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Clotilde Ballesteros Pardo  (Mirabueno, Guadalajara, 1918 – Barcelona 2011)

Clotilde Ballesteros muestra un ejemplar de “Hoz y Martillo” con su retrato. Foto AGE.

Entrevista a esta luchadora antifascista alcarreña, publicada en el diario “Mundo Flash”, el 5 de marzo de 1978, con motivo de su homenaje, junto a otras veteranas del PSUC, en el Palau de Congressos de Barcelona (19/03/78):

Cómo es una militante de base.

Clara Zetkin, marxista y feminista en una edición de tapas duras. Un piso corriente y moliente en el Baix Llobregat, que no participa de la estética habitual de los progres, y sí de la clase media española. Todo es convencional. Bueno, todo no, sobre el papel de flores que decora las paredes de la sala de estar hay fotos de Marx, Lenin y Engels. Debajo, “Pasionaria”, una de las primeras fotos que se publicaron en la prensa después del paréntesis de silencio. Un poco más lejos un póster del “Che”, aquel que los de mi generación teníamos en el piso compartido de estudiantes y que habíamos comprado en Londres, como si fuera una reliquia, en primer viaje escaso de dinero y lleno de ilusiones.

-¿Dónde naciste?

Nací en un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, en Mirabueno, en el año 1918. Hasta los diecisiete años pasé mi vida en el campo, trabajando en todas las épocas del año, Eso sí, fui a la escuela hasta los catorce años, y siempre era la primera o la segunda. Me gustaba mucho leer, pero en los pueblos no había nada para niños, así que leía libros de historia e instructivos.

Clotilde en Hoz y Martillo (1938)

La guerra.

– ¿Qué hacías en julio de 1936?

– Yo vivía en Madrid, en casa de unos señores justo enfrente del cuartel de la Montaña. El 18 salí a la calle y la gente comentaba que las tropas se habían sublevado en Marruecos.
Me asusté mucho. Escribí una carta a mi familia y creí que no los volvería a ver. Aquella noche acuartelaron las tropas, y a la mañana siguiente, cuando fui a echar la carta empezó el tiroteo. Estaba la calle desierta y desde algunos balcones se oía “Arriba España” y me vi entre dos fuegos, con la muerte cerca. Fue horrible. Allí quedaron tirados los cadáveres. El lunes las calles estaban acordonadas por la Guardia Nacional Republicana y Guardias de Asalto, y empezaron los bombardeos.
Yo estaba temerosa. Pesaba, si ganan estos matarán a mi familia, pero en aquel momento no fue así. Las fuerzas de la República salieron victoriosas. Yo no podía volver al pueblo, pero aunque era muy joven no quise permanecer inactiva y me alisté en un cuartel cercano para ir de enfermera al frente.
No sé si me llamaron, porque unos días después mis padres vinieron a buscarme.
Las fuerzas franquistas estaban muy cerca. A los pocos días de tomar la catedral de Sigüenza, tuvimos que evacuar el pueblo.
Ahí empezaron nuestros sufrimientos. Mi familia compuesta por mi madre, mis seis hermanos, la tía con dos niños pequeños la abuela de 73 años y un hermano de mi madre que le faltaba una pierna. Con dos caballerías hicimos 19 kilómetros en medio de la oscuridad. Estuvimos en Gajanejos, en un establo, pero pocos días, porque mi madre estaba a punto de tener otro hijo, así que nos fuimos a Guadalajara. A los pocos días nació mi hermano.

El partido.

– ¿Cuándo tomaste conciencia de la necesidad de afiliarte?
- En Guadalajara. Entré muy pronto en el Partido Comunista de España, avalada por unas amigas mías. Me agregaron a la secretaría femenina y estuve en el Comité de Mujeres Antifascistas. Mi trabajo fue a más en el partido hasta que ocupé el puesto de Secretaria del Comité Provincial.
Trabajamos mucho, ayudando a cubrir las necesidades de la gente que estaba en el frente.
El 8 de marzo se organizó la Jornada Internacional de la Mujer, que fue un éxito. Manifestaciones, pancartas, diarios, mítines, etc. Pero mi mayor ilusión fue cuando la camarada Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, me llamó a la Secretaría para felicitarnos por el trabajo realizado en aquella jornada. Salimos en la primera página de “Mundo Obrero” abrazadas.
Después, fui durante dos meses a un curso de formación para cuadros del partido, en régimen de internado, con resultados brillantes. Hacía reportajes en “Hoz y Martillo”, a veces con Concha Santalla y Mayo, periodistas de “Mundo Obrero”. Ibamos al frente que estaba en Humanes.

Portada de Hoz y Martillo (1938), periódico del PCE de Guadalajara, donde Clotilde ejerció como redactora. Coleccion Foro por la Memoria de Guadalajara

El 5 de marzo de 1938 me casé con Juan Raposo. Camarada del partido que había sido uno de los fundadores en la provincia de Guadalajara, y que en 1932 había ido a la Unión Soviética como delegado.
Él trabajo, dentro y fuera del partido, fue muy duro. La guerra ya había tomado un camino muy malo. La gente se estaba desmoralizando.
Otros partidos y sectores políticos estaban en desacuerdo con nosotros, que queríamos terminar la guerra ordenadamente, mientras que ellos hablaban de rendición sin condiciones.
La situación se agravó a primeros de marzo de 1939, cuando comenzaron a detener camaradas en el frente.

Citaron a nuestro secretario y a otros compañeros destacados que se presentaran en el Cuartel General del IV Cuerpo de Ejército, del que era comandante en jefe Cipriano Mera (CNT). Aquella noche, reunidos en sesión de urgencia el Comité Provincial del Partido, los locales fueron asaltados durante la reunión. Lo destrozaron, pero aún alcanzamos a quemar los papeles antes de que derribaran las puertas.
Nos llevaron detenidos. A mí me soltaron a las pocas horas porque estaba criando a mi hija de cinco meses y tenía que darle de mamar. Les pedí que me la trajeran o me dejaran salir, y me dejaron.
Aquel día terminó la guerra para nosotros. Cada día que pasaba los fascistas estaban más cerca. Yo tenía la maleta hecha para cuando soltaran a mi marido podernos marchar a algún lado, pero no fue así. Cuando entraron los franquistas ya los tenían a todos detenidos en la cárcel. Tuve vigilancia en la puerta de casa y no podía salir. No sabía nada de mi marido ni de nadie. El 12 de julio vinieron las hermanas de Juan a decirme que lo habían trasladado a Mahón, pero comprendí que lo habían matado. Me mandaron sus cosas personales. La ropa estaba rota y ensangrentada, con trozos de piel pegados. Fue algo terrible. Parece que lo mataron a golpes, aunque en el certificado de defunción que todavía conservo dice que se intentó fugar y le dispararon.
¿Y qué podía hacer yo? Sin dinero ni trabajo, y sin poder ser vista para que no me cogieran.

Juan Raposo, presidente del Socorro Rojo, muerto a golpes en la puerta de la Prisión Central.

Después del desastre.

– ¿Cómo conseguiste sobrevivir?


– La situación era muy seria. Comenzamos a reorganizarnos con algunos camaradas, para tratar de ayudar a los que estaban dentro, (en la cárcel). Entonces conocí a mi segundo marido, pero se tuvo que marchar enseguida.
Volví a casarme con él en 1944, y al poco tiempo lo detuvieron, acusado de propaganda ilegal. De los compañeros que cogieron esa vez salieron todos menos cinco.
En esa temporada volví a pasarlas moradas. Embarazada de mi segunda hija, y con la otra todavía pequeña. “ Si se salva es por su estado”, me dijeron cuando allanaron mi casa. Estuvo mi marido en dos prisiones y salió bajo fianza, Cuando se celebró el juicio, lo condenaron a más pena de la que había cumplido, y tuvo que volver. 

¿Cual era tu trabajo político?

Conseguir la propaganda. Había que ir a Madrid a buscarla, en tren, y volver a Guadalajara con los paquetes. Allí se entraba en contacto con alguien de manera muy clandestina, se le seguía sin hablar, en fin, ya sabes cosas de esas. En aquellos años, la cuestión fundamental era sobrevivir y tratar de mantener un lazo con el partido para romper el aislamiento. Por eso era tan importante la propaganda. De ahí conseguíamos saber lo que estaba pasando en el país y fuera de él, aunque con muchas limitaciones. Sabíamos lo que la dirección del partido opinaba, y de algún modo el resto de los camaradas que estaban encarcelados, aislados o dispersos.

Después de la cárcel todas las puertas se cerraron para nosotros, no había modo de encontrar trabajo. Yo cosía y mi marido también que es sastre de profesión. Perdió un par de trabajos y decidimos irnos muy lejos, a Pont de Suert, cerca de Viella, en el 51.
Tuvimos que construir una barraca, y para pagar el viaje en tren, vendimos la bicicleta. Había muchos trabajadores allí. Once años vivimos en la barraca. Mi marido consiguió entrar a trabajar en la ENHER, donde aún continúa. Fue duro. Perdimos un hijo en trágicas circunstancias. Teníamos ya cinco, uno enfermo del corazón.
Al principio fue muy aburrido, porque no había nadie de los nuestros, y no podiamos hablar. Después, poco a poco, empezamos a relacionarnos con gente, y compramos un aparato de radio y algunos trabajadores acudían a casa a escuchar “España Independiente”, que por cierto me daba mucha alegría escuchar a Sebastián Zapirain, que había sido comisario en el frente de Guadalajara y muy amigo… Por fín conocimos a Antonio Ruiz, un minero que trabajaba en Malpás que conectó con alguien y comenzaron a organizarse. Yo hacía de correo… Pero lo despidieron en seguida y no he vuelto a saber de él.

– Y luego, ¿Qué pasó después?


– Los hijos fueron creciendo, se independizaron. Vinimos a Barcelona, aquí el partido sí estaba organizado, que trabajo nos costó encontrarlo. Empezamos a hacer vida normal. Todo bien. Después de la legalización, las elecciones… hacemos lo que podemos. Soy responsable de Mujeres y Dionisio de Finanzas … y continuamos la lucha.

CARMEN UMBRÓN (Mundo Flash 05/03/1978)

Foro por la Memoria de Guadalajara, – 01/07/11

Trifón Cañamares, durante el homenaje que recibió en el Pozo. (julio 2011) Copyright Foro por la Memoria de Guadalajara

Os Deseo que me paséis en años y en salud, pero con las ideas claras”, estas han sido las palabras con las que el veterano comunista guadalajareño Trifón Cañamares, agradeció puño en alto, el homenaje dispensado en el madrileño barrio de El Pozo del Tío Raimundo por sus vecinos y camaradas de partido, con motivo de su centenario, que alcanzó en julio de 2011.

Trifón Cañamares García nació en el pueblo de Cendejas de Enmedio, en el seno de una familia de campesinos el día 3 de julio de 1911. Su padre, además de las labores del campo, tenía una pequeña carnicería. Desde pequeño vió y sufrió lo que era la injusticia y ello le motivó a rebelarse contra ella. Al inicio de la guerra civil, se afilió al Partido Comunista y en él ha seguido militante ininterrumpidamente durante 75 años. Alistándose en Jadraque como muchos jóvenes antifascistas de la zona, muy pronto fue nombrado Comisario Delegado en la 49ª Brigada Mixta del Ejército republicano, que había sido creada en Guadalajara y tenía en sus filas a un numeroso grupo de guadalajareños. Cañamares resultó dos veces herido en combate y estuvo prisionero en varias cárceles y campos de concentración. Fue condenado a muerte, conmutada a 30 años de prisión (causa 1741/39 Guadalajara).

Durante el franquismo trabajó activamente en la clandestinidad, organizando junto al padre Llanos y otros, la lucha vecinal en el Pozo del Tío Raimundo. Durante la transición colaboró en la reconstrucción del PCE en Guadalajara, así como en la elaboración de listas y candidaturas en varios pueblos, sobre todo del norte de la provincia.

Con una salud y lucidez sorprendentes, acude todavía a numerosas manifestaciones y actos políticos, acreditando fehacientemente con su vitalidad que la edad no necesariamente está reñida con el entusiasmo. Un pequeño video biográfico fue proyectado en el acto de homenaje donde además de mostrar parte de su trayectoria de muchos años de lucha militancia, el público asistente pudo observar su todavía capacidad de autonomía personal, cocinando o haciendo la compra, a pesar de su avanzada edad.

El acto, convocado por el PCE, IU y el Ateneo republicano de Vallecas, contó con numeroso público perteneciente a la asociación de vecinos del barrio y con la presencia de una representación de IU y la UJCE de Guadalajara, encabezada por el coordinador provincial de IU, José Luis Maximiliano.  Asimismo, en el mismo fue leído un comunicado de adhesión del Foro por la Memoria de Guadalajara sumándose al acto de reconocimiento “a quien ha dedicado más de 80 años de su vida a la lucha por la libertad y la democracia”. Como colofón, fue cantado el himno de las JSU, “Joven Guardia”, por todos los asistentes. El día de su cumpleaños, día 3 de julio, Trifón celebró con sus familiares su centenario, en un acto privado. 

NUEVA ALCARRIA 04/12/2006
MEDALLA DE ORO AL MÉRITO EN EL TRABAJO POR SU LUCHA Y COMPROMISO CONTRA EL FASCISMO

Tomasa Cuevas, una alcarreña contra el olvido

Raúl Conde Suárez.
Una expresa de Franco, natural de Brihuega, recogió con su grabadora el testimonio de 300 mujeres que pasaron por las cárceles durante la dictadura El Consejo de Ministros le otorgó el viernes la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo El relato desgarrador de Tomasa Cuevas y el resto de presas narra las torturas y atrocidades en las cárceles del franquismo
La memoria histórica no sólo es cuestión de sesudos historiadores o de políticos interesados, de un lado o de otro. También es un esfuerzo individual de algunas personas que, con su voluntad, han levantado acta de las barbaries que se cometieron después de la Guerra Civil. Un ejemplo extraordinario lo encarna Tomasa Cuevas Gutiérrez, nacida en Brihuega hace 89 años. Fue recluida en siete prisiones durante la dictadura y sufrió los abusos y torturas de la policía de la época. Sin embargo, decidió no callarse. A partir de 1974, tuvo el valor suficiente de coger un magnetófono, esconderlo en su bolso y grabar, de viva voz, el testimonio de más de trescientas mujeres que dieron con sus huesos en las cárceles del franquismo.

El trabajo de Tomasa Cuevas arranca en 1974, cuando pone en práctica una idea que a nadie se le había ocurrido: recorrer España e ir grabando los testimonios de mujeres que estuvieron con ella en diversas cárceles. Lo hizo por su cuenta, sin apenas medios económicos y con un magnetófono. Logró completar una trilogía de libros. El primero, “Mujeres en las Cárceles Franquistas”, fue editado por la editorial Casa de Campo en Madrid en 1982. Los otros dos volúmenes aparecieron en la editorial barcelonesa Siroco, con el apoyo de Manuel Vázquez Montalbán y Teresa Pàmies. Este año ha podido reeditarse gracias al servicio de Publicaciones de la UNED, el Instituto de Estudios Altoaragoneses y el escritor Jorge Montes Salguero, subdirector de la Biblioteca Nacional. La obra era “un librito con errores de paginación y ortográficos, pero me llamó la atención por el conjunto de testimonios que incluía y porque nadaba contracorriente del pacto de silencio de la Transición”, declara Montes a Nueva Alcarria.

El libro de Tomasa, tal como escribió el crítico de El País, rebosa “solidaridad y naturalidad”. Se trata de una mujer sin estudios pero que pasó por las prisiones de Guadalajara, Durango, Santander, Ventas, Amorebieta, Segovia y Barcelona. En 2004, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Pascual Maragall, le otorgó la Creu [Cruz] de Sant Jordi, una de las máximas distinciones que designa esta institución. Y el pasado viernes, el Consejo de Ministros le concedió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Comunista en Guadalajara

El reconocimiento, aunque valioso, le llega tarde. Tomasa vive en una residencia de Barcelona, donde reposa de su azarosa vida y de las lesiones físicas que le han dejado en una silla de ruedas. No recibe a periodistas y sólo habla con sus familiares. Su hija, Estrella Núñez Cuevas, asegura a este diario que su madre “ya no está para entrevistas ni para homenajes, lo único que quiere es descansar tranquilamente porque bastante ha hecho ya”. En la época de Blanca Calvo como directora, la Biblioteca de Guadalajara intentó organizar un homenaje, pero al final no pudo hacerse por el delicado estado de salud de la protagonista. “Antes iba mucho a Guadalajara y guardaba cierta relación con Brihuega”, apostilla Estrella de su madre.
Tomasa nace en la villa briocense el 7 de marzo de 1917. Hija de un obrero y nieta de un albañil y de un hornero, pronto tuvo que trasladarse a Guadalajara porque su padre sufrió un periodo largo de hospitalización. A pesar de que no pudo ir a la escuela hasta los seis años, organizó con apenas 14 años las juventudes del Partido Comunista en Guadalajara. Jorge Montes, director del documental “Del olvido a la memoria. Presas de Franco”, recientemente emitido por La Sexta, facilitó hace un mes y medio una copia a Nueva Alcarria. En esta producción, Tomasa Cuevas detalla aspectos de su vida y muestra su fuerte personalidad. “Yo sin estar afiliada al partido –declara- ya hacía trabajos de partido, porque camaradas de la Dirección me conocían y sabían de mi trayectoria de juventud en Brihuega”.

Torturas y exilio

La sublevación del 18 de julio de 1936 le sorprende en la capital alcarreña formando parte de las Juventudes Socialistas Unificadas, agrupación desde la que defiende a la República durante la Guerra Civil. Al acabar la contienda, es detenida y encarcelada en la prisión de Guadalajara. Condenada a 30 años de prisión, cumplió cinco. Después de cumplir su condena, es desterrada a Barcelona, donde se incorporará al Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). En 1945 vuelve a ser detenida, salvajemente torturada y trasladada a la prisión de Les Corts, en la ciudad Condal. Tomasa relata: “El comisario de la dirección de la cárcel se llamaba Polo y había dos policías hermanos. Daban muchos palos, leña a base de bien hasta desnudarme para que los palos fueran no con tela sino a la sisa, a la piel”.

En 1951 se exilia en Francia durante diez años y luego pasa nuevamente a la clandestinidad. “Si te cogían, también te sacudían allí”, recuerda Tomasa. Actualmente sigue siendo miembro de la Asociación Catalana de Expresos Políticos. “Estuve un tiempo en que trabajando con la guerrilla del partido fui a un pueblecito de Francia y llevaba una bolsa vacía pero con papeles para que abultara, allí metíamos las armas, la cerrábamos y la llave la tirábamos por si nos registraban, los policías me dijeron siéntese y cállese, me senté y a callar y llegamos a Guadalajara, tocaron el bolso para ayudarme y me dicen ‘¡uy, cuanto pesa esto!’, pues es papel lo que lleva y me dejaron marchar”.

Los primeros testimonios que recogió Tomasa Cuevas fueron en Brihuega. “Todavía existía aún el franquismo –evoca- pero de los primeros que cogí fue a la gente mía que yo conocía y ellos me conocían de Brihuega” [en la transcripción de las palabras de Tomasa en el documental aparece equivocado el nombre del pueblo ‘Brihuela’]. Aprovechó las vacaciones de una Semana Santa, posiblemente en 1974, para acercarse hasta La Alcarria y comenzar de esta forma su ingente trabajo testimonial. “Algunas cintas fueron a Francia y otras en Guadalajara, bien guardadas con gente que no había estado en la cárcel, que no tenía relación con el partido”.

El carácter luchador de Tomasa se observa en sus palabras y gestos, en su rotundidad a la hora de hablar. “Para nosotras –cuenta- la cárcel de Ventas fue como un colegio político, entrabas y te encontrabas con políticas que militaban en la juventud, en el partido [Comunista]. Ahora las cosas han cambiado políticamente, ha muerto pero existen muchos cabrones”. Tomasa explica en el documental el origen de su compromiso: “nadie me dijo tienes que luchar por esto, yo fui allá porque lo sentía dentro de mí, porque había vivido miserablemente, entre miseria no por piojos, por hambre, y eso ya jovencita me indignaba, y yo diría seguid luchando si queréis que cambie esto pero tenéis que luchar, tenéis que hacer algo”.

Castigo y represión

En opinión de Tomasa, existen muchas mujeres todavía con vida que merecen un homenaje, “sobre todo de Castilla y Andalucía”, por el sufrimiento que tuvieron que soportar tanto en su vida diaria como el tiempo que permanecieron recluidas en las prisiones. Algunos de los testimonios reunidos por la propia Tomasa son la base del documental ‘Del olvido a la memoria’. “Cuando se oía decir: te llevamos a diligencias, suponía comenzar la tortura de nuevo”, asegura en el documental Maria Salvo, una catalana, nacida en Sabadell, militante en las Juventudes Socialista Unificadas, que pasó 16 años en prisión, donde fue torturada y, como consecuencia de las palizas, no ha podido tener hijos. Otra de las participantes es Carmen Rodríguez, viuda del histórico dirigente comunista Simón Sánchez Montero, detenida en múltiples ocasiones: “recuerdo que, en Alcalá de Henares, a Simón lo pusieron en una celda solo y le pagaron. Tanto lo pegaron que, cuando salió destinado de Madrid a Burgos, llevaba las gafas atadas”.

Julia Manzanal pasó cinco años en prisión, donde murió su hija de pocos meses. Ahora, a los 91 años, recuerda con profunda emoción la despedida, en la cárcel de Ventas, de 13 mujeres menores de edad, que fueron fusiladas la madrugada del 5 de agosto del 39, en las tapias del cementerio del Este de Madrid. “Me tocó vivirlo; yo besé a las niñas, las niñas me besaron a mi, besaron a la niña y yo no pude dormir en toda la noche porque quería oír los tiros”. Concha Carretero, una de las condenadas a muerte que escapó del fusilamiento de las 13 rosas, como se denominó ese expediente de la cárcel de Ventas, una prisión con capacidad para 500 mujeres y que en esos años llegó a tener 12.000 reclusas, sentencia: “Yo hubiera preferido que me siguieran dando palos antes que ver a una compañera salir para no volver. Eso lo digo con el corazón y no encuentro palabras para describir eso porque es muy duro”.

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DETALLE

“Corrientes en los dedos, pena de muerte y violaciones”

La reedición del libro de Tomasa Cuevas “Testimonio de mujeres en las cárceles franquistas” ha propiciado la grabación de un documental “Del olvido a la memoria. Presas de Franco”, dirigido por Jorge Montes, subdirector de la Biblioteca Nacional y vicerrector de la UNED. Esta cinta recoge los testimonios de diez mujeres republicanas que sufrieron las cárceles de Franco: Tomasa Cuevas, Trinidad Gallego, María Salvo, Concha Carretero, Nieves Torres, Soledad Díaz, Angustias Martínez, Julia Manzanal, Carmen Rodríguez y Maria Cuesta, ancianas que actualmente rondan los 90 años y otras los superan. “Algunas le pusieron cuñas en las uñas; a mi cuñada corrientes en los dedos y en los pezones; a algunas las han violado”; “como primero pegan y después preguntan, me pegaron”. “Peque, nos han puesto pena de muerte. Yo le dije: pero, Virtudes, ¡te conmutarán!”. Así empieza el documental, en el que participa también la escritora Teresa Pàmies quien, en el exilio, ayudó a Tomasa Cuevas a recopilar y editar, en la trilogía “Testimonio de mujeres en las cárceles franquistas”, las experiencias de mujeres que padecieron en sus carnes la represión franquista. La escritora catalana destaca, en el documental, la importancia de la labor de Tomasa, una mujer sin estudios, nacida Brihuega (Guadalajara) que como consecuencia de las torturas que padeció durante los más de seis años que estuvo en prisión, hoy es una anciana de 89 años, con lesiones medulares que le obligan a estar en una silla de ruedas, hospitalizada en una residencia.

Ahora, la productora Lua Multimedia ha trasladado a imágenes esos testimonios en un documental en el que estas diez mujeres, que dejaron en las galerías su juventud, reflejan su lucha contra el olvido por aquellas otras mujeres que nunca volverán a ver porque fueron fusiladas y piden que se escuche su voz para que no vuelva a suceder lo que ellas padecieron. El documental recrea, en la cárcel de Segovia, imágenes de aquellos años posteriores a la Guerra Civil, cuando muchas mujeres eran llevadas por la Policía Político-Social de Franco a la Dirección General de Seguridad. En los sótanos eran sometidas a brutales interrogatorios que les han dejado secuelas para toda la vida. Durante su estancia en prisión eran continuas las visitas a estos calabozos. El documental está disponible en la Biblioteca Nacional.

Publicado el 4 Diciembre 2006
AGRADECIMIENTOS. RAÚL CONDE SUÁREZ