QUIENES ERAN: Quintín Villaverde Foguet. Asesinado en el campo nazi de Gusen

QUIENES ERAN:

Quintín Villaverde Foguet.

Asesinado en el campo nazi de Gusen

Quintín Villaverde FoguetNació el 1 de noviembre de 1902 en Masegoso de Tajuña, Guadalajara
Deportado a Mauthausen el 27 de enero de 1941. Nº de prisionero 6.598
Deportado a Gusen el 17 de febrero de 1941. Nº de prisionero 10.689
Falleció en Gusen el 9 de noviembre de 1941

Máximo Villaverde, con mucho esfuerzo, había logrado crear una gran familia. Sus dos hijos varones, Quintín y Marcelo, le ayudaban a trabajar las humildes pero productivas tierras de Masegoso de Tajuña mientras sus dos hijas cuidaban de la casa. Todo cambió con el Golpe de Estado franquista y la posterior guerra. Mientras Marcelo, por problemas de salud, no pudo combatir y se integraba en el Comité Republicano del pueblo, su hermano Quintín decía adiós a su novia para marcharse voluntario al frente de batalla.

El joven Villaverde pasó los primeros meses de la guerra luchando en los alrededores de su localidad natal. Incorporado a la 72ª Brigada Mixta del Ejército Popular, combatió en la batalla de Guadalajara e incluso participó en la reconquista de Masegoso, el 20 de marzo de 1937, que en ese momento permanecía ocupado por tropas italianas. Ese verano, su brigada fue trasladada hacia el frente de Huesca y, tras ser embolsada por las fuerzas franquistas, tuvo que escapar a Francia a través de los Pirineos. Desde el país vecino, la 72ª B.M. regresó a Cataluña para continuar la lucha. En plena Batalla del Ebro, Quintín fue ascendido a sargento. A partir de ese momento su vida se encaminó hacia la peor de las tragedias.

Perdida la guerra, huyó a Francia en febrero de 1939. Desconocemos en qué campos estuvo confinado pero sí sabemos que se alistó en una Compañía de Trabajadores Españoles del Ejército francés. Con ella fue capturado por los nazis en junio de 1940. Ya como prisionero de guerra pasó por el frontstalag de Belfort y, posteriormente, por el stalag XI-B ubicado junto a la localidad alemana de Fallingbostel, en Baja Sajonia. Allí permaneció hasta comienzos del siguiente año. El 27 de enero de 1941, Quintín entraba en Mauthausen formando parte del mayor convoy de españoles que llegó a ese campo de concentración. El tren lo abarrotaban 1.506 compatriotas. Tras la habitual “bienvenida concentracionaria”, rapado, desinfección, humillaciones…, le asignaron el número de prisionero 6.598.

Aunque es muy probable que Quintín trabajara en la temible cantera, no podemos saberlo con seguridad porque no se conserva su ficha de prisionero. Sabemos, sin embargo, que tras la cuarentena fue alojado en la barraca 13. En ella dormían, principalmente, deportados españoles como Alfonso Maeso que describió así los miedos que le atenazaban el interior de esa estancia: “Todos los días, al acabar la jornada, recostado en el suelo de la barraca, hambriento y exhausto, mi último pensamiento siempre era el mismo. Una pregunta tan terrible que sólo la podía soportar una vez al día: ¿Seguiré vivo mañana?”.

Quintín solo estuvo 20 días en Mauthausen. El 17 de febrero fue seleccionado para ser trasladado a Gusen. Formó parte de un gran convoy integrado por centenares de españoles. No sabemos si los SS le eligieron porque estaba herido, enfermo o, simplemente, porque tenían que hacer sitio para un nuevo cargamento de prisioneros. El alcarreño llegó al peor lugar en el peor momento. El otoño y el invierno de 1941 a 1942 fue el periodo en el que la inmensa mayoría de los españoles murió en Gusen. Quintín pereció el 9 de noviembre junto a decenas de prisioneros. Su muerte fue registrada por los SS a las 8:20 horas a causa de una “colitis ulcerosa”. Nunca sabremos la causa real de su fallecimiento pero, en esos meses, cientos de compatriotas fueron asesinados en Gusen a palos, fusilados, ahogados por el sistema conocido como “baño de la muerte”…

Máximo, el padre de Quintín, no conocería este fatal desenlace hasta muchos años después. Él se encontraba encerrado en la prisión de Brihuega donde había visto morir en sus brazos a su otro hijo, Marcelo, que había sido encarcelado a pesar de encontrarse gravemente enfermo; apenas logró sobrevivir tres meses a las durísimas condiciones de ese penal franquista. Los hermanos Villaverde murieron a 2.200 kilómetros de distancia, víctimas de dos de los regímenes fascistas que ensangrentaron Europa.

 

Fuente: pagina deportados.es Información y fotografía facilitada por su sobrina nieta Graciela Villaverde quien que siempre guardó cariñoso recuerdo de su tío abuelo.

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