una terrible maquinaria de “limpieza” de la retaguardia. Supo seguramente de la resistencia de las milicias republicanas en la Catedral, y seguramente llegó a su conocimiento los asesinatos cometidos en la retaguardia republicana. El propio sacerdote de La Olmeda, Rufino Lapastora fue asesinado en Sigüenza, hecho que José ni siquiera conoció,  pues ocurrió apenas dos días antes que su propio asesinato y lejos de su pueblo. El sacerdote llevaba años viviendo en Sigüenza y según la propia Causa General este sacerdote fue asaltado para robarte 1.500 ptas. El hecho es que José Fitor se queda en La Olmeda, pues no tenía conciencia de haber hecho absolutamente nada malo.

El 24 de septiembre, un camión con falangistas llega al pueblo buscando a varios vecinos. Les acompañan los citados guardias civiles. Por testimonio directo de una de sus hijas, la única que vive, Chelines Fitor, sabemos que Chelines se encontraba en la escuela con las otras niñas, y a través de los cristales vió como se llevaban a su padre, gritando ¡mis hijas, mis hijas! La maestra y las tres hijas de José se abrazaron llorando.

Cuando volvieron a casa, su madre y sus hermanos lloraban sin parar. Unas vecinas misericordiosas les habían llevado algo de comer. Las niñas comieron algo de sopa. Los demás no probaron bocado. La esposa de José y las hijas pasaron la noche en vela, esperando acontecimientos. Al día siguiente, casi al alba, llamaron a la puerta. Un peón caminero conocido, que vivía a cinco kilómetros, vino a darles la terrible noticia. Este hombre, todavía conmocionado, había presenciado el asesinato de José. Sus asesinos le bajaron del camión, disparándole y dejándole abandonado. Al parecer los guardias civiles impidieron que le fuera robado el reloj. El camión, con otros detenidos y la partida de ejecutores, siguió su camino de muerte. Con mucho miedo, y al oir gemidos, el caminero se acercó para comprobar que se trataba del viejo maestro, que se hallaba agonizante. El caminero pudo escuchar sus últimas palabras que usó para pedirle que entregara su cartera y su reloj ensangrentados a su viuda. En pocos minutos, José falleció. El caminero cumplió la promesa

Doña Luz, la esposa de José, siempre guardó en su corazón el triste consuelo de saber que su marido al menos no murió solo, y agradeció al peón Caminero su generosidad y valor.

Dejó a las niñas con las vecinas y se fue corriendo acompañando al caminero. Se pusieron a buscar entre la zanja y las cunetas, se adentraron en el matorral, pero no encontraron más que un rastro de sangre seca. Al parecer un camión habia pasado recogiendo los cadáveres dejados en las cunetas. Este extremo no nos consta pues el Foro por la Memoria tiene localizadas algunos lugares de enterramiento muy precisos que por cierto pondremos a disposición de la fiscalía si desea investigar estos crímenes de lesa humanidad. Los sacerdotes y otras personas asesinadas en la retaguardia republicana, fueron en su mayor parte exhumadas en la posguerra al amparo de un decreto de mayo de 1940 que obligaba al nuevo estado franquista a su exhumación. Las familias de estas víctimas recibieron si lo solicitaron, ayudas, pensiones y reconocimiento. Fueron victimas de crímenes que la propia República condenó y nunca ordenó. Pero aquellos que fueron asesinados por las tropas y voluntarios fascistas, no sólo sabemos todavía cuantos son, sino que incluso sus crímenes son todavía considerados legales e impunes.

Sirvan estas palabras de homenaje muy especialmente a su hija Chelines, y sobretodo a su nieta Pilar, gran preservadora de su memoria.

Foro por la Memoria de Guadalajara

foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com

Información extraída tras varias entrevistas con los familiares, expedientes personales de los guardias civiles, prensa y documentación de la época.

Reseña: LA REPRESIÓN SOBRE UN PUEBLO. DURÓN EN LA MEMORIA (1936-1939)

Poco a poco se va completando interesante e importantes estudios sobre la represión franquista. A las grandes obras, y dejando a un lado los debates sobre si lo que existió fue un holocausto, un genocidio o un régimen de terror, se van uniendo estudios locales donde se muestra cual fue realmente la dimensión de esa represión. Nos encontramos con pueblos donde no pasó nada durante el periodo bélico pero que tras la contienda sufrió la represión de los vencedores. Porque una cosa si que tiene que ir quedando meridianamente clara para afrontar nuevos estudios. Tras el último parte de guerra del 1 de abril de 1939, en España no se instaura la paz sino la victoria.

Uno de los pueblos que nos muestra perfectamente la labor de “limpieza” que el franquismo se propone es el guadalajareño de Durón. Y la recuperación de esta memoria se la debemos a P. Carlos Paramio y su obra Durón en la memoria (1936-1939). Carlos Paramio no es nuevo en estas lides de la recuperación de la memoria. En el año 2010 editaba la que hasta ahora es la obra más voluminosa sobre la represión en la provincia de Guadalajara: La represión franquista en Guadalajara. Esta última escrita junto a Pedro y Xulio García Bilbao, fundadores e impulsores del Foro por la Memoria de Guadalajara. En la obra sobre Durón, editada también por la editorial Silente, Paramio nos adentra en la historia de su pueblo que es también la historia de su propia familia.
Durón es un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, cercano a otros núcleos de población más importantes de la zona como Trillo, Cifuentes o Sacedón. Como casi todos los pueblos de la provincia estaban fuertemente influenciados por el caciquismo que el Conde de Romanones imponía a Guadalajara. Al proclamarse la República, Durón comenzó a atisbar algunos conatos de modernización, si bien de forma muy lenta, como en casi todos los pueblos de Castilla. En aquellos momentos comienza a desarrollarse un movimiento obrero plasmado en el desarrollo de sociedades de la Unión General de Trabajadores. También, y casi coincidiendo con las elecciones de 1936, existía en la población una pequeña agrupación de Izquierda Republicana.
Durante la Guerra Civil, Durón hizo lo que se realizó en casi todos los pueblos de la retaguardia republicana. El Ayuntamiento o Consejo Municipal lo detentó las organizaciones existentes del Frente Popular, se desarrollaron colectivizaciones, se gestionó directamente la sociedad y la economía, etc. Inexistentes fueron los casos de represión en aquellos momentos (tan solo unos casos y donde no existía responsabilidad de gente del pueblo) e incluso se cuidaron de que no existiese una destrucción de su patrimonio artístico. Incluso a pesar de la cercanía de las zonas de conflicto en la provincia de Guadalajara, Durón solo representó un lugar de refugio para decenas de personas que huían del terror.
Razones había de sobra para que nadie temiese que les sucediese algo tras el conflicto bélico. Pero Carlos Paramio nos muestra bien que tras la Guerra Civil el pueblo sufrió una terrible represión. No solo por el encarcelamiento y ejecución de algunos de sus vecinos. Sino por la imposición del miedo que el régimen franquista desarrolla. Los casos que plasma Carlos, perfectamente sostenido por documentación que reproduce en la obra, muestra hasta que punto la vesania del fascismo se impone.
Sin embargo, hasta hace poco, el pueblo de Durón todavía tenía placas conmemorativas para “los caídos por Dios y por España”. Placas que se reproducen en decenas de pueblos de la provincia de Guadalajara. Por el contrario, para las victimas republicanas, solo les cubre un manto de olvido, que hacen que obras como las de Carlos Paramio sean de enorme trascendencia e importancia.
Sin embargo todavía nos queda por pulir algunas cosas. No solo han sido cuatro décadas de represión en España. Han sido también tres décadas largas de desmemorias y de lugares comunes, que en muchas ocasiones nos hacen generalizar cuestiones que no dejaron de ser anécdotas o excepciones. Por la obra de Carlos conocemos como el desarrollo de las organizaciones del Frente Popular en Durón fue tardío. A excepción de la Casa del Pueblo, poco más existió en Durón hasta el inicio de la Guerra. Con la guerra se desarrollan estructuras hasta entonces desconocidas. Surge el PCE, encabezado por la mayoría de estos ugetista, y la CNT, la otra gran organización sindical de la España republicana. Y es en este aspecto donde el libro de Paramio establece conclusiones generales a partir de aspectos particulares del pueblo, lo que puede incitar a la confusión y a la deformación de una historia ya de por sí trágica.
No se nos oculta que en la retaguardia republicana quedaron muchos elementos partidarios del golpe de Estado. Falangistas, derechistas que se valieron de las propias organizaciones frentepopulistas y que tras la guerra actuaron como delatores. La Quinta Columna estaba organizada y muchos de sus integrantes tenían carné de diversas organizaciones de izquierda.      En el pueblo de Durón, la CNT fue fundada por elementos derechistas, que tras la Guerra actuaron como chivatos y agentes del franquismo.
Pero esta cuestión no nos puede llevar a afirmar, como hace Carlos en el libro, que si se produjo esta situación fue por una política de puertas abiertas de la CNT y por una visceralidad anticomunista (como se afirma también en algunas otras). Estas afirmaciones categóricas caen por su propio peso cuando investigamos la propia historia del movimiento libertario. Y ante ellos podemos considerar algunas cuestiones:
A la CNT no le hacía falta una política de puertas abiertas para afianzar sus estructuras, pues era el sindicato mejor establecido en España, y que antes de la Guerra aglutinaba a casi 1500000 de trabajadores. Quizá otras organizaciones podrían haber optado más por ella, pues las estructuras sindicales estaban plenamente establecidas en España.
Durante la Guerra Civil la CNT, a través de sus plenos y comicios (se pueden consultar en los diversos archivos del movimiento obrero) se dotó de mecanismo para intentar evitar la infiltración en sus filas. Por ejemplo se establecieron dos tipos de carnet: uno color marrón, que era el de toda la vida de la organización, y otro rojinegro que se le daba a todos aquellos que se afiliaron tras julio de 1936. Una política de seguridad para tener controlados a los nuevos afiliados. Igualmente un acuerdo organizativo establecía que solo podrían tomar cargos en la organización aquellos militantes que tuviesen una antigüedad, como mínimo, tres meses anterior al golpe de Estado. Solo en casos contados no se cumplió este punto.
Decir que la CNT afiliada a derechistas por visceralidad anticomunista es como decir que el PCE lo hacía por visceralidad antianarquista. Ambas afirmaciones que no se sostienen.

    Quiso la casualidad que en Durón un derechista desarrollará (muy tardíamente) las estructuras de la CNT. Y que se valió de ella para coger cargos de responsabilidad y luego actuar conforme a sus ideas al finalizar la Guerra. Pero esa política de infiltrados en diversas organizaciones no fue exclusiva de la CNT. Tres ejemplos:
En la ciudad de Alcalá de Henares, la mayoría de los derechistas y quintacolumnistas que se presentaron como tal a la finalización del conflicto, habían estado afiliados a la UGT.
Uno de los delatores de más renombre en este país fue Roberto Conesa, después “supercomisario”, que estuvo afiliado a las JSU durante la Guerra Civil en Madrid.
La mayoría de los derechistas en Aragón se afiliaron al PCE, por la sencilla razón de que este partido defendía la propiedad frente a la política de colectivización animada por la CNT (y también por la UGT)

    La conclusión es que no se pueden establecer categorías, conclusiones tan tajantes sobre lo que sucedió. No existió una política de puertas abiertas en la CNT. No fue la organización de los quintacolumnistas.

    Aun con todo estamos ante una obra de investigación seria, trabajada, en la línea de cómo se tiene que investigar. El caso de Durón es un ejemplo más de lo que sucedió en España en la larga noche de la dictadura. Felicitar a Silente por el trabajado de edición, al Foro por la Memoria de Guadalajara por dar cobertura a estos hechos, y a Carlos por su trabajo de investigación animando a seguir por esta línea. Recomiendo comprar y leer el libro. Todavía quedan muchos “Durones” que recordar.

Julián Vadillo Muñoz

Al comenzar el siglo XX, la Unión General de Trabajadores ya tenía un número significativo de afiliados en Guadalajara. En 1904 varias sociedades obreras convinieron en organizar la Federación Obrera Local, compuesta en esa fecha por las sociedades de Panaderos, Albañiles, Carpinteros , Agricultores, Herreros, Pastores y Pintores [1]. Ese mismo año abrieron su primera sede conjunta o Casa del Pueblo. Los trabajadores de Guadalajara tenían necesidad de un espacio propio, no tan solo para tareas políticas, administrativas y sindicales, sino para poder llevar a cabo además otras actividades que contribuyeran a aumentar su conciencia de clase, para adquirir una cultura de la que carecían y desarrollar su potencial creativo, como contrapeso a una sociedad que les ofertaba un ocio de poco más que toros, tabaco y taberna

Primera sede en la plaza de Santa María

El acto de apertura de la Casa del Pueblo tuvo lugar tras la manifestación del Primero de Mayo de 1904 [2], en el número ocho de la plaza de Santa Maria. Un año mas tarde, la Federación de Sociedades Obreras de Guadalajara, creó su primer Comité local, presidido por Fernando Relaño y su propio órgano de prensa, La Alcarria ObreraPeriódico quincenal defensor de los intereses obreros, como rezaba su subtítulo, en abril de 1906 [3].

En noviembre de 1907 dieron comienzo las primeras clases nocturnas. La celebración de conferencias era frecuente, con oradores no siempre socialistas. Contaba este Centro con biblioteca, un Orfeón, una Sociedad Varia Filarmónica y un Cuadro artístico teatral. Cuando se pormovió la idea de crear una Universidad Popular en Guadalajara, la Federación de Sociedades Obreras ofreció sus locales para la misma.

Traslado a la plaza de Santo Domingo

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La Casa del Pueblo en 1926. Foto: Goñi.

En 1912, la UGT adquirió en propiedad un edificio viejo lindante con la plaza de Marlasca (hoy Santo Domingo) por 5.500 pts. Tras su demolición, con otras 12.000 pts, pudieron levantar al menos las paredes de una casa con cuatro fachadas y cubrir aguas [4]. Los trabajos los llevaron adelante los propios obreros asociados, no sin dificultades por la persistente inundación de las zanjas de cimentación [5].

En abril de 1915, las Sociedades Obreras de Guadalajara decidieron reanudar las obras para poder utilizar por lo menos lo ya habían construido. En agosto ya se habían terminado esta habilitación, habiendo gastado en total hasta entonces unas 38.000 pts. Las obras fueron dirigidas por el albañil Isidoro Fernández y por Luis Ranz, carpintero, natural de Fuencemillan, afincado en Guadalajara, pero cuyos años mozos transcurrieron en Madrid, donde formó parte del núcleo inicial del PSOE. La superficie de la Casa era de 363 metros cuadrados. Podemos tener una idea del edificio por la descripción que El Socialista hacia del mismo en esos días [6]:

La parte terminada está distribuida entre un hermoso vestíbulo, con el piso de mosaico; a la izquierda la Cooperativa con un gran sótano; a la derecha la escuela, salón café, habitaciones para el conserje, la biblioteca, una secretaría, retretes a la moderna, etc (…) La Casa posee también una hermosa terraza, y su solidez está garantizada, pues todo el edificio es de hierro y ladrillo, estando dotado de agua caliente, lo que hará que sea sumamente higiénico el nuevo local de los obreros alcarreños.

Posteriormente se añadieron nuevas plantas y dependencias al edificio.

El 5 de septiembre de 1915, la Casa del Pueblo de Guadalajara fue inaugurada por Pablo Iglesias, quien pronunció una conferencia en el Teatro Principal en la que expuso el ideario socialista [7 ]. No le era ajena la ciudad a este dirigente obrero, pues en ella le habían dado hospitalidad sus compañeros de la agrupación socialista de Guadalajara, Julián Fernández Alonso, Enrique Burgos y Alfonso Martín, entre otros, en el ya lejano año de 1882, cuando su salud se había resentido, por la huelga de tipógrafos y el Congreso de constitución de la Federación Tipográfica, y tuvo que buscar un lugar de descanso.

En 1925, otro dirigente socialista, Julián Besteiro, vino a Guadalajara para inaugurar la Biblioteca del Centro Obrero, que se había constituido con aportaciones de particulares y donaciones del Ayuntamiento y la Diputación provincial. Pero en esta ocasión no hubo conferencia, pues el Directorio de Primo de Rivera solo consentía la actividad socialista hasta un límite [8].

En un artículo publicado en el diario madrileño La Libertad (18 de marzo de1928), Juan José Morato, decía lo siguiente sobre la actividad que se desarrollaba en el Centro de Guadalajara:

Una magnífica Casa del Pueblo, toda luz, blancura, limpieza, amplitud, comenzando por el vestíbulo y por la escalera majestuosa. Una Casa del Pueblo donde se albergan Albañiles, Carpinteros, Agricultores, Constructores de Carruajes, Oficios Varios, Metalúrgicos, Dependientes de Teatro, Camareros, Panaderos, Vaqueros, Dependientes de Comercio, Unión Automovilística, Tejeros, Tipógrafos, el Arte del Vestido (organismo femenino), Repartidores de pan, Agrupación Socialista, y también -hecho ejemplar- un grupo llamado de Profesiones liberales, mas una Deportiva Obrera y un grupo artístico. En total 1.065 afiliados […] Hay en él [edificio] una buena biblioteca, un excelente gimnasio y un salón donde hay un piano para la enseñanza- a más del recreo-, mesas de escribir y maniquíes con trajecitos de papel para la enseñanza de corte y confección.

La Casa del Pueblo de Guadalajara cumplió la tarea para la que había sido creada, en una sociedad que negaba de hecho el acceso a la cultura, la educación física, la realización de actividades artísticas, a los obreros. En 1939, ocupada por el bando vencedor y dedicada a otros menesteres.

Enrique Alejandre Torija. Autor de “El movimiento obrero en Guadalajara”

Referencias

[1] Acción Socialista, 26 de diciembre de 1914.

[2] La Crónica (Guadalajara), 9 de mayo de 1904.

[3] Calero Delso, Juan Pablo (2008) Elite y clase : un siglo de Guadalajara (1833-1930). Guadalajara : Diputación Provincial., p. 454.

[4] El Socialista, 4 de septiembre de 1915.

[5] Serrano Rojo, Modesta Soledad (1990). Los movimientos obreros en Guadalajara: historia comentarios y reflexiones. Guadalajara : Edición de la autora, 1990, p. 51 y 52.

[6] Ibídem.

[7] Alejandre Torija, Enrique. El movimiento obrero en Guadalajara. 1868-1939. Madrid : Fundación Federico Engels, 2008, p. 168.

[8] Ibídem, 179.

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Epílogo:

Tras la Guerra Civil, el patrimonio de los sindicatos fue expoliado, y así ocurrió con la Casa del Pueblo de Guadalajara, que pasó a manos de los sindicatos verticales franquístas.

Recuperada la democracia, a comienzo de los años ochenta la UGT recuperó este edificio. La recuperación llegó, pero ya no fue en régimen de patrimonio sindical acumulado sino como patrimonio cultural, pasando este a manos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha al asumir esta las transferencias en dicha materia.

El 1 de marzo de 2011, UGT cambió su sede a la quinta planta del edificio “Europa”, situado en la avenida del Ocio nº4, al otro lado de la A-2, donde el sindicato sigue ofreciendo los servicios que venía prestando. El edificio histórico, construído por los obreros de Guadalajara, fue derribado el 6 de julio de 2011 (ver fotos).  Se levantará uno nuevo en el mismo espacio, con el que UGT pretende “volver a ser lo que fue en su día el sindicato, la Casa del Pueblo de todos los guadalajareños, ofertando algunos servicios que se habían perdido por el camino, pero adaptados a los tiempos actuales”, según quiere poner de manifiesto el secretario de Organización y Comunicación de UGT en Guadalajara, Alejandro Barco Solá.

Como encargado de dirigir la mudanza, Barco Solá ha reconocido que para algunos trabajadores ha resultado “duro y doloroso” abandonar un edificio en el que habían pasado toda su vida laboral, pero asegura que se ha llevado a cabo con total normalidad, agradeciendo a todos los trabajadores la colaboración prestada.

Foro por la Memoria de Guadalajara

La Casa del Pueblo derribada el 6 de julio de 2011. Foto Foro por la Memoria de Guadalajara

La Casa del Pueblo durante su demolicion Foto- Foro por la Memoria de Guadalajara