Tomasa Cuevas, referente de la memoria antifranquista de Guadalajara

7 de marzo de 1917 en Brihuega (Guadalajara) – 25 de abril de 2007 Sant Adrià del Besós (Barcelona)

Tomasa Cuevas

El 25 de abril de 2007 falleció Tomasa Cuevas, luchadora, militante comunista durante la Guerra Civil. Tenía 90 años, nació el 7 de marzo de 1917 en Brihuega (Guadalajara). Esta es parte de su historia, escrita por Eugeni Madueño en 2006:
Sábado por la tarde. En el gran edificio geriátrico que el Fòrum ha dejado en el sudeste del Besòs hay más animación de la habitual. Las familias aprovechan el fin de semana para visitar a los ancianos. Hay bullicio en el vestíbulo y trasiego en los ascensores. En una luminosa habitación de la tercera planta está Tomasa Cuevas, con la que brindaremos por sus recién cumplidos 89 años. La encontramos de espaldas, sentada en su silla de ruedas, absorta contemplando más allá del ventanal el solar en el que hace poco había una cochera de autobuses y dentro de nada habrá un enjambre de pisos. La llamamos varias veces por su nombre, pero es inútil. Sólo descubre nuestra presencia cuando la tocamos. A su “columna vertebral maltrecha, su diabetes y sus problemas cardiacos y de visión, con artritis aguda, efectos de la edad, ciertamente, pero también secuelas de encarcelamientos y torturas”, habrá que añadir la sordera que el audífono de su oreja izquierda no consigue mejorar.- ¡¡¡Tomaaassaaaa, cada díaaaa estás más guapaaaa!!! – grita el único amigo que viene a verla regularmente y que hoy hace de embajador. Tomasa se vuelve y abraza entre aspavientos de alegría al amigo común, mientras a mí me mira con recelo. Pero es sólo por un momento. Al poco, Tomasa, que habla en proporción inversa a la que oye, es decir, a gritos, me explica su larga, heroica, sufriente vida. Nació en 1917 en Brihuega, un pueblo de la Alcarria, Guadalajara, en el seno de una pobre familia de cinco hermanos. A los nueve años era una trabajadora pluriempleada. A primera hora del día repartía leche, luego trabajaba en una fábrica de género de punto, por la tarde recogía agua para los caseros y por la noche se sacaba un extra cosiendo puntos de media, todo ello para ayudara su familia. Cuando Santos Puerto, el líder comunista de la fábrica, le habló de un mundo de personas iguales y sin clases, Tomasa descubrió una fe y una religión de la que aún no se ha dado de baja.- Que conste que yo sigo pagando mi cuota al partido, dice con un sonido agudo que resuena en la habitación y se oye en toda la planta. La detuvieron por primera vez en 1934, por insultar a un guardia que maltrataba a un niño cuyos padres habían muerto en la revolución de Asturias. Tenía sólo 17 años y ya era todo un carácter. “Como toque al niño le pego una hostia y me cago en su madre”, le dijo al guardia, que, obviamente, se la llevó detenida. La guerra la pasó haciendo trabajos manuales para las Juventudes del partido, convencida de que el fascismo sería derrotado. Las cosas fueron muy distintas, y el primero en pagar las consecuencias fue su padre, que perdió el trabajo por haber consentido tener una hija comunista. Tomasa se propuso huir a Barcelona, pero un tipo de su pueblo apellidado Trallero la denunció y fue detenida en el tren donde intentó esconderse. La ingresaron en la cárcel madrileña de Ventas, donde había 189 mujeres en el corredor de la muerte esperando para ser ejecutadas y donde las condiciones de vida eran tan malas, que en el verano de 1939 morían un promedio de ocho mujeres cada noche. Fue en esa cárcel donde se enteró, con dos años de retraso, de la muerte de su padre.- Él fue para mí más que un padre, fue también mi amigo, dice ahora Tomasa en la residencia del Fòrum. Hasta los años cuarenta no consiguió llegar a Barcelona. Se enroló en un PSUC que entonces aún confiaba en derrotar el franquismo con las armas. En esa época conoció al hombre de su vida, el activista Miguel Núñez Saltor, que llegaría a ser diputado en las Cortes en las dos primeras legislaturas, además de referente político para personas como el escritor Manuel Vázquez Montalbán.- Nos juntamos en la clandestinidad, tuvimos una hija, Estrella – rememora Tomasa sin moverse de su silla de ruedas-, nos casamos años más tarde, cuando ya éramos legales, y muchos años después nos separamos. De la cárcel de las Ventas lograron salir con vida gracias a que la victoria aliada en 1945 hizo dudar a los jueces de la continuidad del franquismo. Una década después, en 1958, su compañero Núñez era un dirigente clave que actuaba como enlace entre la dirección del partido y las incipientes células universitarias de Barcelona. Su detención por los siniestros hermanos Antonio y Vicente Juan Creix fue tan sonada como las consecuencias de las torturas que éstos le aplicaron en los calabozos de Via Laietana. Núñez pasó días colgado con las esposas de una tubería. Le destrozaron la columna vertebral. Pero no delató a nadie. Eso sí, hubo de pasar diez penosos años en el penal de Burgos, mientras Tomasa conocía el de Segovia y regresaba al de Ventas. Liberada antes que él, Tomasa se marchó a Praga, y luego se reencontraron en París, hasta que tuvieron la oportunidad de volver, entre otras cosas porque personas como el editor Josep Maria Castellet o Cristóbal Garrigosa, el padre de la esposa del actual presidente de la Generalitat, les ayudaron a encontrar un trabajo en Barcelona. Luego vino la transición y el pacto que obligaba a guardar un silencio vergonzante a personas como ellos. Tomasa nunca estuvo de acuerdo con esta política. Así que entre 1985 y 1986 recorrió España, magnetofón en mano, grabando los testimonios de las mujeres que, como ella, habían sufrido en las prisiones franquistas por luchar contra el fascismo. Ordenó los testimonios y publicó tres volúmenes hoy agotados en la editorial Siroco. La profesora californiana Mary E. Giles publicó después una recopilación en inglés, Prison of women, testimonies of war resistence in Spain, y recientemente la editorial barcelonesa Icaria ha publicado una compilación de bolsillo con el título Presas.
Condecorada con la Creu de Sant Jordi en 2004, la dura experiencia personal y los libros con centenares de testimonios que Tomasa Cuevas ha dejado escritos servirán para llenar de contenido el Memorial Democràtic que ha echado a andar en nuestro Parlament.

Otros vínculos de interés sobre esta mujer luchadora:

Preso de les corts

Nodo50

CCOO 1 mayo

2 comments
  1. Tengo un recuerdo imborrable del testimonio de Tomasa Cuevas. Me ha parecido excelente la crónica de Madueño. Aquí dejo un artículo que publiqué en Nueva Alcarria en 2006: http://www.lagarlopa.com/?p=603

    • articulosmemoriaguadalajara said:

      MUCHAS GRACIAS RAÚL.
      CON TU PERMISO LO HE PUBLICADO,
      ES UN EXCELENTE ARTICULO.
      TE AVISO QUE VOY A ESCRIBIR UNO DE ELIZABETA PARSHINA JEJE ABRAZOS
      X

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