En recuerdo del capitán de milicias Fernando de Rosa Lenccini Zanetti* / Pedro A. García Bilbao

Fernando de Rosa Zanetti*, había nacido en Milán en 1908, siendo inscrito entonces como Fernando Lenccini, adoptando los apellidos de sus padres reales en 1918. Se exilió en España en 1932. Había sido subteniente del Ejercito Italiano; antifascista se vio obligado a exiliarse.

En 1929, en Bélgica, participó en un atentado fallido contra un príncipe de la casa de Saboya. . Condenado a varios años, fue indultado a los tres años y medio. En España entra a formar parte de las Juventudes Socialistas y pasó a entrenar la milicia de voluntarios. Tuvo un papel muy activo en la huelga insurreccional de 1934 en Madrid, siendo procesado por ello

Tras el triunfo del Frente Popular, Fernando de Rosa es  ya uno de los más respetados y populares jóvenes socialistas: milita en el Círculo Socialista del distrito de Prosperidad en Madrid y pasa a ser jefe de los jóvenes voluntarios socialistas que confluyen en las MAOC, las milicias creadas para oponerse a los falangistas en las calles. Es uno de los cuadros que apoyan más activamente la unificación con las juventudes comunistas. Es en esa época en la que conoce a Manuel Tagüela Lacorte, estudiante de Física en la Universidad Central y futuro destacado oficial del Ejército Popular de la República. Tagüeña nos ha dejado en sus memorias, TESTIMONIO DE DOS GUERRAS, (Planeta 1978), una excelente memoria de los últimos meses de la vida de Fernando de Rosa y de los combates y vicisitudes en los que se ve envuelto hasta su muerte en combate en septiembre de 1936.

Al producirse el golpe de estado faccioso contra la República, Fernando de Rosa organizó a sus voluntarios en Madrid y colaboraron activamente en el cerco y toma del sublevado Cuartel de La Montaña. En los días posteriores, ya con armas, formadas compañías de milicias marchó en dirección al Alto del León, en la sierra de Guadarrama, en la carretera nacional Madrid-La coruña, tomado por tropas facciosas procedentes de Valladolid. Subiendo desde el apeadero y el hospital de Tablada, en plena subida, resultó herido en los primeros combates siendo evacuado a Madrid. Pocos días después, medianamente recuperado Fernando de Rosa fue nombrado capitán de milicias y comandó el recién formado Batallón Octubre nº2, formado en el 5º Regimiento (centro de instrucción y reclutamiento de las milicias), a cuyo cabeza cayó un mes después en una acción frente a Cabeza Líjar, una posición que flanqueaba el Alto del León en la Sierra de Madrid, posiblemente alcanzado por un francotirador.

Manuel Tagüeña le recuerda de la siguiente forma:De Rosa había sido clave en la victoria sobre una columna facciosa que encabezada por un Tabor de Regulares se había inflitrado por el bosque y tomado Peguerinos en la alta sierra. El capitán De Rosa y su unidad se vieron flanqueados pero mantuvieron la posición y dejaron pasar al enemigo maniobrando después para cortarles la retirada, con la llegada de refuerzos al sector, la unidad enemiga quedó rodeada y fue aniquilada. Tagüena estuvo a su lado en esas operaciones y posteriormente en la defensa de las posiciones que amenazaban el Alto del León, estratégica posición enemiga.

Hablaba el español con fuerte acento, y tenía un gesto adusto, detrás del cual se escondía, como supe mucho después, al conocerle mejor, un idealista sentimental. (…)

Nuestro jefe, camarada y amigo fue sepultado con todos los honores militares. Fuera de su patria y lejos de los suyos había terminado prematuramente la vida de un hombre capaz de sacrificarlo todo por una causa. Fernando de Rosa no fue nunca un aventurero y menos aún un mercenario o soldado de fortuna; era un idealista al que las circunstancias lanzaron de un país a otro, siempre buscando la verdad y luchando por lo que consideraba justo. Aunque tratase de ocultarlo a los demás, era un hombre sentimental y humano detrás de una máscara de rigidez. Yo llegué a apreciarlo de veras en aquellos meses de convivencia en el frente.

El también histórico dirigente socialista italiano Pietro Nenni, director del diario Avanti nos dice;

“Cuando el 5 de agosto llegué a Madrid para ponerme a la disposición del Partido Socialista español, oí por todas partes elogios de Femando. En el frente, con él en la Sierra, tuve la alegría de comprobar hasta qué punto era estimado a cuenta de sus dotes de intuición militar. Desgraciadamente, pocos días después, el 16 de septiembre, me tocó, junto con algunos camaradas italianos, recibir su cuerpo en el Hogar de la Juventud de Madrid. En la mañana, una bala le había dado en la frente, cuando a la cabeza de una compañía, volvía a tomar la posición de Cabeza Lijar, perdida durante la noche.

Cuando pienso en esa noche, cuando vuelvo a ver los lugares donde cayó Fernando, cuando evoco de nuevo sus solemnes funerales en Madrid, siento espanto ante la crueldad del destino. Más tarde, cada vez que he encontrado a sus camaradas en diversos frentes, siempre me he preguntado: “¿A dónde hubiese llegado Fernando?” Y tengo la certidumbre de que, como Modesto, Lister o Mera, sería hoy uno de los jefes del ejército popular español. Pero no pudo ser así. Fernando duerme su último sueño en el cementerio de Madrid, al lado de otros muchos heroicos combatientes, no lejos del mausoleo de Pablo Iglesias, el abuelo del socialismo español. “

El hecho es que la muerte en el frente de la Sierra de aquel joven italiano de 28 años fue despedida con un funeral en el que participaron miembros del gobierno español, mandos del ejército y la Defensa de Madrid, pero sobre todo, por una impresionante manifestación de duelo popular. De Rosa y un oficial de la Guardia de Asalto, de apellido Mariscal, caídos el mismo día, fue conducidos en duelo desde la calle Fuencarral al Cementerio del Este tras pasar por el centro de la ciudad. La banda de música del ayuntamiento de Madrid, dirigida por el maestro Pablo Sorozabal interpretó la Marcha Fúnebre de Chopin, La Internacional y Somos la Joven Guardia.

Las tumbas aquellas de 1936 eran provisionales y como muchas de ellas, fueron destruidas a lo largo del tiempo o por la acción de la dictadura franquista, que buscó borrar de todo recuerdo lo que había sido la república y la resistencia popular. Hasta 2019 se puede decir que el paradero o suerte de la tumba de Fernando de Rosa era desconocido, o al menos de había perdido noticia de ella al punto de no saber si existía.

Pietro Nenni, en sus memorias sobre su experiencia en España, hablaba también sobre Fernando de Rosa, su unidad, su suerte y su impresionante despedida; llevados por la lectura de Nenni que indicaba una ubicación que ya no existía, en el invierno de 2019, socios de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI), investigaron en el archivo del Cementerio Civil en busca de alguna referencia y saltó la sorpresa: la tumba seguía existiendo y estaba en los registros, si bien no era el emplazamiento original.

Se pudo saber que en 1961, una mujer desconocida, Emilia Salina de Scarabello, se ocupó de dignificar el enterramiento. encargar una sepultura y lápida nueva y pagar los derechos por 99 años. Con los datos de la ubicación en la mano, los socios de la AABI llegaron al lugar y lo encontraron sepultado por una hiedra espesa que ocultaba el nombre. Despejado el espacio, se pudo ver con claridad Fernando de Rosa Zanetti 16 de septiembre de 1936 —-sus verdaderos apellidos, siendo lenccini el del marido de su madre —.  En la misma fecha de 2019, la AABI organizó un acto de recuerdo y homenaje en el que participaron miembros de la JJ.SS, la UJCE, la Federación de Foros por la Memoria y la propia AABI, estuvo presente una delegación oficial de la Embajada de la República Italiana. El acto, privado, no institucional, constó de una ofrenda floral, parlamentos de los intervinientes y el canto de la Internacional con el que se cerró el homenaje.

  • El hecho de que algunas veces su segundo apellido figure como Lencini, Lenccini o Lencioni y no Zanetti se debe a que su madre, la maestra Umberta Zanetti, no estaba casada con su padre, Francesco de Rosa, y por tanto fue inscrito al nacer como Fernando Lencioni. Lencioni era el apellido del marido de Umberta Zanetti. Al fallecer éste, el padre de Fernando De Rosa lo reconoció como hijo, asumiendo éste el apellido De Rosa.

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