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Ha fallecido Gregorio Escolano, capitán republicano.

Natural de Alcolea, era uno de los últimos oficiales republicanos que quedaban con vida en Guadalajara,

Diploma a Escolanop

El ex capitán Gregorio Escolano, cuando recibió un homenaje del Foro por la Memoria en 2013, posa acompañado de sus familiares. FMGU

Guadalajara, 26/04/2017.- Ha fallecido el veterano republicano Gregorio Escolano García, natural de Alcolea del Pinar (Guadalajara) a la edad de 101 años. Gregorio fue capitán del Ejercito Popular Regular (EPR) de la República, y un hombre lúcido y valiente durante toda su vida. Que la tierra le sea leve. Siempre le recordaremos.

En enero de 2013, a la edad de 97 años, el Foro por la Memoria de Guadalajara le hicimos un sencillo homenaje como forma de reconocimiento. consistente en la entrega de una placa con la medalla de la Libertad, En aquel momento era la segunda que entregábamos, y hasta el momento hemos entregado cerca de 50 placas. El Foro por la Memoria pretende con estos actos de entrega dar una llamada de atención a las instituciones democráticas sobre la necesidad de un reconocimiento institucional a estos veteranos que incluya, entre otras cosas, la anulación de sus sentencias condenatorias, totalmente legales todavía en la España de 2017, algo indignante en una democracia.

El ex capitán republicano Gregorio Escolano García era natural de Alcolea del Pinar. Gregorio fue militante en su juventud de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña.

Gregorio nació en 1916 y era estudiante de farmacia antes de la guerra, pero como miles de jóvenes tuvo que dejar los estudios por culpa del conflicto, cuyo inicio le sorprendió de vacaciones en su pueblo.

El padre de su novia (quien luego sería su suegro), era el alcalde de Alcolea del Pinar, Faustino Clemente Alda, por Izquierda Republicana, dueño en la localidad de un garaje y taller de automóviles.

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Faustino Clemente, alcalde de Alcolea del Pinar, de Izquierda Republicana.

La tranquilidad en Alcolea era total antes de la guerra, y hasta había un casino republicano al que acudían personas de toda ideología y condición.

 

Durante los primeros días no hubo apenas movimiento en el pueblo, pero ante la alarma creada por el golpe, se constituyó en Alcolea un comité de defensa por miembros del Frente Popular, y se estableció comunicación continua con el gobernador Miguel Benavides, para informarle de cualquier movimiento que allí ocurriera. Alcolea, era junto a Guadalajara y Sigüenza, una de las tres localidades de la provincia que tenía teléfono público, y estas comunicaciones con la capital eran decisivas en esos confusos momentos. Poco a poco se fue viendo pasar a refugiados y el día 23 de julio se presentó en el pueblo el diputado de Unión Republicana por Soria, Benito Artigas Arpón, huído de esta provincia tras el golpe y múltiples visicitudes, quien les comunicó lo ocurrido en la vecina provincia, y siguió su camino hacia Madrid, donde constituyó el batallón Numancia.

El día 24 de julio, el anarquista Cipriano Mera llegó al pueblo, acompañado de varios autos, y con más de 60 hombres, dejando un grupo de sus seguidores allí y regresando a Madrid para pedir refuerzos.

Gregorio recordaba que Mera y sus hombres no establecieron allí ningún tipo de defensa, aunque sí se reunieron con el alcalde.

También, hecho que disgusta profundamente a Gregorio, como que requisaron jamones y comida o destruyeron las imágenes religiosas que había en la iglesia, que fue quemada el 26 de julio. Gregorio recuerda que pensó en ese momento que sin duda las culpas de esto último caerían sobre los vecinos del pueblo, como así fue efectivamente. También supieron por un caminero del hallazgo de un sacerdote muerto en la carretera cerca de Estríegana, que luego resulto ser el obispo. El peón caminero que lo encontró, Indalecio Jaraba, fue tras la guerra condenado y torturado, aunque él nada tuvo que ver con la muerte del obispo. Gregorio comenta que este caminero fue tan maltratado que intentó suicidarse en la Prisión, valiéndose de una lata de sardinas. Algunas noches veían pasar un coche negro, “el coche de la muerte”, le llamaron. Era un coche que patrullaba los pueblos. No obstante, el propio Mera reprobaba estos sucesos, como demuestra en una entrevista realizada en 1974 por el periodista Vicente Talón (Publicado en su libro “Luchamos por la República”. Grafite Ediciones (2006).

Gregorio afirmaba que la mayoría de estos milicianos ni siquiera pasaban la noche en el pueblo, yendo y viniendo, con lo que resultaba difícil saber a qué columna o grupo pertenecían. A la mayoría él los califica como simples ladrones. Tras el primer indicio de que las tropas sublevadas se hallaban próximas, todos se marcharon rápidamente, recuerda Gregorio.

A los pocos días la práctica totalidad de los vecinos de Alcolea evacuan el pueblo el día 1 de agosto, entrando las tropas rebeldes finalmente el día 3 de agosto. Allí ya les esperaba un enlace del puesto local de la Guardia Civil, que hacía tiempo estaba en conexión con los rebeldes.

Al llegar a Guadalajara capital en guerra, Gregorio recordaba una ciudad en ebullición por la guerra, con gente y soldados de acá para allá, pero tranquila y sin altercados. Gregorio decidió entonces presentarse voluntario en Guadalajara, alistándose en el batallón Marlasca, llamado así por el militar liberal José Marlasca. Este batallón, fue promovido entre otros, por Marcelino Martín, ex alcalde socialista de Guadalajara, contaba con gente de todas las adscripciones políticas.

El batallón Marlasca se situó en Cifuentes y allí pasó un tiempo Gregorio, aunque se encontraba de permiso en Guadalajara el fatídico día 6 de diciembre de 1936, en que la ciudad fue salvajemente bombardeada por la aviación nazi, muriendo al menos una treintena de personas y causando centenares de heridos entre la población civil, produciéndose a continuación el terrible asalto a la cárcel de Guadalajara en el que centenares de personas de derechas y religiosos fueron asesinados por una multitud enfurecida, sin que ninguna autoridad pudiera evitarlo. Gregorio nada tuvo que ver con estos hechos, porque el bombardeo le hizo quedarse escondido y aterrorizado en su casa en la calle Ingeniero Mariño, pero siempre condenó estos hechos injustificables.

En enero de 1937, y respondiendo al decreto de militarización de las milicias y creación del Ejército Popular Regular (EPR) de la República, el Batallón Marlasca, situado en Cifuentes. pasó a llamarse batallón 286 (Marlasca) y junto a los números 287 (Alto Aragón) y 288 (Zaragoza), de las Milicias Aragonesas, formó la 72 Brigada Mixta del nuevo IV Cuerpo de Ejército Republicano.

En un principio, Gregorio, al tener estudios superiores y ser estudiante de farmacia, fue asignado alférez y destinado a oficinas, para realizar papeleo. Posteriormente ascendió a teniente, y finalmente a capitán.

Durante la batalla de Guadalajara, la 72 BM estaba en la finca “el Picaño” en el municipio de Torremocha del Campo, aunque próxima a Cifuentes. Les ordenaron avanzar por el carrascal de Brihuega y el 20 de marzo tomaron Masegoso. Recuerda que al registrar el pueblo, encontraron una veintena de fascistas italianos escondidos en tinajas en una de las casonas de la localidad. Un soldado republicano murió en un accidente en el río Tajuña, al volcarse una barca puesta por los pontoneros, y ese fue el primer muerto de Gregorio vió en su vida. Desde luego no sería el último.

Posteriormente, en junio de 1937, la Brigada fue trasladada al Huesca y separada en dos: por una parte, con el primer batallón, y añadiendo mozos recién reclutados de las quintas del 32 al 35, se creó en Villena la 102 Brigada Mixta (BM), mientras que el segundo batallón, al que pertenecía Gregorio, conservó la numeración de 72 BM.

Su brigada fue una de las que quedó aislada en el valle de Arán, con la 43 División, en la famosa “bolsa de Bielsa” teniendo que pasar por Francia para regresar a zona republicana.

Durante la llamada batalla de Sabiñánigo, Gregorio, ya teniente, fue herido en un hombro en la localidad de Biescas. Se encontraba hablando con los otros tenientes de su batallón, y cometieron el error de fumar, lo que indicó su posición a un tirador enemigo.

En febrero de 1938, estando toda la 72BM en Segorbe acuartelada sobre un cerro, se produjo un terrible bombardeo fascista, el más salvaje que Gregorio recordaba. Afortunadamente, dada la orografía de la localidad aragonesa, la mayor parte de las bombas caían fuera del cerro, produciéndose muchos destrozos, pero pocas víctimas.

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Gregorio Escolano, con uniforme de capitán, en 1938.

Gregorio sufrió un verdadero calvario para ser evacuado, primero hacia Molino Escartín (Huesca), en mula, un suplicio para alguien herido como él. En esta localidad estaba la ambulancia. Desde allí a Boltaña donde recibió las primeras y dolorosas curas, pues allí estaba el Hospital de Sangre, y desde allí a Barbastro en donde cuando se juntaron suficientes heridos para llenar un tren, fue evacuado a Barcelona. La herida no era mortal, pero tardó muchísimo en poder mover la mano.

Tras unos meses de rehabilitación se incorporó al Cuadro Eventual en espera de un nuevo destino cuya espera hizo en Tárrega. Con objeto de estar cerca de su novia, y ver a su hermano también herido como él, Gregorio había solicitado el destino al Ejército del Centro, pero no le fue concedido, siendo en su lugar, incorporado al Ejército de Levante. Para pasar desde Cataluña a Valencia tuvo que hacerlo en barco pesquero camuflado pues ya se había producido el corte de la zona republicana en Vinaroz. El 25 de septiembre fue ascendido a capitán, tal y como fue publicado en el Boletín Oficial, aunque su antigüedad era del mes de abril.

Allí pasó el resto de la contienda cuyo final le pilló en la zona de Castellón, donde se hallaba la compañía que mandaba Gregorio, cuyas órdenes hasta entonces no habían sido fortificar y prepararse. Para ello, los ingenieros militares habían construído una red de fortines de cemento armado y en cada uno de ellos se instalaron dos nidos de ametralladoras, que se cruzaban para mejor cubrir el terreno.

El 29 de marzo de 1939 se presentó en su posición un enlace motorizado informándole de la rendición y que tenía “que dejar allí mismo el armamento porque la guerra había terminado”.

Gregorio siempre opinó sobre lo ocurrido entonces. “a mí no me han vencido” pues su posición nunca fue conquistada. Se vió obligado a rendirse y presentarse en Valencia. Al llegar a Valencia, Con el fin de ocultarse frente al lugar donde estaban siendo recluidos los presos, Gregorio prudentemente tomó habitación en una pensión que conocía, justo enfrente de la plaza de toros. Allí se puso ropas de paisano y esperó. Recuerda que no hacían más que entrar presos y más presos en la plaza de toros y pensó ¿Es esta la paz que nos habían prometido? Por eso Gregorio consideraba que “si Franco fue un traidor, el coronel Casado no lo fue menos”.

Se mantuvo en la pensión viviendo sin salir, pero observando todo, durante 18 días. Con el último dinero que le quedaba, pudo coger un tren a Madrid, eludiendo los controles de documentación. A su llegada a la estación de Atocha, recuerda encontrarse con alguien del pueblo, Saturnino Tejedor, veterinario y miembro del PCE, quien se hallaba como él perdido y desesperado. Tomando un tren a Guadalajara y un autobús a Alcolea, se presentó en su casa el 20 de abril de 1939, a las cuatro de la tarde. Inmediatamente le dijeron que tenía que presentarse ante la Guardia Civil. Una vez allí él explicó su situación y todo lo que le había pasado en la guerra, sin ocultar nada, como el hecho de que había sido capitán, pues nada tenía que ocultar. Nada más terminar su relato, fue conducido a la improvisada cárcel del pueblo, que se había instalado casualmente, en la tienda de su suegro.

El médico local, don Saturnino, le exploró y reconoció físicamente y se inventó una argucia para que pudiera dormir en su casa. Dijo a los guardias que Gregorio que tenía fiebre, cosa que era mentira, y gracias a eso pudo dormir en su cama aquella primera noche. Lamentablemente, la segunda noche volvió al improvisado calabozo.

Estando allí, trajeron a otro preso, absolutamente destrozado por una paliza. Era alguien apodado “el ternillas”, un pastor proviniente de la localidad de Hortezuela de Océn y al que apenas pudo reconocer, por el estado en que venía. El médico recomendó el inmediato traslado de esta persona a Sigüenza, donde murió al día siguiente. Hortezuela es uno de esos pueblos, donde no había pasado absolutamente nada, como hasta la propia Causa General franquista reconocía en sus informes.

Tras tres días en el calabozo en los que hasta su familia le traía la comida, fue trasladado a la Prisión Central de Guadalajara, donde ingresó el día 24 de abril de 1939. En el trayecto en camión hacia Guadalajara, recuerda cruzarse con otro camión que trasladaba a 12 presos a Alcolea. Cuando llegó a la Prisión Central de Guadalajara, pudo comprobar las duras condiciones de hacinamiento y el terror de las “sacas” de presos condenados con pena de muerte. Celdas que estaban preparadas para dos personas, albergaban a 10 o 12. Dormitorios atestados de presos y comida infecta. Allí convivió en la misma celda con Mariano Almendros y Francisco Lacerda, primeros fusilados de la ciudad, la noche del 30 de abril.

Gregorio recordaba que en el polígono del Balconcillo había un campo de concentración con cientos de presos de toda la provincia, donde eran clasificados y distribuídos en tres sitios. Prisión Central, prisión militar de la calle Martín Puebla, donde llevaban a los de más edad y condenados a muerte, y Convento del Carmen. Las mujeres primero estuvieron en un patio de la Central para luego ser llevadas al colegio de las Francesas. Él las recuerda, rapadas, pues se veía parte de su patio desde su celda.

Fue pasando el tiempo, y Gregorio recordaba vívidamente el  terror con el que los presos vivían las noches. Pronto aprendió a distinguir si una noche había “saca” de presos para fusilar. Cuando la noche era normal es decir, sin “interrupciones” molestas, las luces se apagaban por un interruptor general y todos dormían tranquilos. Pero si esa noche se iba a proceder a la ejecución de presos, las celdas eran apagadas una a una, individualmente, quedando sólo encendidas aquellas donde estaban algunos de los elegidos. Recuerda también la llegada del contingente con los alcaldes y otras autoridades republicanas que fueron capturados en Alicante y con ellos, a don Marcelino Martín. Recuerda también cómo un grupo de falangistas locales subían a la Prisión y pedían determinados presos, a los que daban terribles palizas impunemente. Los elegidos volvían o los traían siempre ensangrentados tras la paliza.

El día 1 de agosto se produjo el “juicio” o mejor, simulacro de juicio de Gregorio Escolano. Tuvo lugar en el palacio de la Diputación. Allí mismo, en el pasillo, conoció a su defensor, un militar. La acusación contra él era por supuesto, de ser “elemento destacado de izquierdas” y haber sido capitán, pero también hubo una argucia para intentar elevar la pena. Se le acusó de “pasarse al campo enemigo” , es decir, algo parecido a una deserción del ejército. Gregorio adujo que él nunca había estado en el ejército rebelde, con lo que nunca pudo huir de él. En todo caso, pasó a su propia zona. Con ello logró escapar de la Pena de Muerte, y fue condenado a 30 años de cárcel por “adhesión a la rebelión”. Además tuvo que pagar 7500 pesetas, tras ser condenado por el Tribunal de Responsabilidades Políticas. Un capital en esa época y que por supuesto Gregorio no tenía.

El día 1 de enero de 1940, en compañía de otros 120 presos de Guadalajara Gregorio fue traslado a Burgos. Antes, pasó unos días en lo que se llamaba “transeúntes” que era un campo de presos instalado en un colegio Marista en la Ronda de Atocha. Llegaron a Burgos el día 18 de enero, donde Gregorio estuvo en la farmacia penitenciaria. Tras un periodo en Burgos, fue trasladado de nuevo a Madrid, al laboratorio y farmacia penitenciaria de la cárcel de Yeserías, donde gracias a una revisión de condena salió en enero de 1942. El régimen no podía sostener ya un sistema penitenciario con casi 200.000 presos y se decidió a liberar a muchos de ellos. Al salir, Gregorio Escolano no sabía que le esperaba un calvario aún mayor.

muchos otros combatientes republicanos pertenecientes a las quintas del 35 y del 36, “la quinta del biberón”, al salir de la cárcel, fue reclamado para cumplir con el servicio militar. Es curioso para alguien después de tres años de guerra, habiendo incluso alcanzado el grado de capitán.

Como ex preso, tuvo además que hacerlo en un batallón penal de trabajadores. En septiembre del 42 fue movilizado y enviado a Algeciras (Cádiz), al 95 Batallón de Soldados Trabajadores (penados), encargado de las obras de reconstrucción de la vía del ferrocarril Algeciras-Málaga, para cual, en régimen de esclavitud, sus componentes eran obligados a trabajar en una cantera donde tras cuartear la piedra debía transportarla y picarla con mazas y porrillos de cantero para ponerla en las vías del ferrocarril. Gregorio estuvo haciendo estas tareas, entre otros sitios, en la estación de Málaga y también en la Almoraima. Como la zona donde estaban es montañosa, había movimiento de guerrilleros en los alrededores. Un día, en agosto de 1944, los barracones donde dormían, y sin saber por qué, aparecieron rodeados por soldados de Regulares que les hicieron salir para formar, encañonándoles. Gregorio supo luego que una patrulla de la Guardia Civil había tenido un “encontronazo” con la guerrilla y eso les hizo tomar estas medidas, en prevención de que hubieran contactado con los presos y estos se les unieran. El caso es que el grueso del batallón fue trasladado dos meses después a Collado Mediano (Madrid), donde las condiciones para todos mejoraron algo aunque seguían trabajando en canteras. Estando allí le ocurrió algo digno de mencionar.

Un día le dicen a Gregorio que se presente ante el comandante del batallón, de nombre Román Alonso Burilla, quien le pregunta si sabe poner inyecciones. Al parecer, a este comandante le estaban poniendo un tratamiento y le faltaba una inyección para terminarlo. Gregorio dijo que él había sido estudiante de farmacia hacía diez años, pero que nunca había puesto ninguna. El comandante le dijo que le obligaba a que se la pusiera. En ese momento Gregorio recordó a un preso en el penal de Burgos que se equivocó en el botiquín poniéndole un colirio a un guardián, y había sido severamente castigado. El caso es que le puso la inyección como pudo y tras ello el comandante le dijo. – En la puta vida me han puesto tan bien una inyección, te concedo un permiso. Pero los soldados de batallones penales como él sólo podían gozar de un permiso durante todo el tiempo de servicio militar, y Gregorio ya había usado el suyo, para ir al entierro de la madre de su mujer. Continuando la conversación con el comandante, este le preguntó que de donde era. Y al responder, que era de Alcolea del Pinar, el comandante, que era de caballería, le dijo que había estado allí durante la guerra y le contó que había entrado en Alcolea con su escuadrón y tras preguntar por la casa del alcalde, pues sabían que tenía el granero lleno, comenzaron a desvalijar el granero con 30000 kg de trigo. El comandante subió al granero, donde encontró un par de miles de kg de cebada, que rápidamente usó para sus caballos. El comentario del comandante fue: “gracias a esa cebada, tuve los caballos salvados”. Gregorio, que no le dijo que el alcalde era su suegro, pensó en ese momento: “salvados si, pero no pagado” (se refería a la cebada).

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Gregorio Escolano, (fila de arriba, 3º dcha) con los médicos del botiquín y farmacia del penal de Burgos (1942)

Escolano fue puesto en libertad en mayo de 1945. Recuerda la sensación de salir de una cárcel pequeña a otra mayor, toda España, porque una vez en la calle no había trabajo para los vencidos, ni posibilidades de prosperar pues estaban vetados todos los puestos de responsabilidad para personas como él.

Escolano siempre creyó necesario desmentir una falsedad. Primero nos aclara:

– Yo no soy ni he sido comunista, El comunismo no me entra en la cabeza. Pero cuando los franquistas dicen: hemos derrotado al comunismo, están mintiendo”. Gregorio recuerda que “Rusia fue uno de los pocos países que ayudaron a la República y por eso muchos se afiliaron y el PCE creció”

Gregorio sin embargo opina que en esas brigadas comunistas, como las de Líster, Modesto, etc, “había verdaderos luchadores. Todo ese miedo al comunismo en España es fruto de la propaganda. Aquí no había comunismo ni peligro tenerlo. Los comunistas tuvieron un diputado en 1931, Balbontín, y unos pocos en el 36, pero nada había que temer.”

Gregorio cree que la transición hizo un gran olvido de los combatientes y ex presos republicanos y por eso critica la ley de amnistía, comentando: “¿A mí de que me tenían que amnistiar, si no he hecho nada?” Igual enfado le produce la llamada Ley de Memoria Histórica, pues no ha sido capaz de anular las sentencias de los republicanos condenados, que a fecha de hoy, siguen teniendo valor legal.

-“A mí nunca me han vencido”, repite Gregorio Escolano. – “A nosotros no nos vencieron, nos entregaron, nos engañaron”, comenta, pues el alto mando les ordenó a rendirse. Nunca pensó que le iba a pasar todo lo que pasó. “y no hice nada malo, sólo defender a mi gobierno”. Y añade:

-“Nunca tomaron Madrid, se pasearon por Madrid”. Gregorio siempre creyó que había que haber seguido los combates, porque la 2ª guerra mundial estaba cerca. Gregorio opina que la guerra se perdió en las cancillerías europeas y por el cierre de fronteras a material bélico para la República. “A Madrid no entraron conquistándola, no pudieron, ni por el Guadarrama, ni por el Jarama, ni por Guadalajara, con tanto ejército como tenían, cuando tomaron Madrid, se pasearon por Madrid, allí no había nadie”. “Entraron gracias a una traición”, opina Gregorio.

-“La transición ha sido legalizar el franquismo. Aquí trajeron a la Pasionaria, a Carrillo, al otro, y con eso dijeron que habían hecho la paz, pero ¿Donde están los enterrados? ¿Qué pasa con los que estábamos en la cárcel? De eso nada de nada. ¿Donde estan los muertos, quien saca a los muertos? No los sacarán nunca. Ahi están, No hay dinero. Cuando desaparece una chica joven como estos casos que ha habido, remueven medio mundo para sacar un cadáver. ¿Y los nuestros, donde están?”

Son frases extraídas de nuestra conversación y que demuestran su lucidez sobre este asunto, a pesar de sus 97 años y se lamenta de no que no se han puesto soluciones a este problema:

-“Como [la dictadura] no podía aguantar, vinieron los americanos a salvar a Franco, a quien dejaron hacer lo que quiso internamente, a cambio de las bases americanas”. “Mucha culpa del franquismo la tienen los americanos. Pero ¿y los miles y miles de muertos? Y además, los partidos republicanos no se pudieron presentar en las primeras elecciones democráticas. “

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Gregorio Escolano García, durante su entrevista en 2008. FMGU

A pesar de haber sido nombrado capitán en abril de 1938, Gregorio sigue hoy día cobrando una pensión como capitán, lo que considera una injusticia, pues los alféreces provisionales del ejército franquista fueron “elevados a los altares”, pasando incluso por encima de los profesionales, como bien nos recuerda Gregorio, pero la democracia no se dio ninguna prisa por equiparar a los oficiales republicanos como él haciéndolo tarde y mal. Gregorio comenta que durante la guerra los profesionales pronto o murieron o se retiraron del frente, y que tras unos meses, sólo había en primera línea alféreces provisionales y oficiales de milicias. Gregorio cobró su primera paga como ex combatiente en 1984, pero tardaron un año en dársela. Esta paga era equivalente a la pensión mínima de entonces. No ha sido hasta el año 2000 en el que ha cobrado el 100% de la paga, aunque la correspondiente al empleo de capitán. Gregorio piensa, que tras tres años de guerra, cuatro de cárcel y tres de batallón de trabajadores, merece la paga de un profesional. Hace unos años recibió una indemnización por su estancia en la cárcel, pero insuficiente, y desde luego, su condena sigue siendo legal.

El homenaje a Gregorio Escolano en 2013 consistió en la entrega de una placa simbólica, que reproduce una medalla republicana de 1937 entregado en presencia de su nieto Dani y uno de sus hijos. acompañado de Félix Rodriguez, de Izquierda Republicana. Con motivo de su centenario, su nieto Dani le regaló una gorra de plano de capitán del ejército republicano, idéntica a la que Gregorio usó durante la guerra.

 

Nuestro más sentido pésame a su familia y amigos y todo nuestro reconocimiento a su persona, valiente y lúcido hasta el final.

Xulio García. Foro por la Memoria de Guadalajara

(Entrevistas en 2008 y 2013, correcciones realizadas con motivo de su fallecimiento, el 26-4-2017)
Entrevista en video a Gregorio Escolano, capitán de la 72 Brigada Mixta del EPR, realizada en su casa de Alcolea del Pinar (Guadalajara) en 2008 (fragmento)
https://www.youtube.com/watch?v=JkIBNBH6z4U

 

CARTEL 80 ANIVERSARIO BATALLA DE GUADALAJARA
ACTOS CONMEMORATIVOS
80 ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE GUADALAJARA.
“La prima sconfitta del fascismo / La primera derrota del fascismo”
– Viernes 24 de marzo. 
Conferencia-coloquio:
– “Garibaldinos en la batalla de Guadalajara“.
Ponente: Marco Puppini. Profesor universitario. Vicepresidente de la Associazione Italiana Combattenti Volontari Antifascisti di Spagna – (AICVAS)
-“La batalla de Guadalajara, 80 años después”
Ponente: Pedro A. García Bilbao. Profesor universitario. Presidente del Foro por la Memoria de Guadalajara (FMGU)
Lugar: Biblioteca Pública Provincial del Palacio de Dávalos. Salón de Actos. 19 – 21 h.
Dirección: Plaza de Dávalos, 19001 Guadalajara
Sábado 25 de marzo.

VI MARCHA MEMORIAL “BATALLA DE GUADALAJARA

10:00 h Punto de encuentro: Plaza del Coso de Brihuega. (Frente al Ayuntamiento)
Saludo del alcalde de Brihuega, Luis Viejo.

11:00 h (Aprox) Acto en la tapia exterior del cementerio, Zona del Castillo de la Peña Bermeja, Brihuega.

12:00 h Ascenso al Cerro de San Cristóbal (Algora). Punto de Encuentro. Junto a la antigua N-II. (Se recomienda calzado deportivo).

14:30 h (Aprox) Comida de hermandad en Restaurante “Area 107” Carretera Nacional II, km 107, Mirabueno. Inscripción comida, Coste estimado 12 €. Reservas: 618388794 foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com

Nota; Itinerario y horario sometido a cambios según número de participantes y climatología. Se proporcionará itinerario por escrito a los participantes y  guía y explicaciones en cada punto escogido.  

Organiza:
Foro por la Memoria de Guadalajara (FMGU)
Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI)

Colabora: Ahora Brihuega, AICVAS, CNT-AIT, IU Guadalajara, PCE, UJCE

Información:  618388794 foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com

ANIVERSARIOS:

24-09-1936 José Fitor Cabot

24-09-1936 José Fitor Cabot

JOSÉ FITOR CABOT, (Madrid 08/05/1885,  Olmeda de Jadraque, 24/09/1936)
Maestro de La Olmeda de Jadraque (Guadalajara). Asesinado hace 80 años.

FMGU.- 24/09/2106.- Se cumplen 80 años del asesinato de José Fitor Cabot. maestro Nacional de la Olmeda de Jadraque (Guadalajara). José fue detenido ese mismo día 24 por dos conocidos guardias civiles del puesto de Imón (Guadalajara). concretamente el cabo C.N.H y el guardia A.M.B , quienes acompañaron a un grupo de falangistas Estos guardias fueron, según diversos testimonios , presuntamente los principales ejecutores de la represión contra los defensores de la legalidad republicana en la comarca de Sigüenza.

José Fitor era de origen valenciano, aunque nacido en Madrid. Estaba casado con Luz Gómez, persona tambien de gran cultura que aunque no tenía el titulo de maestra, ayudaba a José en su tarea docence. Ambos tenían cuatro hijos, José, Carlos, Pilar y Chelines, la única que vive.
En su juventud José Fitor emigró junto a sus padres a América y vivieron en Argentina, Uruguay y Estados Unidos. Cuando llegó la época de empezar sus estudios superiores, José regresó a España para cumplir su sueño de ser maestro. Tuvo muchos destinos, pero en nuestra provincia, según hemos localizado en su expediente, fue maestro en Hiendelaencina (1908) y Balbacid (1909). En 1930 es citado como maestro en la Escuela Elemental de niños de Humanes de Mohernando. Allí en compañía de su esposa montó un cuadro artístico con sus alumnos, y junto con ellos y algunos vecinos, representaron obras de teatro que hicieron las delicias de los vecinos.

Al ser trasladado a la Olmeda, José Fitor comprobó la terrible situación social y laboral en que se encontraban los campesinos de la zona y sobretodo los trabajadores de las salinas de Imón y la Olmeda, al paso del río Salado. No era una novedad seguramente para este veterano maestro el ver la condición de los campesinos, tras destinos como Hiendelaencina, donde había visto la explotación a la que eran sometidos los trabajadores de las minas de plata de esa localidad. En Imón y La Olmeda, los trabajadores de las salinas eran tratados en condiciones de semi esclavitud, con jornadas de 10 y 12 horas removiendo sal, para ganar un jornal de 3,50 ptas en 1936. Cada trabajador además, estaba obligado a sacar al menos dos quintales métricos de sal mínimo para poder cobrar. El maestro se conmovió sin duda al ver esos cuerpos semidesnudos cuyas heridas no cicatrizaban por acción de la sal. El sueldo medio de un albañil, por ejemplo, era de unas 7 ptas.
En junio de 1936, además, el pueblo sufrió una terrible tormenta de pedrisco, y los pequeños huertos y cultivos que algunos de estos trabajadores usaban como un complemento a su mermada economía, se perdieron casi totalmente. Lo que vino fue miseria y hambre. Los empleados de la salina acudierOLMEDA IMON .jpgon entonces al patrón, A.B, quien en lugar de compadecerse de su terrible desgracia, se aprovechó de la situación obligándoles a una rebaja mayor de su sueldo. La recientemente creada sección local de UGT organizó entonces una protesta pidiendo justas mejoras laborales. La misma fue disuelta a tiros por los guardias civiles, con el resultado de varios heridos, entre ellos una mujer, y numerosos detenidos. La organización de los trabajadores para reclamar derechos era algo inaceptable para los señoritos reaccionarios de la zona.

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13-07-1936 Francisco Gonzalo de Francisco

En Sigüenza, el presidente y fundador de la Casa del Pueblo de UGT, fundador de la Agrupación Socialista en Sigüenza, Francisco Gonzalo, de profesión cartero rural, recibió serias amenazas por los esbirros de los señoritos locales tras denunciar estos hechos en el semanario “Abril” de Guadalajara, de carácter de izquierdas. A la semana siguiente, el maestro José Fitor mandó una carta solidarizándose con Gonzalo, y exponiendo que él mismo estaba siendo amenazado por los caciques locales y sus esbirros en el pueblo de la Olmeda.

El 13 de julio, Francisco Gonzalo  fue asesinado a tiros por un grupo de falangistas locales. En Sigüenza puede decirse que la guerra empezó ese día.

Lo sucesos durante la mal llamada “batalla de Sigúenza” son conocidos y serán objeto de otro artículo con interesantes novedades, pero lo que sabemos de José Fitor es que se queda en el pueblo de La Olmeda, a pesar de la evacuación de la zona, y de tener conocimiento del avance de las tropas golpistas de Mola hacia Sigüenza, que iban acompañadas de una terrible maquinaria de “limpieza” de la retaguardia. Supo seguramente de la resistencia de las milicias republicanas en la Catedral, y seguramente llegó a su conocimiento los asesinatos cometidos en la retaguardia republicana. El propio sacerdote de La Olmeda, Rufino Lapastora fue asesinado en Sigüenza, hecho que José ni siquiera conoció,  pues ocurrió apenas dos días antes que su propio asesinato y lejos de su pueblo. El sacerdote llevaba años viviendo en Sigüenza y según la propia Causa General este sacerdote fue asaltado para robarte 1.500 ptas. El hecho es que José Fitor se queda en La Olmeda, pues no tenía conciencia de haber hecho absolutamente nada malo.

El 24 de septiembre, un camión con falangistas llega al pueblo buscando a varios vecinos. Les acompañan los citados guardias civiles. Por testimonio directo de una de sus hijas, la única que vive, Chelines Fitor, sabemos que Chelines se encontraba en la escuela con las otras niñas, y a través de los cristales vió como se llevaban a su padre, gritando ¡mis hijas, mis hijas! La maestra y las tres hijas de José se abrazaron llorando.

Cuando volvieron a casa, su madre y sus hermanos lloraban sin parar. Unas vecinas misericordiosas les habían llevado algo de comer. Las niñas comieron algo de sopa. Los demás no probaron bocado. La esposa de José y las hijas pasaron la noche en vela, esperando acontecimientos. Al día siguiente, casi al alba, llamaron a la puerta. Un peón caminero conocido, que vivía a cinco kilómetros, vino a darles la terrible noticia. Este hombre, todavía conmocionado, había presenciado el asesinato de José. Sus asesinos le bajaron del camión, disparándole y dejándole abandonado. Al parecer los guardias civiles impidieron que le fuera robado el reloj. El camión, con otros detenidos y la partida de ejecutores, siguió su camino de muerte. Con mucho miedo, y al oir gemidos, el caminero se acercó para comprobar que se trataba del viejo maestro, que se hallaba agonizante. El caminero pudo escuchar sus últimas palabras que usó para pedirle que entregara su cartera y su reloj ensangrentados a su viuda. En pocos minutos, José falleció. El caminero cumplió la promesa

Doña Luz, la esposa de José, siempre guardó en su corazón el triste consuelo de saber que su marido al menos no murió solo, y agradeció al peón Caminero su generosidad y valor.

Dejó a las niñas con las vecinas y se fue corriendo acompañando al caminero. Se pusieron a buscar entre la zanja y las cunetas, se adentraron en el matorral, pero no encontraron más que un rastro de sangre seca. Al parecer un camión habia pasado recogiendo los cadáveres dejados en las cunetas. Este extremo no nos consta pues el Foro por la Memoria tiene localizadas algunos lugares de enterramiento muy precisos que por cierto pondremos a disposición de la fiscalía si desea investigar estos crímenes de lesa humanidad. Los sacerdotes y otras personas asesinadas en la retaguardia republicana, fueron en su mayor parte exhumadas en la posguerra al amparo de un decreto de mayo de 1940 que obligaba al nuevo estado franquista a su exhumación. Las familias de estas víctimas recibieron si lo solicitaron, ayudas, pensiones y reconocimiento. Fueron victimas de crímenes que la propia República condenó y nunca ordenó. Pero aquellos que fueron asesinados por las tropas y voluntarios fascistas, no sólo sabemos todavía cuantos son, sino que incluso sus crímenes son todavía considerados legales e impunes.

Sirvan estas palabras de homenaje muy especialmente a su hija Chelines, y sobretodo a su nieta Pilar, gran preservadora de su memoria.

Foro por la Memoria de Guadalajara

foroporlamemoriaguadalajara@gmail.com

Información extraída tras varias entrevistas con los familiares, expedientes personales de los guardias civiles, prensa y documentación de la época.

 

Trifón posa con una gorra de Comisario como la que usó en la guerra civil. Foto: FMGU

Trifón posa con una gorra de Comisario como la que usó en la guerra civil. Foto: FMGU

Trifón en el homenaje que recibió cuando cumplió 100 años (2011)

Trifón en el homenaje que recibió cuando cumplió 100 años (2011). Foto FMGU

 

Trifón Cañamares, con su compañera Rosa Moreno. Foto: Familia Cañamares

Trifón Cañamares, con su compañera Rosa Moreno, pocos años después de salir de la cárcel. Foto: Familia Cañamares

HA FALLECIDO TRIFÓN CAÑAMARES VETERANO COMUNISTA ALCARREÑO.

Afiliado al Partido Comunista ininterrumpidamente desde hace 79 años, Trifón Cañamares, hubiera cumplido 104 años el próximo 3 de julio.
Natural de Cendejas de Enmedio, era vecino del barrio madrileño de El Pozo del Tío Raimundo, del que fue uno de sus mayores defensores, junto al padre Llanos, con quien compartió lucha y militancia.

En 2011, Trifón recibió el merecido homenaje de sus vecinos y compañeros de lucha, al cumplir los 100 años. “Os deseo que me paséis en años y en salud, pero con las ideas claras”, fueron las palabras que este guadalajareño, puño en alto, quiso dedicar a los asistentes al acto.
Nacido en una familia de campesinos, labor que su padre compaginaba además con una carnicería, desde pequeño sufrió la injusticia, por lo que decidió hacer todo lo que estuviese en su mano para acabar con ella. Trifón se afilió al Partido Comunista en Jadraque, como muchos antifascistas de la zona, poco tiempo después de que comenzase la Guerra Civil. Muy pronto fue nombrado Comisario Delegado en la 49º Brigada Mixta del Ejército republicano, creada en Guadalajara. Condenado a pena de muerte en 1939 que fue conmutada a 30 años de cárcel, pasó por varias prisiones, principalmente Guadalajara y Burgos. Su hermano Ciriaco, y otros familiares y amigos de Cendejas también sufrieron prisión. Sin embargo, el franquismo no pudo con este hombre de fuertes ideales y durante ese periodo Trifón siguió trabajando activamente en la clandestinidad,

Ya llegada la transición se esforzó por la reconstrucción del Partido Comunista en Guadalajara. Toda una vida de lucha, con dos heridas de combate y varias condenas en cárceles y campos de concentración, no conseguieron que este guadalajareño perdiera el entusiasmo y las ganas de seguir peleando por sus ideales hasta el último día de su vida. En 2013 el Foro por la Memoria de Guadalajara entregó una placa a Trifón en reconocimiento de toda una vida de lucha y tambien vivió con mucha emoción un acto de homenaje al brigadista Guido Picelli, en un pueblo próximo al suyo, Mirabueno. En 2014, la agrupación provincial de UJCE de Guadalajara, pasó a denominarse “Agrupación Trifón Cañamares”:

Trifón Cañamares Garcia nació el 3 de julio de 1911 y ha fallecido el 11 de marzo de 2015. La capilla ardiente será instalada esta tarde en el Tanatorio de la M-40 de Madrid en el barrio de San Fermin, Avda de los Rosales, sala 11.

 

Homenajeado en enero de 2013 por el Foro por la Memoria. Foto: FMGU

Homenajeado en enero de 2013 por el Foro por la Memoria. Foto: FMGU

Homenaje de UJCE de Guadalajara a Trifón Cañamares (2014) Foto FMGU

Homenaje de UJCE de Guadalajara a Trifón Cañamares (2014) Foto FMGU

PIET AKERMAN

 

PIET AKKERMAN UN CHE GUEVARA DE AMBERES EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

(Será homenajeado el próximo dia 21 de marzo en Torija, Guadalajara)

De todas las guerras nacen leyendas, y durante mucho tiempo, me he preguntado, ¿por qué entre los casi 2.400 voluntarios que salieron de Bélgica para luchar en España, ninguno se ha convertido en un icono, en un referente ideológico o al menos estético para nuevas luchas?.

En una visita que hice a Bruselas el año pasado me reuní con el historiador belga Rudi Van Doorslaer, quien se sorprendió de que yo no conociera a ninguno de los hermanos Akkerman. Ya en 1991, Van Doorslaer había escrito un interesante artículo sobre Piet. Este compatriota, que era un joven cortador de diamantes y líder sindical de Amberes, con tan sólo 23 años alcanzó el grado de comisario político de batallón en una de las brigadas internacionales al poco de que estas fueran creadas. Su temprana muerte en combate el día 1 de enero de 1937 frente al pueblo de Algora en Guadalajara no impidió que brillaran sus cualidades de luchador antifascista y buen organizador.

El próximo 21 de marzo, durante la marcha anual organizada por El Foro de la Memoria Histórica de Guadalajara, tendrá lugar un sencillo pero sentido homenaje en recuerdo de este combatiente de Amberes.

 

El malestar de un inmigrante de segunda generación.
Piet era el hijo de Joseph Akkerman, un inmigrante polaco originario de Radom que emigró a Amberes en 1905. Dos años después de este traslado, Joseph se casó con Bluma Klipper, también proveniente de Polonia, y cuyos padres también habían emigrado a Amberes, en 1896. El primer hijo de esta pareja, Emiel, nace en 1908, y cinco años más tarde, el 22 de junio de 1913, su hermano, Israel.. Al igual que muchos otros inmigrantes judíos de Europa del Este, Joseph Akkerman logró abrirse camino con bastante rapidez en la industria del diamante, floreciente en ese momento, trabajando como partidor.

El segundo hijo, Israel, recibió su educación política en el movimiento de pioneros judíos marxista-sionista Hashomer Hatsaïr – “Joven Guardia”. El Hashomer Hatsaïr era una organización cuyos miembros se preparan para emigrar a Palestina, donde buscaban crear los primeros Kibbutz. A finales de los años 20, esta organización dio un giro político rspecto a lo que era su trayectoria previa, adoptando un pensamiento marxista radical que llevó a parte de sus miembros a cuestionarse incluso la legitimidad de pretender emigrar a Palestina.

Dentro de esta misma evolución, Israel, que era un inmigrante de segunda generación y se sentía atrapado entre dos culturas, se irá acercando progresivamente al partido comunista belga, con todo lo que esto supone. Con solo 17 años, es detenido por la policía en una protesta anti-colonial organizada por las juventudes comunistas. Es en ese tiempo cuando Israel decide cambiar su nombre, eligiendo el de Piet, uno típico flamenco. Con este cambio cargado de simbolismo, Piet deja de ser el judío “de la calle” perteneciente a la comunidad judía que habla en yiddish, para convertirse en un joven politizado que a través del comunismo se integra más plenamente en la sociedad belga. Evoluciona por decisión propia de judío oprimido a proletario oprimido.

 

Líder comunista y sindical
Debido a la debacle económica de los primeros años 30, la industria y el comercio del diamante vivirán una profunda crisis, no obstante lo cual, en 1930, Piet se inscribe como aprendiz cortador de diamantes en el Sindicato General de Trabajadores del Diamante, la A.D.B.
La situación de su gremio, y en general del resto de la economía llevan a Piet al paro y a tomar la decisión de buscar trabajo allí donde pueda encontrarse, por ejemplo en la cuenca minera en Lieja. La impotencia y la ira serán los sentimientos que han de acompañar a Akkerman cuando descubre las condiciones laborales a las que están sometidos los mineros en Walonia, en el sur de Bélgica. En 1931, su hermano Emiel, que por aquel entonces ya se había convertido en un importante líder comunista, tomó parte destacada en la organización de una violenta huelga en Wervik, así como en el levantamiento de barricadas protagonizado por los trabajadores temporales flamencos en el norte de Francia. Durante aquel verano, unos 120.000 trabajadores, de los que unos 40.000 eran belgas, sostuvieron una huelga que duró diez semanas y consiguió parar toda la industria del textil en Roubaix y Tourcoing, dos ciudades situadas en el norte de Francia.
Durante 1935 y 1936, Piet y su hermano, nuevamente reincorporados al gremio del diamante, condujeron exitosamente varias huelgas convocadas y sostenidas por el sindicato A.D.B., en Amberes, una ciudad donde los dos hermanos eran muy populares en los barrios obreros, lo que les llevó a chocar frecuentemente con la policía. En junio de 1936, el subjefe policial del distrito 7 de Amberes describía a Piet como “uno de esos elementos oscuros, buen orador, que se presenta con una profesión honrada, pero que que en cuanto algo pasa en la calle, se hacen presentes, como agitadores”.

 

La decisión de participar en la Guerra Civil Española

 

El 17 de octubre 1936, Emiel parte hacia España junto a una veintena de judíos polacos y húngaros de Amberes. Su hermano Piet le seguirá diez días después. En una carta que escribe a su madre explicando las razones que hay detrás de su decisión de incorporarse a la lucha de los trabajadores españoles dice: “Madre, no tengo derecho a no ir, siento que tengo la obligación de ir. En España hay un polvorín que va a convertir la tierra en polvo y llamas y que oprimirá a la humanidad entera. Aún con mis pocas fuerzas tengo que ayudar a prevenir una guerra mundial y derrotar al fascismo”. Para el historiador belga Van Doorslaer, Piet Akkerman era alguien que tenía las cualidades necesarias para ser uno de esos líderes sindicales excepcionales que Bélgica ha sabido producir durante de los siglos XIX y XX. Su compromiso radical de izquierda le llevó a ofrecer su vida en el campo de batalla de la Guerra Civil Española”. Él y su hermano mayor Emiel fueron a España para luchar en la que consideraban guerra de las guerras.
Instrucción en Albacete.

Aparte de los nacionales, hubo cerca de 800 voluntarios extranjeros que también salieron de Bélgica. De ellos, unos 350 eran originarios de Polonia, siendo judíos unos 100. Según el historiador ya citado Rudi Van Doorslaer, estos no eran voluntarios en tránsito ni tampoco refugiados políticos, sino trabajadores inmigrantes previamente asentados en Bélgica, a donde habían llegado durante los años 20 y 30 expulsados de sus países de origen por la pobreza y el desempleo.

 

En Albacete, base de las Brigadas Internacionales, Piet y Emiel se incorporan a un batallón formado principalmente por franceses y belgas. En esos primeros momentos en los que todo se estaba organizando por primera vez, el entrenamiento militar que recibieron no solo fue demasiado corto – de una semana – sino que también carecía de profundidad. A esto a hay que sumarle que los voluntarios tampoco recibieron uniformes, y los cascos solo llegaron cuando estaban en el frente. La mayoría de estos nuevos soldados utilizaban además sus propios zapatos y la misma ropa de abrigo con la que llegaron a España.

El 9 de noviembre, apenas dos días después de iniciada la batalla de Madrid, llegó a la base de Albacete la orden de enviar con la máxima urgencia todas las fuerzas disponibles para sostener la defensa de la capital. A pesar de la insuficiente preparación de los voluntarios y la falta de equipo, se crearon a toda velocidad tres batallones con los que constituir una nueva brigada internacional, la XII. El batallón franco-belga de Piet y Emiel se llamó André Marty, comunista francés y comandante de la base de Albacete. Además, de este, la XII BI estaba entonces formada por el batallón italiano Garibaldi y el alemán-eslavo, Thaelmann.

La partida de una banda armada.

El 10 de noviembre, antes que la nueva brigada partiese en un tren nocturno hacia el frente de Madrid, los hombres del batallón André Marty recibieron sus nuevas escopetas de la marca Remington. Estas eran unas excelentes escopetas… ¡para cazar conejos!, pero como puede imaginarse, estaban muy lejos de satisfacer las condiciones que debía tener un arma de guerra. Las escopetas de caza que les dieron no tenían ni correa, y la munición, por carecerse también de cartucheras, hubo que guardarla en los bolsillos del pantalón. En un informe que seis meses más tarde el Estado Mayor de la XII BI envió a Miaja se decía sobre aquellos días de noviembre que “la brigada que fue enviado al frente se parecía más a una banda armada que a una unidad organizada.”

 

Inicio caótico.

El 13 de noviembre, por parte republicana se lanzó un contraataque local sobre el cerro Rojo (cerro de los Ángeles) para disminuir la presión que las tropas de Franco ejercían sobre Madrid. Piet y Emiel recibieron allí su bautismo de fuego. También Marcel Baiwir, un obrero metalúrgico de Lieja, quien en una entrevista con el diario flamenco De Morgen en 2006 recordaba “… Allí he visto morir a mi primer camarada. Nunca lo olvidaré. Era un chico guapo, fuerte, un cabecilla que días antes estaba ansioso por partir al frente. Fue alcanzado por una bala en la boca. (…) Volaban tantas balas alrededor de nosotros que al final no les prestábamos atención. En el frente hubo un proverbio que todo el mundo conocía: a la bala que te mata no las oyes llegar”.

Con sus armas ligeras, los brigadistas no eran rival para el ejército de Franco, por lo que las pérdidas fueron grandes. Cuando cayó la noche, la XII BI recibió la orden de retirarse. El fracaso de este ataque se debió a una serie de problemas y errores que se repetirían con demasiada frecuencia: una mala planificación de la operación, problemas de transporte, insuficiente apoyo de la artillería y falta de entrenamiento militar entre los brigadistas.

 

El 20 de noviembre, la XII BI relevó a la XI en la Ciudad Universitaria. Entonces el batallón André Marty se hizo cargo de las posiciones existentes en la Facultad de Medicina y Odontología. Raoul Baligand, otro brigadista belga del André Marty que estuvo allí también contará muchos añois más tarde “Los fascistas ya habían entrado en el sector, por lo que les hicimos un contraataque sostenido, de edificio en edificio. A veces, mientras nosotros estábamos en la primera planta, los marroquíes ocupaban justo en el piso inferior. Cada uno de nosotros daba el máximo de si mismo. La manera de luchar era nueva, tuvimos que improvisar constantemente “.
Fue en una de las luchas por la Facultad de Medicina y Odontología en la que Emiel cayó, probablemente entre el 20 y 28 de noviembre, fecha en que el André Marty fue retirado de primera línea para permitirle descansar en el monte de El Pardo. Antes de eso, Emiel fue enterrado por sus compañeros cerca de la facultad en que cayó.

Piet, comisario político.

En esa misma semana, pero algo más al oeste, en los combates sostenidos en los bosques de Boadilla del Monte, murió el comisario político Lorenzi. Entonces Piet se convirtió en el nuevo comisario, lo que significa que se hizo cargo de cuidar de la moral , la disciplina, la formación política y el bienestar personal de cientos de hombres de distintas nacionalidades. Sin duda el hecho de que hablara varios idiomas jugó a su favor.

Entre sus funciones como comisario político, Akkerman dio prioridad al aspecto espiritual y moral de sus soldados. En su diario escribe: “El hombre debe ser la primera preocupación del comisario.” Esto implicaba hablar con todos y estar siempre dispuesto a resolver sus problemas, asegurarse de todo el mundo estaba bien alimentado y vestido y no desatender las necesidades culturales, porque eran “esenciales para fortalecer la conciencia de clase.” Con este fin era fundamental leer en grupo la prensa que llegaba o se escribía en el frente, pensada para avanzar en la educación política.

En su cuaderno de notas personal Piet no solo criticaba la falta de disciplina y la embriaguez entre las tropas, sino también los errores militares cometidos por el mando. Para Akkerman, la fuerza de las brigadas consistía en el hecho que el soldado debía “comprender” el por qué de la lucha, y conseguir esta comprensión era la tarea más importante del comisario político.

Para el historiador Van Doorslaer, este énfasis en la motivación política del brigadista – voluntario, pone en evidencia la lucha interior que vivió Akkerman entre sus convicciones antimilitaristas y la necesidad de empuñar las armas dentro de una organización militarizada para luchar contra el fascismo. Ese conflicto interno existió también entre muchos españoles que lucharon del lado de la República, los cuales en una alta proporción consideraban al Ejército como uno de los pilares característicos del antiguo régimen represivo. La necesaria militarización de las milicias populares, la obediencia a los oficiales, el saludo y la disciplina fueron aceptadas de buen grado entre los comunistas, pero generaron distintos grados de incomodidad o resistencia entre otros grupos ideológicos.

 

La estratégica carretera Madrid – Zaragoza – Barcelona.

En diciembre de 1936 el general Pozas, jefe militar de la zona central, decidió atacar ciertos objetivos en la región de Guadalajara. El propósito, aparte de intentar recuperar parte del terreno perdido tras la caída de Sigüenza, era el de llevar el peso de las operaciones lejos de Madrid, donde tras fracasar en el asalto frontal a la ciudad, el enemigo parecía reagruparse para intentar nuevos asaltos.

El mando determinó que la zona que se atacaría debía ser la de los pueblos de Almadrones, Mirabueno y Algora. Cerca de Algora, Piet llevó por primera vez a sus hombres a la batalla. “Fue realmente notable cómo ese muchacho, que parecía tan joven como un niño, con sus ojos risueños, su pequeña estatura y sus labios amigables, representaba para cientos de camaradas un líder y un iniciador”, afirmó tiempo después el brigadista y amigo de Piet, Bob Claessens en “Vers la Liberté”, el periódico del batallón André Marty.

La última operación de Piet

En la víspera de Año Nuevo, el batallón André Marty abandonó la aldea Las Inviernas para marchar en dirección a Algora. Justo antes de alcanzar este pueblo, cuentan que Piet Akkerman cayó en una emboscada en la que primero resultó alcanzado por una bala y luego por una bayoneta, que un soldado enemigo clavó en su abdomen. Esta última herida sería fatal. Según el comisario político de la XII BI, el Aléman Gustav Regler, las últimas palabras de Piet fueron: “Han podido conmigo pero, con nosotros no podrán”.

¿Podemos atribuir la muerte de Piet a su falta de experiencia militar?. Es posible, pero nunca lo podremos afirmar con rotundidad. Raoul Baligand que también participó en el ataque a Algora, pronosticó ese mismo día que “las decisiones erróneos del mando tendrán consecuencias trágicas”. Esta frase quizás sonó entonces como preludio de una tragedia y no nos sirve para explicar la muerte de Piet, pero cobra mayor sentido si profundizamos en el mismo testimonio “según las previsiones del mando, teníamos que llegar al pueblo a las 15 horas, pero la resistencia del enemigo se derrumbó más rápido de lo esperado. A las 13 horas ya dominamos la situación, pero el comandante del batallón no hizo lo que había que hacer, que era comunicar nuestra situación inmediatamente al mando. Nuestro oficial de enlace con la aviación, no hizo bien su trabajo. El resultado fue que nuestros propios aviones nos ametrallaron”. Este último hecho está contrastado. Dentro de Mirabueno murieron siete brigadistas italianos cuando fueron ametrallados por cazas propios.

Según se deduce de los imprecisos testimonios que nos han llegado, Piet habría sido enterrado en algún punto de la cañada que une Algora con Las Inviernas, posiblemente cerca de la ermita de San Miguel. Para evitar que su tumba fuera violada por el enemigo después de una posible pérdida del terreno, aquella no fue señalada de ninguna manera especial. El cuerpo de Piet, que no fue el único que recibió sepultura allí, tiene al lado desde entonces una botella que contiene una hoja de papel con su nombre.

El mismo día en que se produjo la muerte de Piet Akkerman fueron recuperados para la República Algora, Mirabueno y Almadrones. Después, la ofensiva se estancó, entre otras cosas, porque la XII BI tuvo que regresar apresuradamente a Madrid para enfrentarse a una nueva ofensiva franquista sobre la zona de la carretera de La Coruña. A la zona de Guadalajara que dejan atrás y en la que descansan varios compañeros caídos todavía le queda mucha guerra por vivir. De momento, los tres pueblos citados volverán a manos franquistas el 17 de enero. Cuando llegue el mes de marzo de 1937, justo allí se iniciará la ofensiva italiana que, aunque ganan terreno, acabará en una sonora derrota de los fascistas. Todavía un año más tarde se producirá casi en el mismo sector una nueva ofensiva republicana sobre la zona cercana a Sotodosos.

Los compañeros de lucha de Piet, y de tantos otros, finalmente no consiguieron evitar que pudieran con ellos, pero pusieron tanta fuerza en la lucha desigual y tanta fe en la victoria, que casi 80 años después somos muchos, cada vez más, los que estamos deslumbrados por su compromiso y su valentía.

Conmemoración

Por iniciativa del Foro por la Memoria de Guadalajara, los Amigos de las Brigadas Internacionales y Brunete en la Memoria, 78 años después de su muerte, brindaremos un homenaje a la memoria de Piet, tal vez el primero en España.

IV MARCHA MEMORIAL BATALLA DE GUADALAJARA
TORIJA 21 de MARZO 2015

Esta es la convocatoria:

10h00: Plaza Mayor de Torija, conmemoración en memoria de Piet Akkerman

11h30: Algora, Marcha hacia el Cerro de San Cristóbal
14h00: Comida en Mirabueno

16h30: Algora, visita al lugar donde supuestamente fue enterrado Akkerman
Sven Tuytens

http://wp.me/p3Cfkm-z2

 

Bono de 10 cts editado por el PCE de Guadalajara. Coleccion: FMGU

Bono de 10 cts editado por el PCE de Guadalajara. Coleccion: FMGU

 

Quizás por haber resistido hasta el final de la guerra y por ser escenario de la primera derrota militar del fascismo italiano, la provincia de Guadalajara fue especialmente castigada desde el primer momento por la represión franquista y con un alcance que las cifras nos muestran con horror. Entre 1939 y 1944 fueron represaliadas 7269 personas nacidas o residentes en la provincia, lo que representaba un 4.3 % de la población provincial de 1940. De esas 7269 personas, el PCE fue la segunda organización en número de castigados, con 1039 represaliados, siendo la primera UGT con 1904. Al igual que en el resto de España, el Partido Comunista había pasado de ser un pequeño grupo sin apenas presencia militante en nuestra provincia a convertirse en un grupo con miles de afiliados y principal sostén del Quinto Regimiento. Así, en Guadalajara el PCE pasa de tener 90 afiliados en 1935 en toda la provincia, a 8000 carnets entregados en noviembre de 1937. (Hernández Sánchez, 2010).

Desde el primer momento de la represión franquista, en abril de 1939, los principales dirigentes provinciales fueron fueron perseguidos con saña y asesinados o encarcelados; Vicente Relaño, secretario general del PCE de Guadalajara fue prontamente detenido y sometido a un cruel trato, aunque su ejecución se retrasó hasta 1943 porque Relaño tenía más de 10 avales de personas de derechas a las que se había salvado al ponerlas bajo la protección de la Ley republicana en los días difíciles de los primeros meses de la guerra. Otros dirigentes fueron al exilio o fueron encarcelados. Desde Guadalajara se organizó una expedición falangista a Alicante para buscar a todos los republicanos alcarreños allí detenidos. A su regreso, fueron exhibidos por las calles de la ciudad en un recorrido parecido a un auto de fe.

Vicente Relaño, fundador y secretario general del PCE de Guadalajara. Foto: FMGU

Vicente Relaño, fundador y secretario general del PCE de Guadalajara. Foto: FMGU

El número de penas de muerte ejecutadas a militantes comunistas en la provincia de Guadalajara, según estadística recogida por el Foro por la Memoria de Guadalajara y basada en las propias sentencias judiciales, fue de 166, de un total de 822 fusilados entre 1939 y 1944 en las tapias del cementerio provincial, siendo la segunda organización con mayor número de asesinados después de la FNTT-UG.


En estas circunstancias es fácil entender que la mayoria de los militantes comunistas que estaban en condiciones en la posguerra de reorganizar el PCE en Guadalajara eran o bien los más jóvenes, que no habían vivido la guerra, o las mujeres, viudas o compañeras de militantes encarcelados o presos.

La militantes femeninas no fueron sólo las que tuvieron que afrontar las multas, ayudar a sus compañeros presos y sostener a la familia en una situación de persecución y postguerra, sino que fueron en muchos casos las encargadas de intentar la reconstrucción de la organización, cuyo principal objetivo era, como en el resto de España, sobrevivir y auxiliar a los presos.

Es de justicia citar a algunos de los militantes comunistas de Guadalajara que arriesgaron su vida y su libertad para reorganizar el partido y apoyar a sus camaradas presos. Son solamente unos pocos aquellos de los que se guarda memoria, pues cientos de ellos murieron anónimamente bajo un dictado de olvido que algunos desean que persista hasta el día de hoy. Como ejemplo de dignidad y lucha llegan hasta nosotros estos nombres:

Maria Valés Santos, natural de Torre del Burgo, encarcelada el 09/07/1942, acusada de reorganizar clandestinamente el PCE.

Gregoria Pérez Barbero, 23 años de Cendejas de la Torre, militante de JSU, detenida en 1943 junto a 21 personas más, acusada de ser «miembro de la organización clandestina del PCE».

Adoración Retuerta detenida «por actividades clandestinas de carácter comunista.(…)», detenida por el reparto en Guadalajara y Madrid de unos pasquines que decían «Franco os roba el aceite y el pan de vuestros hijos hambrientos, ¿a qué esperáis para manifestaros contra el hambre? Viva la República».

Tomasa Cuevas, de Brihuega, de las JSU, quien tras 12 años de cárcel en durísimas condiciones, regresó a Guadalajara en 1950 y se convertiría en uno de los mayores ejemplos de fortaleza moral, de solidaridad y de humanidad que haya podido haber en el comunismo español, rescatando la memoria de la vida, lucha y sacrificio de las mujeres de su generación.

Muchos de los militantes que lucharon por la reconstrucción del partido habían sido presos de primera hora que ya habían sido excarcelados tras cumplir penas menores, como es el caso de Pedro Martinez Magro, maestro de Jadraque que tras ser sobreseída su causa, fue puesto en libertad, participando en la reconstrucción del PCE en Guadalajara y Alcalá de Henares, hasta que en 1947 fue detenido, acusado de la explosión del polvorín militar de Alcalá de Henares y fusilado.

Un caso que ejemplifica muy bien el de aquellos combatientes que habíando logrado sobrevivir no dudan en volver a comprometerse en la lucha es el de Felix Samper Albarracín, jornalero de Sayatón y teniente del EPR quien tras salir de la carcel en 1943, fue detenido de nuevo en el 45 y acusado de pertenecer a la organización clandestina del PCE fue condenado a un año y seis meses.

Entre las mujeres que habían estado presas destaca Mercedes Wandelmer, de la Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA) y del PCE, que pertenecía a una familia de luchadores y militantes comunistas en la que hay dos fusilados. Tras salir en libertad condicional de la prisión de Barbastro en julio de 1943, fue detenida de nuevo en 1945, (“ingresó en la clandestinidad en el PCE para combatir y derrocar al régimen legalmente constituido en España y sus más sanas y tradicionales instituciones”). Fue condenada a cinco años más de prisión.

El Socorro Rojo Internacional (SRI) sirvió como primera estructura de apoyo a los presos y permitió una tímida organización del partido en nuestra ciudad con la entrega de comida, ropa y enlace entre los presos y sus familias y con el partido. Esos fardos de ropa eran precisamente usados para la introducción de mensajes, veamos un ejemplo:

Teodora Segura Muñoz, de 18 años, de Peralejos de las Truchas, fue encarcelada en 1945 por propaganda ilegal, junto a Bonifacia de la Riba Esteras “con motivo de haber llevado clandestinamente para lectura de los presos partes de guerra y revistas, las que pasaba envueltas en legajos de ropa para los presos”.

La reconstrucción del PCE en Guadalajara empezó en la propia cárcel pues los propios presos crearon una célula para repartir las ayudas y apoyarse mutuamente. La proximidad de Madrid facilitaba conseguir propaganda y traerla a Guadalajara en arriesgados viajes en tren. Algunas de las más activas militantes de SRI que sirvieron de enlace con los presos fueron: Cecilia Abad, Tomasa Cuevas, Julia García, y Trinidad Merodio, entre otras. Gracias al libro “Mujeres en las cárceles” de la briocense Tomasa Cuevas, conocemos el nombre de uno de los militantes que participó como organizador en el interior de la Prisión Central de Guadalajara de una célula clandestina. Se trataba de un militante malagueño llamado Antonio Ramón, que estaba gravemente enfermo de tuberculosis y que falleció al poco de ser liberado en los años 50. Otro de los miembros del PCE que se hallaba preso y que agravó su causa fue Emilio Alda Garcia natural de Chiloeches, tras ser acusado de ser el responsable clandestino del PCE en la cárcel de Guadalajara.

Clotilde Ballesteros en 1938

Los supervivientes de la represión estaban en el constante objetivo de la policía franquista y eso, en una ciudad pequeña como Guadalajara, hacía más difícil su tarea, siendo necesario extremar las cautelas. Hacia 1946 Clotilde Ballesteros, militante comunista nacida en Mirabueno y viuda de un importante cuadro del PCE, Juan Raposo, que había sido cruelmente asesinado a golpes en la Prisión Provincial y fusilado después de muerto, recibió la visita de un extraño personaje que le propuso hacer negocios y reunir a los militantes dispersos para teóricamente reconstruir el PCE. Clotilde lograría mantenerse con éxito en la clandestinidad y sería clave en mantener el contacto con Madrid en los años más duros. Las resistentes como Clotilde estaban especialmente expuestas porque eran el punto de contacto externo. El personaje traía la supuesta carta de un histórico militante llamado Emiliano Wandelmer quien había sido secretario provincial de las JSU. Wandelmer había sido excarcelado en 1943; tanto Emiliano como su padre Pedro y su hermana Mercedes, habían tenido un compromiso público en defensa de la República y como militantes del PCE y eran muy conocidos en Guadalajara. Tras la entrada de la tropas fascistas fueron detenidos y el padre, Pedro Wandelmer, un hombre ya de edad que no obstante llegó a ser oficial del EPR, fue ejecutado, así como Ángel Waldelmer de 22 años y anarcosindicalista. Otros miembros de la familia, como Nieves, Victoriana, Joaquina o Mercedes también sufrieron cárcel y persecución.

Emiliano Wandelmer, encarcelado en Porlier había sido torturado; el odio a su familia y a su militancia valiente le había convertido en una víctima a la que destruir y aplastar moralmente. Los resistentes sabían que Wandelmer había sobrevivido, pero existía el temor de que se hubiera quebrado moralmente y estuviera, ya en libertad, siendo utilizado por la Brigada Político Social (BPS) para romper la seguridad de la resistencia. No había pruebas de que hubiese traicionado, pero las condiciones de lucha eran tan terribles que la sospecha bastaba para tener que tomar medidas preventivas. Antonio Cañadas Dombríz, militante libertario que había sido detenido en los mismos días que Emiliano, en sus memorias inéditas (Cañadas, FMGU) señala que le vigilaron y gracias a ello: (…)Supimos que Waldelmer [sic] era el traidor porque a los que sí se habían reunido con él, les extrañó que a la reunión que él habia convocado y que fue sorprendida por la policia, no acudió el sujeto y le vieron por la calle con algún policía de la Social (…)

Emiliano Wandelmer, secretario general de las JSU de Guadalajara en 1936

Emiliano Wandelmer, secretario general de las JSU de Guadalajara en 1936

Sospechando que el visitante que decía venir en nombre de Wandelmer era un policía o un infiltrado, Clotilde Ballesteros, quien ya entonces participaba activamente en la actividad clandestina del PCE, se hizo la tonta y mintió al sospechoso asegurándole que ya había abandonado toda actividad política y que estaba ocupada sólo en su hijo y su nuevo marido, también encarcelado. El visitante insistió y se entrevistó con otros militantes en libertad, entre ellos con Francisco Mayoral, ex-secretario de organización de las JSU de Guadalajara, quien acababa de salir de la cárcel. Mayoral avisó de la manera más discreta posible a todos los militantes que pudo, no sin antes poner vigilancia y seguimiento al individuo sospechoso, que desapareció tras varias visitas, al comprobar seguramente el escaso eco de sus propuestas. (García Bilbao, X., 2008)

Pedro Wandelmer, padre de Emiliano Wandelder

Pedro Wandelmer, veterano luchador comunista de Guadalajara, fusilado en mayo de 1940.

La lucha en la ciudad estaba muy centrada en recomponer lazos y en apoyar a los encarcelados y sus familias fundamentalmente, pero en las zonas de sierra de la provincia los guerrilleros se mantenían en armas, si bien en situación muy precaria. La capital, una ciudad de 20.000 habitantes donde en 1939-40 llegaron a estar encarcelados simultáneamente 5000 personas, era tan sólo uno de los espacios de lucha, el «llano» y la «montaña» eran los otros. Por el «llano» se entendían las poblaciones rurales y por la «montaña» las zonas agrestes en las que se mantenían los guerrilleros. El llano ayudaba a la montaña. En ese apoyo a la actividad guerrillera el PCE clandestino fue uno de los pilares fundamentales. Guadalajara formaba parte del corredor de la Cordillera Central que permitía conectar el centro y sur con el camino a Francia, pero la principal zona de resistencia fue el Alto Tajo, en las fronteras con Teruel y Cuenca. Entre 1947 y 48 hubo hasta 35 detenciones de vecinos de Ocentejo, Peralejos de las Truchas y otros pueblos de la zona, que fueron acusados de «apoyo a bandoleros» (García Bilbao, X. [et al], 2010)
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La actividad clandestina del PCE siguió a pesar de todas las dificultades. Una, y no poco importante, era la de contactar con la estructura del partido a nivel nacional y de esa forma con la dirección en el exilio. Hay informes en la documentación de Jesús Monzón donde Guadalajara aparece claramente conectada con la dirección del partido en 1945 (AHPCE.Informes-jacq3). Tras la masacre de cientos de militantes en los primeros años de la dictadura, los encarcelamientos masivos y las deportaciones, la represión no cesó. Las multas, el expolio, los despidos, la persecución diaria que llegó a suponer la muerte civil de los que se habían atrevido a plantar cara al golpe y defender la República eran una cruda realidad que aplastaba cualquier intento de resistir; recordemos a comunistas como Antonio Buero Vallejo, luego famoso autor teatral, o a Ramón de Garcíasol, periodista y poeta, quienes tras sobrevivir a la guerra, la cárcel y eludir la muerte, se vieron obligados a un duro exilio interior. Buero Vallejo, en fecha tan tardía como 1980, era discutido por parte de la sociedad bienpensante de la ciudad y se entorpeció el darle su nombre a un Instituto de Bachillerato apelando a su condición de comunista.  

En medio de este panorama, muchas personas abandonaron la ciudad y fueron a Madrid o a otras provincias. El PCE resistió porque la voluntad de lucha de sus militantes fue absolutamente heroica, pero las condiciones de aislamiento y represión supusieron el desgaste brutal de la generación joven que había conocido la República y luchado en la guerra, siendo los años 40 una época de resistencia que acabó por agotarla.

La salida de la cárcel de los supervivientes de la represión inicial les llevó a encontrar una Guadalajara devastada moralmente y con toda la vida civil en manos de un régimen totalitario donde no había lugar para los que no quisieran rendirse. Las redes de apoyo a presos y familias, una solidaridad antifascista ejemplar, abarcaba a todos, incluidos militantes socialistas y libertarios, aunque las tensiones derivadas del golpe de Casado se hicieron sentir siempre. Tras 1944 y hasta el 49, la actividad guerrillera y con ella el paso por Guadalajara de partidas y cuadros procedentes de Francia en ruta a otras zonas de actividad generó un repunte de la represión y del control. Una nueva oleada de encarcelamientos y juicios se cebó entre los resistentes, llevando de nuevo a la cárcel a muchos de ellos.

A primeros de los cincuenta, la situación era de devastación. Persistían redes de veteranos militantes y el PCE mantenía contacto con la dirección en Madrid y Francia, pero la actividad era sobre todo de resistencia moral, no dejarse vencer, como primer objetivo. Surgieron dos retos: el primero fue la reproducción generacional, los mayores anteriores a la guerra estaban muertos, prisioneros, en el exilio o agotados, sólo un reducido grupo mantenía la red clandestina. Los más jóvenes, sobre todo los antiguos militantes de las JSU, ahora ya en plena madurez, serian de nuevo fundamentales en la lucha, pero era preciso incorporar a las nuevas generaciones a la militancia. El otro reto era la lucha sindical. El PCE orientó su lucha al frente del trabajo y a la lucha en los sindicatos del régimen. Desde los cincuenta hasta los años 70, la historia del PCE sería sobre todo la lucha en el movimiento obrero; la fabrica de VICASA en Azuqueca de Henáres, atrajo obreros de toda España, principalmente de Extremadura y se convertiría en un punto clave de la nueva organización del partido. 

Nunca se perdió el contacto con la dirección, pero hemos de esperar a los años 60 para encontrar una red de células del PCE que eran ya nuevas, fruto de la nueva dinámica política y no un eco de la guerra y la primera resistencia. El veterano combatiente Sixto Agudo sería encargado en los 60 de establecer renovadas líneas de comunicación entre la estructura clandestina y la dirección en Francia. El PCE mantiene una red en Guadalajara, con ramificaciones en Molina de Aragón o Sigüenza. Romero Marín, miembro del Comité Central del PCE, acude a Guadalajara en 1962 y mantiene contactos directos con la estructura clandestina gracias a Esteban Hernández Maestre, un joven albañil que había tomado el testigo de los viejos militantes y actuaba como organizador y nudo de la red, junto a su compañero Goyo Muela . Un piso clandestino en la calle Horno de San Gil de Guadalajara pasó a ser un punto clave de la red. En 1968, con jóvenes obreros emigrantes, la  actividad clandestina se relanzó. La Brigada Político Social conocía los nombres de todos los represaliados supervivientes y les tenía sometidos a vigilancia periódica, igual que con los cuadros más activos que estaban en los sindicatos. Vigilar para conocer y conocer para neutralizar era la pauta seguida por la Brigada Político Social en ese periodo. En 1969, Antonio Cezón, obrero de la fábrica Bressel, Antonio Rico, un obrero de Segovia, Juan Ignacio Begoña y Francisco Palero, entre otros, tejen ya una amplia red. La policía les vigila y detiene y maltrata cuando les parece conveniente, pero no lograrán impedir su actividad. La represión de la BPS es constante, siendo su afán tener localizados todos los posibles focos de resistencia. Pese a su historial de crímenes y torturas, los policías de la BPS escaparan impunes en la Transición.

Entre 1964 y 1976, el Tribunal de Orden Público, el famoso TOP, 32 personas de Guadalajara serán condenadas. El primero de ellos fue Enrique Aguado Marco, natural de Cobeta, con 51 años, condenado (Causa 106/64 TOP) por propaganda ilegal —distribución de Mundo Obrero— a 10.000 ptas. y un año de cárcel; Anastasio García, de Mandayona, fue detenido siéndole incautados ejemplares de Mundo Obrero, Nuestra Bandera, Fraternidad y Metal (revistas del sindicato clandestino), resultando condenado a dos años de prisión y una fuerte multa. Serían los primeros condenados en esta nueva etapa del franquismo que no cesaría hasta las elecciones del 77. Policías y jueces de la dictadura seguirían en sus puestos sin ser cuestionados. 

La trayectoria del PCE en nuestra ciudad desde los años 60 hasta la transición será tratada en otro artículo. pero podemos citar como principal determinante desde los años 50, no tanto la actividad represiva del régimen, sino la nueva línea de «Reconciliación Nacional» implantada desde 1956. Como consecuencia de esa línea, la renovación generacional acabaría por producir una fractura moral entre los veteranos de la resistencia y los cuadros jóvenes de orígen católico o de familias del régimen que se encargarían de aplicar las nuevas directrices; en ellas, la memoria de la lucha de la resistencia resultaba inconveniente. La disolución del sistema de células por centro de trabajo o actividad y la adopción de una estructura de agrupaciones territoriales acabó por destruir los lazos comunistas que en difíciles circunstancias habían logrado mantener durante tantos años.

Se puede decir que a pesar de la dura represión y del ensañamiento contra los comunistas alcarreños, en todos los años de dictadura no hubo ni un sólo día en el que no hubiera una célula clandestina comunista en Guadalajara empeñada en su lucha contra la dictadura franquista.

En 1979, Clotilde Ballesteros y Trifón Cañamares García, volvieron al pueblecito de Mirabueno. Clotilde había eludido la cárcel y en 1951 marchó a Viella y luego a Barcelona donde militó en la clandestinidad. Trifón Cañamares, aquel valiente joven militante de las JSU comisario de compañía en la 49 BM, natural de Cendejas de Enmedio (Guadalajara), había mantenido su militancia en el PCE todos aquellos años. En Mirabueno, Trifón y Clotilde defendieron la candidatura al ayuntamiento de su partido, el PCE, y lo hicieron con la sinceridad y fortaleza de corazón que había caracterizado a los militantes de su generación. En 2014, los jóvenes de la UJCE de Guadalajara le dieron el nombre de Trifón Cañamares a su agrupación provincial, y el propio Trifón, emocionado, firme y lúcido a sus 103 años, pudo dirigirse a ellos, evocar a cuantos entregaron sus vidas por un ideal de paz y justicia social y transmitir el hilo rojo de la memoria que se necesita en las batallas del presente y el futuro.

Hernández Sánchez, F., El PCE en la guerra civil, Tesis doctoral, UNED, 2010.

Garcia Bilbao, X., La represión franquista en Guadalajara, Silente 2010-

—, «Entrevista con Francisco Mayoral, militante JSU Guadalajara, 01/10/2008», FMGU)

—, «Entrevista con Jesús Salas, miembro de la resistencia antifranquista Guadalajara, 02/07/2014, FMGU)

Xulio García Bilbao
. Foro por la Memoria en Guadalajara

@memoriaguada

http://www.memoriaguadalajara.es

 

Tropas fascistas en la ciudad de Guadalajara en uno de los desfiles posteriores a la ocupación de la ciudad. Archivo FMGU

Tropas fascistas en la ciudad de Guadalajara en uno de los desfiles posteriores a la ocupación de la ciudad. Archivo FMGU

LA OCUPACIÓN MILITAR DE GUADALAJARA Y EL REGRESO DE LOS PRESOS DESDE ALICANTE.

28 de marzo de 1939, tras tres años de infructuosos intentos, las tropas fascistas italianas tomaron finalmente Guadalajara. Los mussolinianos tuvieron ese “privilegio” como compensación por su humillante derrota en la batalla de Guadalajara dos años antes, en los campos alcarreños de Brihuega en marzo de 1937.

tres meses después, el 17 de junio, una expedición de falangistas alcarreños fue a Alicante para detener y traer a 50 Guadalajareños capturados en el puerto de Alicante. Se encontraban repartidos por diversos improvisados campos de concentración en toda la ciudad : La plaza de toros, la cárcel, el castillo de Santa Bárbara y el tristemente campo de Albatera, entre otros.

ellos se hallaban los tres alcaldes republicanos. Antonio Cañadas, Facundo Abad y Marcelino Martín, y varios alcaldes de la provincia. Fueron paseados en camiones y sometidos a escarnio por la calle mayor, en algo parecido a un auto de fe. Estos fueron los inicios de una época de opresión y persecución de los democratas que arrastó a 7169 alcarreños (un 4,5% de la población en 1939) condenados bajo el régimen de Franco. 822 de ellos (incluyendo 13 mujeres) fueron fusilados mediante un simulacro de juicio. Y hasta 1700 murieron en la cárcel, paseados en cunetas o en los campos nazis (89 concretamente). La democracia tiene una deuda con todos ellos

Estos fueron los cincuenta presos de la expedición que recorrieron en camionetas la ciudad, a través de la calle Mayor, calle Museo, Ramón y Cajal, la Carrera, Virgen del Amparo y allí finalmente a la Prisión Central. Todos fueron maltratados y varios de ellos fueron fusilados tras un simulacro de juicio:

Aurelio Cañadas Ortego, Atilano Navarro Iglesias, Emiliano Muñoz Cubero, Mariano Pardo Delgado, Vicente Rodríguez Castilla, José Pérez Barba, Julio Sánchez Morán, Facundo Abad Rodilla, Juan Antonio García Torres, Mariano Colina Lozano, Felix Medrano Navarro, Humberto Melero Carillo, Antonio Palacios Rodrigálvarez, José Barcelona Causapié, Luis Calvo de la Fuente, Telesforo Ballesteros Alique, Lorenzo Martínez Ruano, Emilio Hurtado Romo, Luis Cravioto Balboa, Jesús Notario Gil, Dionisio Ciruelas Irala, Miguel Ruiz Luna, Lucio Blanco Utrilla, Servando Cambronero Luna, Saturnino Recio Cebrián, Federico Muñoz Guijarro, Wenceslao Jiménez Pérez, Román Esteban Garcilópez, Isidro Bodega Fernández, Quintín Cliveros Delgado, Gregorio Tobajas Blasco, Gabriel Crespo Ruiz, Eloy Sánchez Inglés, Eleuterio Escolín Ambite, Doroteo Cabrera Antón, Marcelino Martín Martínez del Arco, Valentín Martínez Fernández, Benito Calero Vázquez, Santos Esteban González, Porfirio Sánchez Navas, Marciano Alfonso Cubillo, Rafael Pardo Borda, Marcelino Viejo Canalejas, Antonio Cañadas Ortego, Modesto Gil García, Andrés Arralde, Antonia Álvarez Redondo, Isabel Sacristán López, Julián Vera Ramírez. 1

Sirvan estas palabras para recordar a estos hombres y mujeres de Guadalajara, y honrar su memoria. 

http://www.memoriaguadalajara.es