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167824_501435916237_6288433_n76 aniversario de la muerte del brigadista Guido Picelli

El Foro por la Memoria de Guadalajara recuerda al diputado comunista Guido Picelli, muerto ante Algora en 1937

“Si cerráis el paso al futuro, lo que tendréis es una revolución”

El 5 de enero de 1937 cayó en combate ante el cerro de San Cristobal, en el frente de Guadalajara, un combatiente antifascista de primera hora, el diputado comunista Guido Picelli, capitán de la compañía de choque del batallón Garibaldi de la XII Brigada Internacional.

Fue hace mucho tiempo, pero el ejemplo de Guido Picelli, organizador de los Arditi del popolo, —la primera organización de frente popular— y de las barricadas de Parma que en 1922 humillaron a los escuadristas del fascista Italo Balbo, sigue siendo válido. Picelli fue un gran defensor de la unidad de acción de los trabajadores y de la necesidad de coordinar todas las luchas, incluyendo la respuesta armada al fascismo.

En su exilio en la URSS estudió en la escuela militar leninista junto a Lister y Modesto. Perteneció a la generación de Matteoti, Amendola y Gramsci y como ellos fue un referente moral y político para Italia y toda la Europa democrática de su época. El fascismo o la guerra les quitaron la vida pero no han podido apagar su legado.

El Foro por la Memoria de Guadalajara hace público su respeto a su figura y llama a dedicar un homenaje a Picelli en los actos a celebrar en marzo de 2013 con ocasión del aniversario de la batalla de Guadalajara. Picelli es una figura que trasciende notablemente su época y nos ofrece hoy en día un valioso referente moral. Olvidado de forma injusta en España, recuperar su memoria es una obligación ineludible. En este 5 de enero de 2013, enviamos a todos los compañeros italianos un fuerte abrazo y nos sumamos a todas las iniciativas que en recuerdo de Picelli y sus compañeros se celebren.

Estábamos equivocados: Siempre creímos con orgullo que en Guadalajara se dió la primera derrota del fascismo en un campo de batalla. Pero no fue así. La primera derrota del fascismo tuvo lugar en las barricadas de Parma en 1922 y uno de sus héroes y dirigentes fue Guido Picelli.

Foro por la Memoria de Guadalajara

Enero de 1937

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Pedro Mateo Merino durante la guerra civil, con las divisas de mayor de milicias

El pasado día 4 de diciembre, se cumplieron 100 años del nacimiento de nuestro paisano Pedro Mateo Merino, teniente coronel del Ejército Popular de la República Española, y uno de los principales luchadores antifascistas nacidos en nuestra provincia, la cual, como ya sabemos, tiene por costumbre olvidar a sus hijos ilustres, especialmente a los que lucharon por las libertades de todos.

Merino nació en la localidad campiñera de Humanes de Mohernando, (Guadalajara), el 4 de diciembre de 1912. Hubiera cumplido, por tanto, 100 años el pasado día 4. Sirva esta breve biografía como testigo y recordatorio de su fecunda vida.

Pedro Mateo Merino era hijo de unos sencillos campesinos de Humanes. Desde joven mostró inquietud e inteligencia para el estudio, y gracias a su tenacidad logró sacar el bachillerato en Madrid y posteriormente estudiar Ciencias Exactas en la Universidad Central de Madrid, aunque, como veremos, el inicio de la contienda le impidió su finalización. Desde muy joven militó en las filas republicanas y comunistas; y fue muy activo en el movimiento estudiantil (FUE y FUHA) donde luchó en pro del derrocamiento de la dictadura de Primo de Rivera y de la Monarquía. Durante ese periodo, al igual que muchos otros luchadores, sufrió persecuciones y torturas que le llevaron a la prisión en Madrid, Zaragoza y Barcelona. La sublevación fascista de 1936 le sorprendió cuando apenas le faltaba un curso para terminar la carrera de Ciencias Exactas. Decidió desde el primer momento incorporarse como voluntario a las milicias antifascistas, siendo nombrado inmediatamente capitán al mando de una compañía de milicias con la que acudió al frente de Somosierra para frenar las columnas rebeldes que venían de Burgos. Tras Somosierra, conoció los frentes de Madrid, Brunete, Teruel, Lérida, Ebro, Cataluña y de nuevo Madrid. Reconocido su valor y capacidad por los mandos, poco a poco recorrió toda la gama de cargos y empleos desde simple miliciano hasta jefe de la 101 Brigada Mixta, cuya creación le fue encomendada en mayo de 1937. Un año después, en mayo de 1938 asciendió a teniente coronel y obtiene el mando de la 35ª División del Ejército Popular de la República, con la que se batió en la batalla del Ebro, en la venta de Camposines. Obtuvo por su valentía las medallas republicanas del Valor y de la Libertad por méritos de guerra.

 Al producirse la derrota republicana marcha al exilio en febrero de 1939, primero a Francia y después a la URSS, donde cursó estudios militares superiores en la Academia Militar Frunze. También se gradúa en Ciencias Económicas.

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Merino (4º izda) en la Academia Frunze de Moscú, acompañado de varios españoles: Juan Modesto, Francisco Romero Marín, Enrique Líster, Manuel Tagüeña,, Artemio Precioso, Sixto Agudo. etc.

Al comenzar la II Guerra Mundial participó en la guerra contra el nazismo, luchando en la defensa de Moscú y desarrollando, como otros españoles, actividades militares docentes en la propia academia Frunze, dada su experiencia en combate y en el mando. En los años de postguerra desempeñó funciones técnicas en el Ejército Yugoslavo y fue  ascendido a coronel; más tarde enseñó español y estudió ingeniería en Praga (Checoslovaquia).

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Pedro Mateo Merino en 1986, fecha de la publicación de sus memorias

 Merino ejerció diez años como técnico en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, donde además revalidó su título en Ciencias Económicas.  Después de treinta y tres años de exilio, regresó a España en 1970, donde vivió hasta su muerte, falleciendo en la madrileña localidad de Móstoles el 19 de noviembre de 2000. Una muerte que pasó casi totalmente desapercibida , excepto por una breves reseñas en el diario El País y en Mundo Obrero. Nunca, que sepamos, ha sido Merino honrado con ningún homenaje ni reconocimiento. Algunos militantes militantes de Izquierda Unida le recuerdan en las asambleas locales de IU o del PCE, o sentado en un banco de la Concordia, tomando tranquilamente el sol.

Sirvan estas líneas como reconocimiento a uno de los jefes del Ejército Popular que más altas puso las cotas del valor, del sentido del deber y de la capacidad técnica militar que logró alcanzar el Ejército Popular Regular (EPR) de la República española., creando un ejército de la nada, sin apenas medios, y en tiempo record. Todo un ejemplo de una vida consagrada a defender la libertad y los intereses de la clase trabajadora.. No en vano, sus memorias, publicadas en 1986, se titulan “Por vuestra libertad, y por la nuestra”.

Memorias del humanense Pedro Mateo Merino, publicadas en 1986.

Jose Luis de Luz, en la foto de su carnet miitar durante la guerra

24 de noviembre de 2012

Ha fallecido Francisco de Luz Polanco, conocido como “José Luis” por sus amigos y familiares.

José Luis ha sido quien mas testimonios e información ha aportado en la investigación sobre la guerra y la represión franquista en Tendilla, su pueblo. En el cementerio de Tendilla, junto a sus padres, descansa ahora para siempre, José Luis.

“Si franco no trae a los moros…nosotros no perdemos la guerra” lo decía convencido y me lo repitió muchas veces en tantas y tantas tardes que conversamos. Yo quería saber de mi abuelo Saturnino, que era hermano de su padre, y él me contó cuanto sabía. Mi interés y sus ganas de contar fueron en aumento. Su memoria era prodigiosa y día tras día durante muchas tardes escuche, pregunté y recogí sus testimonios. No solo me contó de mi abuelo sino también de su padre, Gregorio de Luz, de la “tía Colaca”, los “Chifolas”, Julio Salamanca, María Sánchez y Cartés, Manuel Nuevo, Lucía Sánchez, Antolina …y de él mismo. Con su inestimable ayuda pude conocer y después contrastar los hechos que sucedieron en Tendilla durante la guerra y la criminal represión que le siguió.

José Luis: “….tenía 19 años cuando se produjo el levantamiento contra la República. Primero estuve en el frente del Jarama, en el 4º batallón de choque íbamos en la 1º línea con el “Campesino” y Líster. Fueron dos mese tranquilos, debajo de Morata de Tajuña, Chinchón y San Martin de la Vega, los otros estaban en el “Pingarrón”. Hubo alguna refriega pero poco, si que pasé mucho frío durante las 6 horas de guardia en el parapeto. Estábamos tan cerca que anochecido se sentía hablar al enemigo, cuando les llevaban el rancho…Después me mandaron a Valdecilla por tres meses. Cuando acabó lo del Jarama tuve dos días de descanso y pasé por el pueblo, luego fui para Castellón y de allí al frente norte de Zaragoza y de Huesca. Fue en este último destino donde me cogieron preso junto a toda la brigada. El enemigo, la mayoría, vestía con gorro rojo como si fuesen requetés o regulares, pero eran moros. Nos hicieron un cerco, en herradura, nos cogieron prisioneros. Si franco no trae a los moros…nosotros no perdemos la guerra.
Disparamos cuanto pudimos con aquellos mosquetones españoles pero estábamos sin escapatoria, murieron muchos y el capitán puso pañuelo blanco en la bayoneta y nos rendimos… Nos llevaron presos a un corral improvisado del pueblo cercano y luego a Zaragoza, después a la zona nacional de Santoña donde estuve 4 meses… Pasamos mucha hambre y mucha miseria. Sin comer, sin desayunar, era una comida muy pobre, algunas castañas cocidas y poco más. Donde nos cogieron prisioneros, sin aseo mínimo, sin agua, nos cortaban la barba con la máquina del pelo, había piojos a mansalva. De allí me llevaron a Miranda de Ebro y estuve haciendo trincheras, pistas, puentes volados… en el BATALLÓN DE TRABAJADORES Nº 50 Gramut, Lérida, Borges Blancas …me pusieron a cavar trincheras por toda Cataluña, Lérida…Después toda la quinta fue reclutada por los nacionales. Tuvimos que servir como soldados del ejército nacional durante tres años “La mili de Franco”. Mi padre sería trasladado de Guadalajara a la prisión de Astorga y recuerdo una vez que regresando a casa pasé por allí para visitarlo; yo iba vestido de soldado nacional y casi me veo haciéndole guardia en la prisión. Cuando me licencié estuve en Madrid, en casa de la tía Balbina, Norberto había muerto durante la guerra, mi padre seguía preso o desterrado y a tu abuelo le habían matado”.
Conchi de Luz Medel
Foro por la Memoria de Guadalajara
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 Canuto Pedro Marcos Centenera, veterano militante de la CNT. 

 Ha fallecido a los 92 años de edad.  Fue enterrado el pasado dia 10 de octubre.

Crónica y fotos: Xulio Garcia Bilbao

Canuto, al poco de alistarse en la 49 Brigada Mixta.

Pedro, como le llamaba su familia, fue primero miliciano en el Batallón Rosemberg, y posteriormente soldado de la 49 Brigada Mixta, ambas unidades creadas en Guadalajara.  Posteriormente fue sargento de tanques, hasta el final de la guerra. Tras la contienda estuvo preso en un Batallón penal en Teruel.  

Su hermano de Emiliano Marcos Centenera, militante como él, de la CNT, fue fusilado en marzo de 1940. 

Nos ha dejado un gran luchador. Le despedimos en el cementerio de Guadalajara rodeado de banderas rojinegras. Ha sido enterrado junto a su hermano en el cementerio civil de Guadalajara.  El féretro, cubierto con una bandera de la CNT y otra republicana, fue transportado a hombros por militantes de la CNT. Julián Vadillo Muñoz le dedicó unas palabras en nombre de la central anarcosindicalista y del Foro por la Memoria. 

Entierro de Canuto, llevado a hombros por sus compañeros de CNT y acompañado por su viuda y familiares.

Echaremos de menos a este querido compañero.  Que la tierra te sea leve.

Entrevista en video realizada a Canuto por el Foro por la Memoria (Fragmento)

http://www.youtube.com/watch?v=mqnxxmAYy5M

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Artículo del periódico CNT de noviembre de 2009

Seré anarquista toda la vida” Una militancia anarquista en Guadalajara

Canuto Pedro Marcos Centenera

Cronica: Julián Vadillo Muñoz

Fotos: Xulio Garcia Bilbao

Son 90 años los que jalonan la vida de este anarquista. Pelo blanco, mirada alegre y muy dicharachero. Sentado en su sofá y junto a sus dos muletas, pues hace unos años que las piernas le dan la lata a la hora de caminar. Pero a medida que se conversa con él se ve que las ganas de luchar y la confianza en un presente y futuro libertario no las han aniquilado toda la represión y las desgracias que ha tenido en su vida.

Canuto Pedro Marcos Centenera (aunque a él le gusta que le llamen Canuto) nació en  Guadalajara un 19 de enero de 1920. Sus padres, cercanos a la UGT, eran originarios del pueblo guadalajareño de Tórtola de Henares. Recuerda su infancia, que fue de mucha necesidad, hambre y miseria. La vida de la España del momento era muy difícil. Con apenas 8 años tuvo que empezar a buscarse la vida: daba de comer a los cerdos, recogía leña del monte, etc. No había derecho para la educación de los pobres. Siempre fue un aficionado a las vaquillas y al toreo y recuerda como jugaba con sus amigos en el barrio de El Chorrón.

Canuto (de pie), junto a otro compañero, en el invierno de 1936.

Su vinculación a la CNT viene ya en los años republicanos, cuando contaba con unos 14 años. Y fue por influencia de su hermano, Emiliano Marcos Centenera, que fue uno de los impulsores del sindicato en la capital alcarreña. Recuerda como en aquel tiempo la gente estaba mucho más unida, como en las manifestaciones la UGT y la CNT iban de la mano. Como el anarcosindicalismo impulso una pequeña escuela en San Estaban. Allí tenían una amplia biblioteca donde pudieron leer a los clásicos.

Al sublevarse los militares contra la República tiene que salir hacía El Clavín (una zona de Guadalajara) Recuerda como se refugiaron los militares en el Alcázar y un primo suyo, militar republicano, informa a las fuerzas leales a su llegada a Guadalajara. Ortiz de Zárate, el militar rebelde de Guadalajara, es ejecutado por las fuerzas leales.

Canuto se enrola en las milicias y el 2 de agosto parte con el Batallón Rosemberg hacia Sigüenza. Retroceden por la pérdida de la ciudad de El Doncel. Tras la militarización forma parte de la 49 Brigada Mixta, que era mayoritariamente comunista. Entra en combate en la batalla de Guadalajara, si bien no está en el epicentro de la lucha, ya que su unidad estaba más cerca de Jadraque.

Tras la Batalla de Guadalajara pasan a Don Benito, donde la sed corría a toda la tropa. Un teniente  comenzó a beber agua y al querer hacer lo mismo Canuto, el teniente se la quita. Ni corto ni perezoso Canuto le asesta un cabezazo al teniente. Aprovechan ello para darle la baja por menor de edad.

Vuelve a Guadalajara pero se vuelve a enrolar y le manda a Archena (Murcia), a la Academia de Fuerzas  Blindadas. Allí estuvo mes y medio instruido por profesores soviéticos. Salen para Nules, pero les  sorprende el corte que la zona republicana tiene a la altura de Vinaroz. La salida se hace pues a Extremadura. En eso Canuto asciende en el Ejército Popular de la República y alcanza el grado de sargento.

El final de la Guerra le coge en Levante y trata de ir a Valencia primero y luego a Alicante para partir al exilio. Al estar atrapados va hacia Almansa. Una frase de Canuto es conmovedora: No se puede expresar con palabras cuando vi el primer Tercio y la bandera de los sublevados. La Guerra se ha perdido. Fue retenido y agredido, pero pudo escapar. Llega hasta Aranjuez. Allí se encuentra con su paisano Agustín Yela. Recuerda el hambre que pasó.

A su vuelta a Guadalajara comienza el calvario de Canuto. La represión se comienza a cebar con los elementos que han luchado al lado de los leales. Y ellos son anarquistas. Un tío suyo es ejecutado. Pero quizá la muerte más sentida para Canuto fue la de su hermano Emiliano. El 9 de marzo de 1940 es ejecutada la pena de muerte que sobre el pesada. Estaba preso en Guadalajara. Fueron a llevarle comida y le dijeron que lo habían trasladado. Preguntó donde, pero no obtuvo respuesta. Canuto sabía que lo habían matado. Baja al cementerio y le dicen que allí no está.

Emiliano Marcos Centenera, hermano de Canuto asesinado el 9 de marzo de 1940, en las tapias del Cementerio de Guadalajara, a los 25 años. Era soldado de aviación y dirigente de la CNT

Sube al Ayuntamiento de Guadalajara y le dicen que efectivamente ha sido ejecutado esa mañana y que su cuerpo está en el cementerio. El dolor que sentía no se podía expresar. Va a recoger dinero para poder comprar un caja para su hermano. Se lo facilita su novia (hoy su compañera). Reconoce a su hermano. Recuerda de forma triste (y que todavía nos llena de rabia) como cuando enterraban a Emiliano, el cura y los falangistas de Guadalajara se reían. Después de esto ¿hace falta preguntar para qué sirve la memoria histórica?

Placa dedicada por Canuto a su hermano asesinado en 1940: Fue varias veces vandalizada por fascistas y restaurada por Canuto.

Aun así Canuto esta un año tras la Guerra en Guadalajara. Es movilizado y, al estar fichado por anarquista, lo llevan a Teruel, a un Batallón de Trabajadores. En Teruel estuvo 2 años, con más de 1000 guadalajareños. Allí conoció a otros anarquistas. Uno, que aun vive en Francia, todavía conserva su amistad. Y me mostró fotografías de aquel momento.

Canuto ( señalado con un circulo) durante su estancia en un batallón de castigo en Teruel, como muchos jovenes defensores de la República que tuvieron que además hacer la mili castigados en batallones penales

Vuelve a Guadalajara y se coloca como camarero. Luego pasa a trabajar en la construcción. Recuerda como los falangistas le insultaban y escupían. Le dijeron que le iban a hacer lo mismo que a su hermano. Los falangistas hicieron que Canuto durmiera más de una noche en el campo.

Siguió manteniendo contacto con miembros de la CNT alcarreña. Recuerda como en 1942 detuvieron a unos cuantos. Se salvó por poco de quema. Aun así son años de terror y miedo. Eso paralizó cualquier intento de reestructurar nada.

Cuando murió Franco sintió alegría. Pero no tanta por verle morir en la cama. Como todos los represaliados soñaban con derribar al dictador en vida y que diera explicación de su criminal conducta contra la humanidad.

Participó de la reestructuración de la CNT. Pero todavía le atenazaba el miedo de la dictadura, por lo que su compromiso no fue tan alto.

Este anarquista de 90 años sigue fiel al ideal. Considera que la democracia no tiene seriedad. Cree que hay una falta de escrúpulos en los sindicatos y que tan solo se salva la CNT. Las opiniones del PP le enfadan muchísimos. Son los neofranquistas llenos de corrupción.

Cuando hace unos años retiraron las estatuas de Franco y José Antonio Primo de Rivera de Guadalajara (campaña que estuvo impulsada por la CNT) sintió alegría. ¿Cómo no la iba a sentir, si de las calles alcarreñas desaparecían el ejecutor de su hermano (y de tantos miles de compañeros) y el inductor ideológico de esos crímenes?

Canuto, acompañado de sus familiares, una de las últimas veces que acudió al Primero de Mayo

Su solución sigue estando en el anarquismo. En él ve la única salida en nuestra sociedad. Por ello cree que tenemos que dar más de sí. Su opinión es que hay que afearles la actitud a CCOO y UGT

Seré anarquista toda la vida” sentencia. Y nosotros contigo, compañero.

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Reseña: LA REPRESIÓN SOBRE UN PUEBLO. DURÓN EN LA MEMORIA (1936-1939)

Poco a poco se va completando interesante e importantes estudios sobre la represión franquista. A las grandes obras, y dejando a un lado los debates sobre si lo que existió fue un holocausto, un genocidio o un régimen de terror, se van uniendo estudios locales donde se muestra cual fue realmente la dimensión de esa represión. Nos encontramos con pueblos donde no pasó nada durante el periodo bélico pero que tras la contienda sufrió la represión de los vencedores. Porque una cosa si que tiene que ir quedando meridianamente clara para afrontar nuevos estudios. Tras el último parte de guerra del 1 de abril de 1939, en España no se instaura la paz sino la victoria.

Uno de los pueblos que nos muestra perfectamente la labor de “limpieza” que el franquismo se propone es el guadalajareño de Durón. Y la recuperación de esta memoria se la debemos a P. Carlos Paramio y su obra Durón en la memoria (1936-1939). Carlos Paramio no es nuevo en estas lides de la recuperación de la memoria. En el año 2010 editaba la que hasta ahora es la obra más voluminosa sobre la represión en la provincia de Guadalajara: La represión franquista en Guadalajara. Esta última escrita junto a Pedro y Xulio García Bilbao, fundadores e impulsores del Foro por la Memoria de Guadalajara. En la obra sobre Durón, editada también por la editorial Silente, Paramio nos adentra en la historia de su pueblo que es también la historia de su propia familia.
Durón es un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, cercano a otros núcleos de población más importantes de la zona como Trillo, Cifuentes o Sacedón. Como casi todos los pueblos de la provincia estaban fuertemente influenciados por el caciquismo que el Conde de Romanones imponía a Guadalajara. Al proclamarse la República, Durón comenzó a atisbar algunos conatos de modernización, si bien de forma muy lenta, como en casi todos los pueblos de Castilla. En aquellos momentos comienza a desarrollarse un movimiento obrero plasmado en el desarrollo de sociedades de la Unión General de Trabajadores. También, y casi coincidiendo con las elecciones de 1936, existía en la población una pequeña agrupación de Izquierda Republicana.
Durante la Guerra Civil, Durón hizo lo que se realizó en casi todos los pueblos de la retaguardia republicana. El Ayuntamiento o Consejo Municipal lo detentó las organizaciones existentes del Frente Popular, se desarrollaron colectivizaciones, se gestionó directamente la sociedad y la economía, etc. Inexistentes fueron los casos de represión en aquellos momentos (tan solo unos casos y donde no existía responsabilidad de gente del pueblo) e incluso se cuidaron de que no existiese una destrucción de su patrimonio artístico. Incluso a pesar de la cercanía de las zonas de conflicto en la provincia de Guadalajara, Durón solo representó un lugar de refugio para decenas de personas que huían del terror.
Razones había de sobra para que nadie temiese que les sucediese algo tras el conflicto bélico. Pero Carlos Paramio nos muestra bien que tras la Guerra Civil el pueblo sufrió una terrible represión. No solo por el encarcelamiento y ejecución de algunos de sus vecinos. Sino por la imposición del miedo que el régimen franquista desarrolla. Los casos que plasma Carlos, perfectamente sostenido por documentación que reproduce en la obra, muestra hasta que punto la vesania del fascismo se impone.
Sin embargo, hasta hace poco, el pueblo de Durón todavía tenía placas conmemorativas para “los caídos por Dios y por España”. Placas que se reproducen en decenas de pueblos de la provincia de Guadalajara. Por el contrario, para las victimas republicanas, solo les cubre un manto de olvido, que hacen que obras como las de Carlos Paramio sean de enorme trascendencia e importancia.
Sin embargo todavía nos queda por pulir algunas cosas. No solo han sido cuatro décadas de represión en España. Han sido también tres décadas largas de desmemorias y de lugares comunes, que en muchas ocasiones nos hacen generalizar cuestiones que no dejaron de ser anécdotas o excepciones. Por la obra de Carlos conocemos como el desarrollo de las organizaciones del Frente Popular en Durón fue tardío. A excepción de la Casa del Pueblo, poco más existió en Durón hasta el inicio de la Guerra. Con la guerra se desarrollan estructuras hasta entonces desconocidas. Surge el PCE, encabezado por la mayoría de estos ugetista, y la CNT, la otra gran organización sindical de la España republicana. Y es en este aspecto donde el libro de Paramio establece conclusiones generales a partir de aspectos particulares del pueblo, lo que puede incitar a la confusión y a la deformación de una historia ya de por sí trágica.
No se nos oculta que en la retaguardia republicana quedaron muchos elementos partidarios del golpe de Estado. Falangistas, derechistas que se valieron de las propias organizaciones frentepopulistas y que tras la guerra actuaron como delatores. La Quinta Columna estaba organizada y muchos de sus integrantes tenían carné de diversas organizaciones de izquierda.      En el pueblo de Durón, la CNT fue fundada por elementos derechistas, que tras la Guerra actuaron como chivatos y agentes del franquismo.
Pero esta cuestión no nos puede llevar a afirmar, como hace Carlos en el libro, que si se produjo esta situación fue por una política de puertas abiertas de la CNT y por una visceralidad anticomunista (como se afirma también en algunas otras). Estas afirmaciones categóricas caen por su propio peso cuando investigamos la propia historia del movimiento libertario. Y ante ellos podemos considerar algunas cuestiones:
A la CNT no le hacía falta una política de puertas abiertas para afianzar sus estructuras, pues era el sindicato mejor establecido en España, y que antes de la Guerra aglutinaba a casi 1500000 de trabajadores. Quizá otras organizaciones podrían haber optado más por ella, pues las estructuras sindicales estaban plenamente establecidas en España.
Durante la Guerra Civil la CNT, a través de sus plenos y comicios (se pueden consultar en los diversos archivos del movimiento obrero) se dotó de mecanismo para intentar evitar la infiltración en sus filas. Por ejemplo se establecieron dos tipos de carnet: uno color marrón, que era el de toda la vida de la organización, y otro rojinegro que se le daba a todos aquellos que se afiliaron tras julio de 1936. Una política de seguridad para tener controlados a los nuevos afiliados. Igualmente un acuerdo organizativo establecía que solo podrían tomar cargos en la organización aquellos militantes que tuviesen una antigüedad, como mínimo, tres meses anterior al golpe de Estado. Solo en casos contados no se cumplió este punto.
Decir que la CNT afiliada a derechistas por visceralidad anticomunista es como decir que el PCE lo hacía por visceralidad antianarquista. Ambas afirmaciones que no se sostienen.

    Quiso la casualidad que en Durón un derechista desarrollará (muy tardíamente) las estructuras de la CNT. Y que se valió de ella para coger cargos de responsabilidad y luego actuar conforme a sus ideas al finalizar la Guerra. Pero esa política de infiltrados en diversas organizaciones no fue exclusiva de la CNT. Tres ejemplos:
En la ciudad de Alcalá de Henares, la mayoría de los derechistas y quintacolumnistas que se presentaron como tal a la finalización del conflicto, habían estado afiliados a la UGT.
Uno de los delatores de más renombre en este país fue Roberto Conesa, después “supercomisario”, que estuvo afiliado a las JSU durante la Guerra Civil en Madrid.
La mayoría de los derechistas en Aragón se afiliaron al PCE, por la sencilla razón de que este partido defendía la propiedad frente a la política de colectivización animada por la CNT (y también por la UGT)

    La conclusión es que no se pueden establecer categorías, conclusiones tan tajantes sobre lo que sucedió. No existió una política de puertas abiertas en la CNT. No fue la organización de los quintacolumnistas.

    Aun con todo estamos ante una obra de investigación seria, trabajada, en la línea de cómo se tiene que investigar. El caso de Durón es un ejemplo más de lo que sucedió en España en la larga noche de la dictadura. Felicitar a Silente por el trabajado de edición, al Foro por la Memoria de Guadalajara por dar cobertura a estos hechos, y a Carlos por su trabajo de investigación animando a seguir por esta línea. Recomiendo comprar y leer el libro. Todavía quedan muchos “Durones” que recordar.

Julián Vadillo Muñoz

7 de marzo de 1917 en Brihuega (Guadalajara) – 25 de abril de 2007 Sant Adrià del Besós (Barcelona)

Tomasa Cuevas

El 25 de abril de 2007 falleció Tomasa Cuevas, luchadora, militante comunista durante la Guerra Civil. Tenía 90 años, nació el 7 de marzo de 1917 en Brihuega (Guadalajara). Esta es parte de su historia, escrita por Eugeni Madueño en 2006:
Sábado por la tarde. En el gran edificio geriátrico que el Fòrum ha dejado en el sudeste del Besòs hay más animación de la habitual. Las familias aprovechan el fin de semana para visitar a los ancianos. Hay bullicio en el vestíbulo y trasiego en los ascensores. En una luminosa habitación de la tercera planta está Tomasa Cuevas, con la que brindaremos por sus recién cumplidos 89 años. La encontramos de espaldas, sentada en su silla de ruedas, absorta contemplando más allá del ventanal el solar en el que hace poco había una cochera de autobuses y dentro de nada habrá un enjambre de pisos. La llamamos varias veces por su nombre, pero es inútil. Sólo descubre nuestra presencia cuando la tocamos. A su “columna vertebral maltrecha, su diabetes y sus problemas cardiacos y de visión, con artritis aguda, efectos de la edad, ciertamente, pero también secuelas de encarcelamientos y torturas”, habrá que añadir la sordera que el audífono de su oreja izquierda no consigue mejorar.- ¡¡¡Tomaaassaaaa, cada díaaaa estás más guapaaaa!!! – grita el único amigo que viene a verla regularmente y que hoy hace de embajador. Tomasa se vuelve y abraza entre aspavientos de alegría al amigo común, mientras a mí me mira con recelo. Pero es sólo por un momento. Al poco, Tomasa, que habla en proporción inversa a la que oye, es decir, a gritos, me explica su larga, heroica, sufriente vida. Nació en 1917 en Brihuega, un pueblo de la Alcarria, Guadalajara, en el seno de una pobre familia de cinco hermanos. A los nueve años era una trabajadora pluriempleada. A primera hora del día repartía leche, luego trabajaba en una fábrica de género de punto, por la tarde recogía agua para los caseros y por la noche se sacaba un extra cosiendo puntos de media, todo ello para ayudara su familia. Cuando Santos Puerto, el líder comunista de la fábrica, le habló de un mundo de personas iguales y sin clases, Tomasa descubrió una fe y una religión de la que aún no se ha dado de baja.- Que conste que yo sigo pagando mi cuota al partido, dice con un sonido agudo que resuena en la habitación y se oye en toda la planta. La detuvieron por primera vez en 1934, por insultar a un guardia que maltrataba a un niño cuyos padres habían muerto en la revolución de Asturias. Tenía sólo 17 años y ya era todo un carácter. “Como toque al niño le pego una hostia y me cago en su madre”, le dijo al guardia, que, obviamente, se la llevó detenida. La guerra la pasó haciendo trabajos manuales para las Juventudes del partido, convencida de que el fascismo sería derrotado. Las cosas fueron muy distintas, y el primero en pagar las consecuencias fue su padre, que perdió el trabajo por haber consentido tener una hija comunista. Tomasa se propuso huir a Barcelona, pero un tipo de su pueblo apellidado Trallero la denunció y fue detenida en el tren donde intentó esconderse. La ingresaron en la cárcel madrileña de Ventas, donde había 189 mujeres en el corredor de la muerte esperando para ser ejecutadas y donde las condiciones de vida eran tan malas, que en el verano de 1939 morían un promedio de ocho mujeres cada noche. Fue en esa cárcel donde se enteró, con dos años de retraso, de la muerte de su padre.- Él fue para mí más que un padre, fue también mi amigo, dice ahora Tomasa en la residencia del Fòrum. Hasta los años cuarenta no consiguió llegar a Barcelona. Se enroló en un PSUC que entonces aún confiaba en derrotar el franquismo con las armas. En esa época conoció al hombre de su vida, el activista Miguel Núñez Saltor, que llegaría a ser diputado en las Cortes en las dos primeras legislaturas, además de referente político para personas como el escritor Manuel Vázquez Montalbán.- Nos juntamos en la clandestinidad, tuvimos una hija, Estrella – rememora Tomasa sin moverse de su silla de ruedas-, nos casamos años más tarde, cuando ya éramos legales, y muchos años después nos separamos. De la cárcel de las Ventas lograron salir con vida gracias a que la victoria aliada en 1945 hizo dudar a los jueces de la continuidad del franquismo. Una década después, en 1958, su compañero Núñez era un dirigente clave que actuaba como enlace entre la dirección del partido y las incipientes células universitarias de Barcelona. Su detención por los siniestros hermanos Antonio y Vicente Juan Creix fue tan sonada como las consecuencias de las torturas que éstos le aplicaron en los calabozos de Via Laietana. Núñez pasó días colgado con las esposas de una tubería. Le destrozaron la columna vertebral. Pero no delató a nadie. Eso sí, hubo de pasar diez penosos años en el penal de Burgos, mientras Tomasa conocía el de Segovia y regresaba al de Ventas. Liberada antes que él, Tomasa se marchó a Praga, y luego se reencontraron en París, hasta que tuvieron la oportunidad de volver, entre otras cosas porque personas como el editor Josep Maria Castellet o Cristóbal Garrigosa, el padre de la esposa del actual presidente de la Generalitat, les ayudaron a encontrar un trabajo en Barcelona. Luego vino la transición y el pacto que obligaba a guardar un silencio vergonzante a personas como ellos. Tomasa nunca estuvo de acuerdo con esta política. Así que entre 1985 y 1986 recorrió España, magnetofón en mano, grabando los testimonios de las mujeres que, como ella, habían sufrido en las prisiones franquistas por luchar contra el fascismo. Ordenó los testimonios y publicó tres volúmenes hoy agotados en la editorial Siroco. La profesora californiana Mary E. Giles publicó después una recopilación en inglés, Prison of women, testimonies of war resistence in Spain, y recientemente la editorial barcelonesa Icaria ha publicado una compilación de bolsillo con el título Presas.
Condecorada con la Creu de Sant Jordi en 2004, la dura experiencia personal y los libros con centenares de testimonios que Tomasa Cuevas ha dejado escritos servirán para llenar de contenido el Memorial Democràtic que ha echado a andar en nuestro Parlament.

Otros vínculos de interés sobre esta mujer luchadora:

Preso de les corts

Nodo50

CCOO 1 mayo