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Personajes

Simpatizante del Foro por la Memoria de Guadalajara, ha fallecido en Madrid, nuestra querida amiga Paz Mendieta, una mujer menuda, dulce y valiente que siempre tuvo claro que había que honrar a las víctimas de la dictadura franquista, algo que demostró con su ejemplo.

Paz Mendieta Ibarra era natural de Sacedón, una localidad de La Alcarria rodeada de pantanos, donde nació el 24 de enero de 1928. El azar ha querido que falleciera el mismo día de su cumpleaños. 

 Sus padres eran Timoteo Medieta Alcalá y María Ibarra Valdeolivas. Timoteo fue asesinado tras un simulacro de juicio, el 16/11/1939. Es uno de los 822 republicanos que fueron pasados por las armas en el cementerio de Guadalajara, entre 1939 y 1944. Otros muchos fueron directamente “paseados” en sus pueblos, sin que tuvieran siquiera la suerte de tener un juicio.

El padre de Paz tenía una carnicería en Sacedón, aunque ejerció otros muchos oficios (albañil, jornalero). El matrimonio tuvo 8 hijos, incluyendo una niña que murió al poco de nacer.

Presidente de la UGT de Sacedón, Timoteo siempre luchó por la justicia social y por mejorar las duras condiciones de los trabajadores y jornaleros del pueblo. Por ello, los caciques y sus esbirros locales hicieron contra él y otros miembros del sindicato una dura campaña, pidiendo que la gente no fuera a comprar a su tienda, cosa que muchos hacían por miedo y la mayoría, sencillamente, porque tampoco tenían dinero.

La falta de trabajo del padre sumió a la familia en la pobreza llegando a pasarlo muy mal ya incluso antes de la guerra. Cuando tenía trabajo, cada día, antes de que el propio Timoteo saliera de trabajar como albañil, la madre iba a la obra para cobrar el jornal, y con ello poder comprar y preparar la cena de cada día. Una anécdota sirve para recordar cómo la madre a veces engañaba a sus hijos para hacerles creer que habían comido. María los peinaba, lavaba y vestía con lo mejor que tenían, los sentaba en la mesa y momentos después decía : “venga, vámonos a la calle, que ya hemos comido”, cuando en realidad nadie había probado bocado. Esta situación de necesidad era repetida en muchas casas del pueblo. Sólo una buena mujer de derechas, llamada Braulia, les ayudaba.

 La madre, convaleciente todavía de un parto muy reciente, pero consciente de lo importante del hecho, fue a votar en las elecciones del 16 de febrero del 36. Paz recordaba que allí estaban esperando los hombres de Romanones, ofreciendo una simple manta o una tableta de chocolate a cambio del voto a las derechas. Tambien tomaban buena nota de quien no aceptaba su chantaje.

 Durante la guerra, el padre de Paz fue concejal. La falta de autoridad, causada precisamente por el golpe de estado, hizo que los derechistas fueran perseguidos y fueran fusiladas varias personas de derechas en el pueblo. La mayoría eran simpatizantes de Falange o de Acción Popular, en total 18 personas, que fueron asesinadas en los primeros meses de la guerra, cuando el desorden lo permitió. Las fuerzas del orden que debían impedirlo estaban muy ocupadas en el frente, luchando contra unos golpistas. La mayoria de estos asesinatos tuvieron lugar en la plaza de toros del pueblo en el mes de agosto, junto a otros que lo fueron en el término de Auñón, donde fueron enterrados. Además en diciembre, otros 4 fueron asesinados en el asalto a la cárcel de Guadalajara. Los asesinos de estas personas consideradas de derechas fueron en su mayoría milicianos forasteros, fundamentalmente de Madrid, pero sin embargo, lo pagaron los vecinos del pueblo. Tras esta terrible matanza, el comité del Frente Popular del pueblo, del que era miembro el propio Timoteo, tomó serias medidas para evitar que se produjeran nuevos actos y éstos fueron evitados. El verdadero motivo del posterior juicio y asesinato de los republicanos del pueblo, fue otro. Fue enfrentarse al golpe militar, como figura en sus condenas, que indican claramente, por “auxilio a la rebelión”, es decir, por oponerse al golpe de Franco y sus secuaces. La Causa General, elaborada por la fiscalía franquista entre 1940 y 44 para justificar los crimenes franquistas, ni siquiera fue capaz de aportar pruebas sobre los autores de los crímenes. Tampoco le interesaba. No fue hecha para establecer la verdad, sino para justificar el exterminio de los demócratas. El texto de la Causa, se limita, como macabramente ocurre en cada pueblo y localidad de España, a enumerar los nombres de las autoridades republicanas, alcaldes, concejales, miembros del Frente Popular, que “casualmente” son acusados de cualquier delito cometido durante la guerra, tuvieran algo que ver o no. Timoteo tenía todas las papeletas para ser acusado, simplemente por ser concejal y presidente de la Casa del Pueblo de UGT. Estaba condenado previamente y sólo fue sometido a lo que podemos calificar como un “simulacro de juicio”, sin pruebas, sin garantías, sin defensa, sin justicia.

Timoteo no vivió la mayor parte de la guerra allí, pues había sido movilizado en 1937, haciendo la instrucción en el pueblo de Romanones, y pasando todo el resto del conflicto en el frente del centro. Al finalizar las hostilidades, se encontraba en el madrileño barrio de Canillas, y decidió regresar a Sacedón, cosa que tuvo que hacer caminando. Tras oir las noticias de la radio, como nos recuerda su hija Chon, decidió volver tranquilamente al pueblo: “porque les habían dado una paz honrosa, él no había matado ni robado a nadie y quería estar con sus hijos”, repetía Chon con las palabras casi exactas y archirrepetidas de la Junta casadista y que a tantos engañaron. Su esposa, María Ibarra, por su parte, decidió ir al encuentro de su marido, pero ambos no se cruzaron.

 Así estaban las cosas cuando entraron los franquistas en Sacedón, iniciándose la persecución de las familias de demócratas del pueblo. Los siete hijos de la familia, que estaban sólos, se escondieron en la cámara, mientras un grupo de vecinos y falangistas del pueblo les increpaban desde la calle. Mientras, un vecino, Florentino Gil, era asesinado en la “ronda” del pueblo, siendo la primera víctima de la “paz honrosa”. No sería la última. Gil era más conocido por el “tío montaborricas”, por usar siempre ese modo de transporte. Motivo: Fue registrado y le encontraron un carnet socialista en los calcetines. Eso bastó para ser asesinado en el acto.

 Al entrar Timoteo en el pueblo, el hijo de uno de derechas del pueblo asesinado durante la guerra por las milicias, le dijo al verle pasar:  “abajo los criminales”, dándole en el hombro, como premonición de lo que le esperaba. Traía los pies destrozados de andar. Esa misma noche, un falangista local acompañado de un militar de las fuerzas de ocupación llegó a la casa cuando todos dormían y Timoteo fue detenido y trasladado a la cárcel local. Al dia siguiente, los falangistas registraron la casa pero no encontraron nada de armas ni nada de lo que buscaban.

 Paz recuerda llevar la comida a su padre preso en la “cárcel” de Sacedón. Timoteo no comía por pena y para darle la comida a sus hijos. Paz regresaba entonces con la comida de vuelta para casa.

 El ambiente de hostilidad y la escasez en la posguerra hicieron que María, la madre de Paz, se trasladara con sus hijos a Madrid en mayo del 39. Para ello vendió una borrica y los pocos bienes que tenía y todos marcharon a casa de la abuela, en el puente de Vallecas. Dormían todos en la misma habitación. Su hermano de 11 meses era arropado en la tapa de un baúl, entre sábanas.

 Al poco tiempo, Timoteo fue trasladado a Guadalajara, donde fue juzgado. Imaginamos que como la mayoría de republicanos y antifascistas que pasaron por este trago en nuestra provincia (más de 7000), Timoteo no pudo ni hablar en su “juicio”, conoció a su “defensor” apenas media hora antes de iniciarse éste, que por supuesto, era sumarísimo. Sólo apariencia de juicio, pues en realidad sólo era un grupo de criminales disfrazados de fantoches que levantaban un acta de su crimen. Por supuesto, la condena fue a muerte. Todo, juicio y sentencia en una única vista, al modo Sumarísimo.

Al poco tiempo, María, esposa de Timoteo y madre de Paz, recibió un telegrama de su hermana desde Guadalajara diciéndole que se habían enterado de que ya era el día y le iban a fusilar. Cuando María llegó a Guadalajara era demasiado tarde, no tuvo el consuelo ni siquiera de poder hacerse cargo de su cadáver, pues ya habia sido enterrado junto a 17 compañeros más fusilados ese mismo día.

 La necesidad obligó a la madre a ir al “estraperlo”, cambiando ilegalmente porcelana por aceite o judías u otros productos. Por ello en un viaje de regreso al pueblo desde Segovia, fue detenida con unas hogazas de pan como “cuerpo del delito” y condenada a tres meses de cárcel, sumiendo a los Mendieta aún más en la desesperación, pues tuvo que pagar una multa de 3000 pesetas, un capital para la época. Para poder pagar tuvo que mal vender unas fincas, lo único que tenían. Además de ello fue rapada, como tantas mujeres “rojas”. Había que estigmatizarlas, humillarlas.

Paz recordaba siempre a los republicanos asesinados de su pueblo, – el averías, el tío Chamullo, el tío Oño, el Riolas, una lista de apodos y nombres que le atormentaba por la noche, y se despertaba, añadiendo nuevos nombres a la lista. El número total de asesinados en Sacedón en la posguerra es de 64, en un número que sólo iguala la propia capital, Guadalajara, aunque Paz, sólo recuerda a unos pocos. Su motivación no tenía ni un ápice de odio ni rencor, sólo quería transmitir lo que sabía y luchar por la justicia. Honrar a esas víctimas. Nadie ha reabierto sus heridas, pues las heridas sólo se cierran cuando son curadas.

La familia prosperó con mucha lucha de todos, y gracias a ello, han vivido y viven sin rencor y con dignidad. Paz siempre tuvo orgullo de su padre asesinado por luchar por la justicia social y la democracia y de su madre, que luchó por sacar adelante a la familia a pesar de las dificultades.

Cuando era joven, compuso una sencilla poesía que le gustaba repetir, honrando a sus sacrificados padres:

Son unos fascistas malos / no podemos olvidar / que un quince de noviembre / te sacan a fusilar / siete hijos dejaste / sin dinero y sin pan / gracias a nuestra madre / que ella supo luchar / Te sacaron de la cárcel / te subieron al camión / te llevan a Guadalajara / a darte la ejecución / Fuiste un padre muy bueno / y un marido mejor”.

Cuando volvieron al pueblo, años después de la guerra, nunca han tenido problemas con nadie, excepto algún comentario en las primeras veces. Paz quiso transmitir esto para que no se repita y para que se sepa el sufrimiento de su familia. Su madre María se puso de luto al ser su marido fusilado y ya nunca se lo quitó. Luchó siempre por su familia. 

Paz, y su hermana Ascensión, han sido las mejores luchadoras para recuperar esta memoria familiar. Cada año, el día 1 de noviembre, acuden a la tumba de su padre, al que pudieron finalmente recuperar, a poner unas flores. Durante el homenaje organizado cada año por los familiares, las dos hermanas han honrado siempre con emoción su memoria y la de todos los asesinados. El pasado 1 de noviembre, estuvimos con ellas, y asistimos a cómo descubrieron que algunas de las tumbas habían sido vandalizadas con terribles golpes, entre ellas, la de su padre. Casualmente donde decía: “muerto por defender la democracia” ha quedado la marca de un gran golpe asestado con una piedra o maza. Ahí dejaron claras sus intenciones los vándalos que cometieron el acto.

Sirvan estas palabras de recuerdo para Paz Mendieta Ibarra y de pésame para toda su familia, empezando por su querida hermana Chon.

Xulio García Bilbao

Foro por la Memoria de Guadalajara.

(Todos los datos han sido recogidos por el Foro por la Memoria de Guadalajara en varias entrevistas a las hermanas Mendieta, grabadas en 2009 en su casa de Madrid).

Paz Mendieta, durante su entrevista con el Foro por la Memoria (2009)

Timoteo Mendieta y Maria Ibarra el día de su boda.
María Ibarra con sus hijos. A la izda de la imagen Paz, y a la dcha Ascensión
Paz y Chon en el homenaje de 2010
La lápida vandalizada.
Ascensión y Paz Mendieta con María Ballesteros, hija y sobrina de fusilados tambien en Sacedón

Clotilde Ballesteros Pardo  (Mirabueno, Guadalajara, 1918 – Barcelona 2011)

Clotilde Ballesteros muestra un ejemplar de “Hoz y Martillo” con su retrato. Foto AGE.

Entrevista a esta luchadora antifascista alcarreña, publicada en el diario “Mundo Flash”, el 5 de marzo de 1978, con motivo de su homenaje, junto a otras veteranas del PSUC, en el Palau de Congressos de Barcelona (19/03/78):

Cómo es una militante de base.

Clara Zetkin, marxista y feminista en una edición de tapas duras. Un piso corriente y moliente en el Baix Llobregat, que no participa de la estética habitual de los progres, y sí de la clase media española. Todo es convencional. Bueno, todo no, sobre el papel de flores que decora las paredes de la sala de estar hay fotos de Marx, Lenin y Engels. Debajo, “Pasionaria”, una de las primeras fotos que se publicaron en la prensa después del paréntesis de silencio. Un poco más lejos un póster del “Che”, aquel que los de mi generación teníamos en el piso compartido de estudiantes y que habíamos comprado en Londres, como si fuera una reliquia, en primer viaje escaso de dinero y lleno de ilusiones.

-¿Dónde naciste?

Nací en un pequeño pueblo de la provincia de Guadalajara, en Mirabueno, en el año 1918. Hasta los diecisiete años pasé mi vida en el campo, trabajando en todas las épocas del año, Eso sí, fui a la escuela hasta los catorce años, y siempre era la primera o la segunda. Me gustaba mucho leer, pero en los pueblos no había nada para niños, así que leía libros de historia e instructivos.

Clotilde en Hoz y Martillo (1938)

La guerra.

– ¿Qué hacías en julio de 1936?

– Yo vivía en Madrid, en casa de unos señores justo enfrente del cuartel de la Montaña. El 18 salí a la calle y la gente comentaba que las tropas se habían sublevado en Marruecos.
Me asusté mucho. Escribí una carta a mi familia y creí que no los volvería a ver. Aquella noche acuartelaron las tropas, y a la mañana siguiente, cuando fui a echar la carta empezó el tiroteo. Estaba la calle desierta y desde algunos balcones se oía “Arriba España” y me vi entre dos fuegos, con la muerte cerca. Fue horrible. Allí quedaron tirados los cadáveres. El lunes las calles estaban acordonadas por la Guardia Nacional Republicana y Guardias de Asalto, y empezaron los bombardeos.
Yo estaba temerosa. Pesaba, si ganan estos matarán a mi familia, pero en aquel momento no fue así. Las fuerzas de la República salieron victoriosas. Yo no podía volver al pueblo, pero aunque era muy joven no quise permanecer inactiva y me alisté en un cuartel cercano para ir de enfermera al frente.
No sé si me llamaron, porque unos días después mis padres vinieron a buscarme.
Las fuerzas franquistas estaban muy cerca. A los pocos días de tomar la catedral de Sigüenza, tuvimos que evacuar el pueblo.
Ahí empezaron nuestros sufrimientos. Mi familia compuesta por mi madre, mis seis hermanos, la tía con dos niños pequeños la abuela de 73 años y un hermano de mi madre que le faltaba una pierna. Con dos caballerías hicimos 19 kilómetros en medio de la oscuridad. Estuvimos en Gajanejos, en un establo, pero pocos días, porque mi madre estaba a punto de tener otro hijo, así que nos fuimos a Guadalajara. A los pocos días nació mi hermano.

El partido.

– ¿Cuándo tomaste conciencia de la necesidad de afiliarte?
- En Guadalajara. Entré muy pronto en el Partido Comunista de España, avalada por unas amigas mías. Me agregaron a la secretaría femenina y estuve en el Comité de Mujeres Antifascistas. Mi trabajo fue a más en el partido hasta que ocupé el puesto de Secretaria del Comité Provincial.
Trabajamos mucho, ayudando a cubrir las necesidades de la gente que estaba en el frente.
El 8 de marzo se organizó la Jornada Internacional de la Mujer, que fue un éxito. Manifestaciones, pancartas, diarios, mítines, etc. Pero mi mayor ilusión fue cuando la camarada Dolores Ibárruri, “Pasionaria”, me llamó a la Secretaría para felicitarnos por el trabajo realizado en aquella jornada. Salimos en la primera página de “Mundo Obrero” abrazadas.
Después, fui durante dos meses a un curso de formación para cuadros del partido, en régimen de internado, con resultados brillantes. Hacía reportajes en “Hoz y Martillo”, a veces con Concha Santalla y Mayo, periodistas de “Mundo Obrero”. Ibamos al frente que estaba en Humanes.

Portada de Hoz y Martillo (1938), periódico del PCE de Guadalajara, donde Clotilde ejerció como redactora. Coleccion Foro por la Memoria de Guadalajara

El 5 de marzo de 1938 me casé con Juan Raposo. Camarada del partido que había sido uno de los fundadores en la provincia de Guadalajara, y que en 1932 había ido a la Unión Soviética como delegado.
Él trabajo, dentro y fuera del partido, fue muy duro. La guerra ya había tomado un camino muy malo. La gente se estaba desmoralizando.
Otros partidos y sectores políticos estaban en desacuerdo con nosotros, que queríamos terminar la guerra ordenadamente, mientras que ellos hablaban de rendición sin condiciones.
La situación se agravó a primeros de marzo de 1939, cuando comenzaron a detener camaradas en el frente.

Citaron a nuestro secretario y a otros compañeros destacados que se presentaran en el Cuartel General del IV Cuerpo de Ejército, del que era comandante en jefe Cipriano Mera (CNT). Aquella noche, reunidos en sesión de urgencia el Comité Provincial del Partido, los locales fueron asaltados durante la reunión. Lo destrozaron, pero aún alcanzamos a quemar los papeles antes de que derribaran las puertas.
Nos llevaron detenidos. A mí me soltaron a las pocas horas porque estaba criando a mi hija de cinco meses y tenía que darle de mamar. Les pedí que me la trajeran o me dejaran salir, y me dejaron.
Aquel día terminó la guerra para nosotros. Cada día que pasaba los fascistas estaban más cerca. Yo tenía la maleta hecha para cuando soltaran a mi marido podernos marchar a algún lado, pero no fue así. Cuando entraron los franquistas ya los tenían a todos detenidos en la cárcel. Tuve vigilancia en la puerta de casa y no podía salir. No sabía nada de mi marido ni de nadie. El 12 de julio vinieron las hermanas de Juan a decirme que lo habían trasladado a Mahón, pero comprendí que lo habían matado. Me mandaron sus cosas personales. La ropa estaba rota y ensangrentada, con trozos de piel pegados. Fue algo terrible. Parece que lo mataron a golpes, aunque en el certificado de defunción que todavía conservo dice que se intentó fugar y le dispararon.
¿Y qué podía hacer yo? Sin dinero ni trabajo, y sin poder ser vista para que no me cogieran.

Juan Raposo, presidente del Socorro Rojo, muerto a golpes en la puerta de la Prisión Central.

Después del desastre.

– ¿Cómo conseguiste sobrevivir?


– La situación era muy seria. Comenzamos a reorganizarnos con algunos camaradas, para tratar de ayudar a los que estaban dentro, (en la cárcel). Entonces conocí a mi segundo marido, pero se tuvo que marchar enseguida.
Volví a casarme con él en 1944, y al poco tiempo lo detuvieron, acusado de propaganda ilegal. De los compañeros que cogieron esa vez salieron todos menos cinco.
En esa temporada volví a pasarlas moradas. Embarazada de mi segunda hija, y con la otra todavía pequeña. “ Si se salva es por su estado”, me dijeron cuando allanaron mi casa. Estuvo mi marido en dos prisiones y salió bajo fianza, Cuando se celebró el juicio, lo condenaron a más pena de la que había cumplido, y tuvo que volver. 

¿Cual era tu trabajo político?

Conseguir la propaganda. Había que ir a Madrid a buscarla, en tren, y volver a Guadalajara con los paquetes. Allí se entraba en contacto con alguien de manera muy clandestina, se le seguía sin hablar, en fin, ya sabes cosas de esas. En aquellos años, la cuestión fundamental era sobrevivir y tratar de mantener un lazo con el partido para romper el aislamiento. Por eso era tan importante la propaganda. De ahí conseguíamos saber lo que estaba pasando en el país y fuera de él, aunque con muchas limitaciones. Sabíamos lo que la dirección del partido opinaba, y de algún modo el resto de los camaradas que estaban encarcelados, aislados o dispersos.

Después de la cárcel todas las puertas se cerraron para nosotros, no había modo de encontrar trabajo. Yo cosía y mi marido también que es sastre de profesión. Perdió un par de trabajos y decidimos irnos muy lejos, a Pont de Suert, cerca de Viella, en el 51.
Tuvimos que construir una barraca, y para pagar el viaje en tren, vendimos la bicicleta. Había muchos trabajadores allí. Once años vivimos en la barraca. Mi marido consiguió entrar a trabajar en la ENHER, donde aún continúa. Fue duro. Perdimos un hijo en trágicas circunstancias. Teníamos ya cinco, uno enfermo del corazón.
Al principio fue muy aburrido, porque no había nadie de los nuestros, y no podiamos hablar. Después, poco a poco, empezamos a relacionarnos con gente, y compramos un aparato de radio y algunos trabajadores acudían a casa a escuchar “España Independiente”, que por cierto me daba mucha alegría escuchar a Sebastián Zapirain, que había sido comisario en el frente de Guadalajara y muy amigo… Por fín conocimos a Antonio Ruiz, un minero que trabajaba en Malpás que conectó con alguien y comenzaron a organizarse. Yo hacía de correo… Pero lo despidieron en seguida y no he vuelto a saber de él.

– Y luego, ¿Qué pasó después?


– Los hijos fueron creciendo, se independizaron. Vinimos a Barcelona, aquí el partido sí estaba organizado, que trabajo nos costó encontrarlo. Empezamos a hacer vida normal. Todo bien. Después de la legalización, las elecciones… hacemos lo que podemos. Soy responsable de Mujeres y Dionisio de Finanzas … y continuamos la lucha.

CARMEN UMBRÓN (Mundo Flash 05/03/1978)

Emilia Cañadas, presidenta de honor del Foro por la Memoria de Guadalajara

Foro por la Memoria de Guadalajara, – 22 diciembre 2011

Nombrada en la asamblea anual de socios que ha celebrado el colectivo memorialista

 

 

Emilia Cañadas Dombriz, veterana luchadora por la democracia y la liberdad durante la dictadura franquista y la transición,  ha sido nombrada presidenta de honor del Foro por la Memoria de Guadalajara.

Cañadas Dombriz  fue una de las impulsoras, en 1979,  del pequeño monumento a los guadalajareños muertos por la libertad y la democracia en nuestra provincia, instalado en el antiguo cementerio civil de la ciudad.  El monumento, que tiene caracter privado, fue financiado por suscripción pública entre ex represaliados políticos y sus familiares.

El nombramiento se ha producido en el seno de la Asamblea General de socios del Foro por la Memoria, celebrada el día 21 de diciembre en Guadalajara. La homenajeada ha agradecido con palabras emocionadas el nombramiento y ha animado a los miembros del Foro a “seguir luchando”. Cañadas es hija de Antonio Cañadas Ortego, alcalde democrático de Guadalajara al iniciarse la guerra civil, fusilado en 1939.  Emilia fue, asimismo, una de las personas de nuestra provincia que figuraba en las “listas negras” de la llamada “operación cuchillo”, es decir, las personas que debían ser asesinadas por grupos ultraderechistas en caso de triunfar el golpe militar del 23 F y que cuya cifra alcanzaba a 3000 personas en todo el estado.

La asamblea del Foro por la Memoria ha analizado sus actividades en el año que cierra, y definido sus proyectos para el año 2012, que incluyen la edición de un nuevo libro y la celebración de unas jornadas sobre memoria democrática y antifascista en nuestra ciudad. La Junta directiva ha renovado en sus puestos a Pedro Alberto García Bilbao, presidente, Óscar de Marcos, secretario, y Xulio García, tesorero y portavoz y ha contado con las incorporaciones de dos nuevos vocales: Julian Vadillo y Lidia Abel Vállez.

Foro por la Memoria de Guadalajara

http://www.memoriaguadalajara.es/

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Foro por la Memoria de Guadalajara, – 01/07/11

Trifón Cañamares, durante el homenaje que recibió en el Pozo. (julio 2011) Copyright Foro por la Memoria de Guadalajara

Os Deseo que me paséis en años y en salud, pero con las ideas claras”, estas han sido las palabras con las que el veterano comunista guadalajareño Trifón Cañamares, agradeció puño en alto, el homenaje dispensado en el madrileño barrio de El Pozo del Tío Raimundo por sus vecinos y camaradas de partido, con motivo de su centenario, que alcanzó en julio de 2011.

Trifón Cañamares García nació en el pueblo de Cendejas de Enmedio, en el seno de una familia de campesinos el día 3 de julio de 1911. Su padre, además de las labores del campo, tenía una pequeña carnicería. Desde pequeño vió y sufrió lo que era la injusticia y ello le motivó a rebelarse contra ella. Al inicio de la guerra civil, se afilió al Partido Comunista y en él ha seguido militante ininterrumpidamente durante 75 años. Alistándose en Jadraque como muchos jóvenes antifascistas de la zona, muy pronto fue nombrado Comisario Delegado en la 49ª Brigada Mixta del Ejército republicano, que había sido creada en Guadalajara y tenía en sus filas a un numeroso grupo de guadalajareños. Cañamares resultó dos veces herido en combate y estuvo prisionero en varias cárceles y campos de concentración. Fue condenado a muerte, conmutada a 30 años de prisión (causa 1741/39 Guadalajara).

Durante el franquismo trabajó activamente en la clandestinidad, organizando junto al padre Llanos y otros, la lucha vecinal en el Pozo del Tío Raimundo. Durante la transición colaboró en la reconstrucción del PCE en Guadalajara, así como en la elaboración de listas y candidaturas en varios pueblos, sobre todo del norte de la provincia.

Con una salud y lucidez sorprendentes, acude todavía a numerosas manifestaciones y actos políticos, acreditando fehacientemente con su vitalidad que la edad no necesariamente está reñida con el entusiasmo. Un pequeño video biográfico fue proyectado en el acto de homenaje donde además de mostrar parte de su trayectoria de muchos años de lucha militancia, el público asistente pudo observar su todavía capacidad de autonomía personal, cocinando o haciendo la compra, a pesar de su avanzada edad.

El acto, convocado por el PCE, IU y el Ateneo republicano de Vallecas, contó con numeroso público perteneciente a la asociación de vecinos del barrio y con la presencia de una representación de IU y la UJCE de Guadalajara, encabezada por el coordinador provincial de IU, José Luis Maximiliano.  Asimismo, en el mismo fue leído un comunicado de adhesión del Foro por la Memoria de Guadalajara sumándose al acto de reconocimiento “a quien ha dedicado más de 80 años de su vida a la lucha por la libertad y la democracia”. Como colofón, fue cantado el himno de las JSU, “Joven Guardia”, por todos los asistentes. El día de su cumpleaños, día 3 de julio, Trifón celebró con sus familiares su centenario, en un acto privado. 

El 17 de noviembre de 2007 se descubría un cuadro en la galería de retratos de la Diputación Provincial de Guadalajara. En un emotivo acto, uno de los presidentes de la institución durante la guerra civil, Gregorio Tobajas Blasco, recibía un merecido homenaje. Con el paño que cubría el lienzo cayó también la sombra que ocultaba su memoria desde que fuera fusilado en 1940 por su adhesión al bando republicano.

Con la voz quebrada por la emoción, su nieto Francisco, agradecía a la institución “el haber permitido que esto se cierre de una vez, ya está donde tiene que estar…”. “No sabia ni como era, ahora se le ven los ojos, está la figura… con verle me siento satisfecho”. Para la presidenta de la Diputación, Mª Antonia Pérez León, fue un día feliz y recordó que su antecesor en el cargo “fue asesinado por defender unos ideales democráticos y constitucionales” con los que fue consecuente hasta el final. Rasgos de un carácter honesto y comprometido que presidieron su corta vida.

 

Una vida intensa

Gregorio Tobajas nació en Sigüenza el 17 de noviembre de 1907 en una familia de cinco hermanos. Pronto comenzó a cursar estudios en el seminario seguntino para ser sacerdote y muy joven, con apenas 22, viaja a Roma para lograr su Doctorado en Teología como atestiguan algunos pases para moverse por el Vaticano que conserva la familia. En su vuelta a España logró cierto reconocimiento en la Diócesis con “la colocación de una placa conmemorativa en la Catedral de Sigüenza con su nombre porque había completado sus estudios de teología en apenas un año cuando la norma eran tres”, recuerda su nieto Francisco Tobajas.

Una vez ordenado sacerdote fue mandado a ejercer su ministerio a Cubillo de la Sierra. En este pequeño pueblo de la provincia conoció las duras condiciones de vida de la España rural: el analfabetismo, la incultura, la miseria generalizada y “pudo compararlas con la riqueza que había visto en el Vaticano o la vida acomodada que había tenido en su infancia seguntina”, conjetura su nieto Francisco Tobajas, “debió decirse: esto no puede ser, hay que hacer que la gente aprenda porque sino esto no funciona, y a ello se dedicó”. En ese tiempo también conoció a Francisca Redondo, la maestra del pueblo, debió de enamorarse y con ella se casó por lo civil al poco tiempo abandonando definitivamente la Iglesia en 1932 y comenzando una activa vida sindicalista y política.

Afiliado a UGT y al PSOE, redactor jefe del diario “Abril”, en enero de 1936 fundaba la Federación de Trabajadores de la Tierra de Guadalajara. Su intenso trabajo recorriendo la provincia y sus cualidades de orador hicieron que rápidamente la Federación contara con 18.000 afiliados alcarreños. Un año más tarde fue elegido secretario nacional del sindicato agrario y diputado provincial, un cargo que compatibilizó con el de Gobernador. El 22 de marzo de 1938 era nombrado presidente de la Diputación, un cargo que desempeñó apenas 11 meses ya que el 23 de febrero del año siguiente la institución buscaba sustituto “por haberse incorporado al Ejército el compañero Gregorio Tobajas que lo desempeñaba”, según consta en la documentación que se conserva.

 

Durante su tiempo como presidente, en plena Guerra Civil, dos fueron sus preocupaciones principales: la gestión del Hospital Civil y el Hogar de la Infancia. Respecto a su interés en mejorar el funcionamiento del primero, queda para la historia el agradecimiento expresado el 12 de mayo de 1938 por el pleno de la Diputación al presidente Tobajas por ceder las 500 pesetas que le correspondían por gastos de representación para la instalación de una clínica para heridos de guerra en el hospital. En cuanto al hogar de la infancia, donde se recogían a niños huérfanos y los hijos de padres que estaban o iban al frente, procuró hacer “un lugar para alejarlos de la guerra para que no vieran las barbaridades que se estaban cometiendo”, en palabras de su nieto.

Al finalizar la guerra civil Gregorio Tobajas, como tantos otros republicanos, intenta salir de España pero es apresado en Alicante y recluido en la prisión del Castillo de Santa Bárbara en mayo de 1939. A finales de junio o primeros de julio de ese año fue trasladado, junto con 40 presos, a la prisión militar de Guadalajara. Durante su estancia en ella empleó su tiempo en enseñar a los presos a leer. Según el testimonio de un compañero de celda “todo su interés era que aprendieran a leer para que no los engañaran”. De aquella época queda también un puñado de cartas enviadas a sus familiares y que sugieren “viendo como su letra va perdiendo firmeza, que estaba enfermo y quizá había sufrido torturas”. También una recomendación a su mujer: impedir como fuera que sus hijos Francisco y Aída, a la que obligaron a cambiar el nombre por el de Ana porque el primero “sonaba mal”, se acercaran a la política.

Finalmente en enero de 1940 la Auditoría de la Guerra de Guadalajara le juzgaba y condenaba por adhesión al Frente Popular y por, según recoge la sentencia, “participar en actos políticos en los que se incitaba al asesinato”. Durante este tiempo su mujer se movió entre la gente a la que Gregorio había ayudado mientras Guadalajara fue republicana y destacados nombres del bando vencedor como Enrique Fluiters enviaron cartas en su defensa que, finalmente, de nada sirvieron. Antes de ejecutarle, le ofrecieron conmutar la pena si renegaba de su mujer y sus hijos y volvía a ser cura algo a lo que se negó. “Lo tenía tan claro que dio la vida por lo que pensaba, lo llevó hasta las últimas consecuencias. Tenía claro que lo único que él había hecho fue intentar ayudar a la gente que prescindió de abogado defensor en el proceso y se defendió el mismo”, apunta su nieto. El 3 de mayo de 1940 Gregorio Tobajas Blasco era fusilado en el cementerio de Guadalajara y enterrado allí mismo en un ataúd que costó 60 pesetas. Tenía 32 años.

 

Muerte y olvido

Una carpeta con algunos recortes de prensa, varias cartas, papeles de cuando estuvo en la carcel y cinco fotos es todo lo que conserva la familia de Gregorio. Tras su muerte se intentó borrar su figura de una manera sistemática: su nombre desapareció de los anales y actas de la propia Diputación, de hecho alguna que ha sobrevivido lo ha hecho por estar traspapelada, se destruyeron las fotografías que había y cualquier referencia a su paso por la institución. También la placa instalada en la Catedral había desaparecido hace tiempo y su nombre y figura fueron ejemplo “de lo que no había que ser” resume Francisco.

Su familia también sufrió represalias. “Mi abuela” recuerda el nieto, “llegó a ser como una apestada, en las tiendas la despachaban la última, le impidieron ejercer de maestra y no pudo hacerlo hasta que murió Franco y acabó la dictadura”. “También a mi padre, y esto lo he conocido hace poco porque él nunca dijo nada, le cerraron las puertas. Con 17 años hizo unas oposiciones para trabajar en un banco y, a pesar de que él creía que las había hecho bien, no le llamaban para trabajar así que fue con mi madre a ver que había pasado y el director los recibió y les dijo “no solo está aprobado sino que es el número uno con gran diferencia sobre los demás, pero hay clientes que han dicho que si Tobajas entra a trabajar aquí retiran el dinero. Así que estuvo toda la vida de dependiente en Robisco”.

Cuadro con la imagen de Gregorio Tobajs que ha sido colocado en la Diputación junto a los demás presidentes de la institución.

Cuadro con la imagen de Gregorio Tobajas que ha sido colocado en la Diputación junto a los demás presidentes de la institución.

 

Figura recuperada

Hace años la Diputación editó un libro en el que se reproducían retratos de todos los presidentes menos de Gregorio Tobajas, “entonces me dije que ya era hora de devolverlo a su sitio, porque yo sabía que mi abuelo había sido presidente pero que habían querido eliminar cualquier recuerdo suyo”, dice Francisco.

Tras unos años de espera, “se ha hecho el reconocimiento que debía tener que no es ni más ni menos que ocupar el lugar que le corresponde como presidente de la Diputación y aparezca en los archivos en los que ha de estar” y añade “con este homenaje no se abre ninguna herida, en todo caso se cierra”. Parece que pronto se le tributará otro en su ciudad natal, Sigüenza, concediendo su nombre a una calle. Para la familia, lo único que queda, “es revisar la sentencia por la que le fusilaron para eliminar el ‘si condenado’ y ya no queremos nada más”.

Actos de desagravio para un alcarreño “que hizo lo que pensó que había que hacer, que tenía unos ideales y luchó por ellos y al que las cosas le salieron así”, según su nieto; “cuya actuación fue ejemplar y del que debemos sentirnos orgullosos todos”, en palabras de la presidenta de la Diputación y que había pasado 70 años en un oscuro rincón de nuestra historia que ahora empieza a ver la luz.

 

http://elafilador.net/2009/12/gregorio_tobajas_blasco

www.memoriaguadalajara.es

7 de marzo de 1917 en Brihuega (Guadalajara) – 25 de abril de 2007 Sant Adrià del Besós (Barcelona)

Tomasa Cuevas

El 25 de abril de 2007 falleció Tomasa Cuevas, luchadora, militante comunista durante la Guerra Civil. Tenía 90 años, nació el 7 de marzo de 1917 en Brihuega (Guadalajara). Esta es parte de su historia, escrita por Eugeni Madueño en 2006:
Sábado por la tarde. En el gran edificio geriátrico que el Fòrum ha dejado en el sudeste del Besòs hay más animación de la habitual. Las familias aprovechan el fin de semana para visitar a los ancianos. Hay bullicio en el vestíbulo y trasiego en los ascensores. En una luminosa habitación de la tercera planta está Tomasa Cuevas, con la que brindaremos por sus recién cumplidos 89 años. La encontramos de espaldas, sentada en su silla de ruedas, absorta contemplando más allá del ventanal el solar en el que hace poco había una cochera de autobuses y dentro de nada habrá un enjambre de pisos. La llamamos varias veces por su nombre, pero es inútil. Sólo descubre nuestra presencia cuando la tocamos. A su “columna vertebral maltrecha, su diabetes y sus problemas cardiacos y de visión, con artritis aguda, efectos de la edad, ciertamente, pero también secuelas de encarcelamientos y torturas”, habrá que añadir la sordera que el audífono de su oreja izquierda no consigue mejorar.- ¡¡¡Tomaaassaaaa, cada díaaaa estás más guapaaaa!!! – grita el único amigo que viene a verla regularmente y que hoy hace de embajador. Tomasa se vuelve y abraza entre aspavientos de alegría al amigo común, mientras a mí me mira con recelo. Pero es sólo por un momento. Al poco, Tomasa, que habla en proporción inversa a la que oye, es decir, a gritos, me explica su larga, heroica, sufriente vida. Nació en 1917 en Brihuega, un pueblo de la Alcarria, Guadalajara, en el seno de una pobre familia de cinco hermanos. A los nueve años era una trabajadora pluriempleada. A primera hora del día repartía leche, luego trabajaba en una fábrica de género de punto, por la tarde recogía agua para los caseros y por la noche se sacaba un extra cosiendo puntos de media, todo ello para ayudara su familia. Cuando Santos Puerto, el líder comunista de la fábrica, le habló de un mundo de personas iguales y sin clases, Tomasa descubrió una fe y una religión de la que aún no se ha dado de baja.- Que conste que yo sigo pagando mi cuota al partido, dice con un sonido agudo que resuena en la habitación y se oye en toda la planta. La detuvieron por primera vez en 1934, por insultar a un guardia que maltrataba a un niño cuyos padres habían muerto en la revolución de Asturias. Tenía sólo 17 años y ya era todo un carácter. “Como toque al niño le pego una hostia y me cago en su madre”, le dijo al guardia, que, obviamente, se la llevó detenida. La guerra la pasó haciendo trabajos manuales para las Juventudes del partido, convencida de que el fascismo sería derrotado. Las cosas fueron muy distintas, y el primero en pagar las consecuencias fue su padre, que perdió el trabajo por haber consentido tener una hija comunista. Tomasa se propuso huir a Barcelona, pero un tipo de su pueblo apellidado Trallero la denunció y fue detenida en el tren donde intentó esconderse. La ingresaron en la cárcel madrileña de Ventas, donde había 189 mujeres en el corredor de la muerte esperando para ser ejecutadas y donde las condiciones de vida eran tan malas, que en el verano de 1939 morían un promedio de ocho mujeres cada noche. Fue en esa cárcel donde se enteró, con dos años de retraso, de la muerte de su padre.- Él fue para mí más que un padre, fue también mi amigo, dice ahora Tomasa en la residencia del Fòrum. Hasta los años cuarenta no consiguió llegar a Barcelona. Se enroló en un PSUC que entonces aún confiaba en derrotar el franquismo con las armas. En esa época conoció al hombre de su vida, el activista Miguel Núñez Saltor, que llegaría a ser diputado en las Cortes en las dos primeras legislaturas, además de referente político para personas como el escritor Manuel Vázquez Montalbán.- Nos juntamos en la clandestinidad, tuvimos una hija, Estrella – rememora Tomasa sin moverse de su silla de ruedas-, nos casamos años más tarde, cuando ya éramos legales, y muchos años después nos separamos. De la cárcel de las Ventas lograron salir con vida gracias a que la victoria aliada en 1945 hizo dudar a los jueces de la continuidad del franquismo. Una década después, en 1958, su compañero Núñez era un dirigente clave que actuaba como enlace entre la dirección del partido y las incipientes células universitarias de Barcelona. Su detención por los siniestros hermanos Antonio y Vicente Juan Creix fue tan sonada como las consecuencias de las torturas que éstos le aplicaron en los calabozos de Via Laietana. Núñez pasó días colgado con las esposas de una tubería. Le destrozaron la columna vertebral. Pero no delató a nadie. Eso sí, hubo de pasar diez penosos años en el penal de Burgos, mientras Tomasa conocía el de Segovia y regresaba al de Ventas. Liberada antes que él, Tomasa se marchó a Praga, y luego se reencontraron en París, hasta que tuvieron la oportunidad de volver, entre otras cosas porque personas como el editor Josep Maria Castellet o Cristóbal Garrigosa, el padre de la esposa del actual presidente de la Generalitat, les ayudaron a encontrar un trabajo en Barcelona. Luego vino la transición y el pacto que obligaba a guardar un silencio vergonzante a personas como ellos. Tomasa nunca estuvo de acuerdo con esta política. Así que entre 1985 y 1986 recorrió España, magnetofón en mano, grabando los testimonios de las mujeres que, como ella, habían sufrido en las prisiones franquistas por luchar contra el fascismo. Ordenó los testimonios y publicó tres volúmenes hoy agotados en la editorial Siroco. La profesora californiana Mary E. Giles publicó después una recopilación en inglés, Prison of women, testimonies of war resistence in Spain, y recientemente la editorial barcelonesa Icaria ha publicado una compilación de bolsillo con el título Presas.
Condecorada con la Creu de Sant Jordi en 2004, la dura experiencia personal y los libros con centenares de testimonios que Tomasa Cuevas ha dejado escritos servirán para llenar de contenido el Memorial Democràtic que ha echado a andar en nuestro Parlament.

Otros vínculos de interés sobre esta mujer luchadora:

Preso de les corts

Nodo50

CCOO 1 mayo

NUEVA ALCARRIA 04/12/2006
MEDALLA DE ORO AL MÉRITO EN EL TRABAJO POR SU LUCHA Y COMPROMISO CONTRA EL FASCISMO

Tomasa Cuevas, una alcarreña contra el olvido

Raúl Conde Suárez.
Una expresa de Franco, natural de Brihuega, recogió con su grabadora el testimonio de 300 mujeres que pasaron por las cárceles durante la dictadura El Consejo de Ministros le otorgó el viernes la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo El relato desgarrador de Tomasa Cuevas y el resto de presas narra las torturas y atrocidades en las cárceles del franquismo
La memoria histórica no sólo es cuestión de sesudos historiadores o de políticos interesados, de un lado o de otro. También es un esfuerzo individual de algunas personas que, con su voluntad, han levantado acta de las barbaries que se cometieron después de la Guerra Civil. Un ejemplo extraordinario lo encarna Tomasa Cuevas Gutiérrez, nacida en Brihuega hace 89 años. Fue recluida en siete prisiones durante la dictadura y sufrió los abusos y torturas de la policía de la época. Sin embargo, decidió no callarse. A partir de 1974, tuvo el valor suficiente de coger un magnetófono, esconderlo en su bolso y grabar, de viva voz, el testimonio de más de trescientas mujeres que dieron con sus huesos en las cárceles del franquismo.

El trabajo de Tomasa Cuevas arranca en 1974, cuando pone en práctica una idea que a nadie se le había ocurrido: recorrer España e ir grabando los testimonios de mujeres que estuvieron con ella en diversas cárceles. Lo hizo por su cuenta, sin apenas medios económicos y con un magnetófono. Logró completar una trilogía de libros. El primero, “Mujeres en las Cárceles Franquistas”, fue editado por la editorial Casa de Campo en Madrid en 1982. Los otros dos volúmenes aparecieron en la editorial barcelonesa Siroco, con el apoyo de Manuel Vázquez Montalbán y Teresa Pàmies. Este año ha podido reeditarse gracias al servicio de Publicaciones de la UNED, el Instituto de Estudios Altoaragoneses y el escritor Jorge Montes Salguero, subdirector de la Biblioteca Nacional. La obra era “un librito con errores de paginación y ortográficos, pero me llamó la atención por el conjunto de testimonios que incluía y porque nadaba contracorriente del pacto de silencio de la Transición”, declara Montes a Nueva Alcarria.

El libro de Tomasa, tal como escribió el crítico de El País, rebosa “solidaridad y naturalidad”. Se trata de una mujer sin estudios pero que pasó por las prisiones de Guadalajara, Durango, Santander, Ventas, Amorebieta, Segovia y Barcelona. En 2004, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Pascual Maragall, le otorgó la Creu [Cruz] de Sant Jordi, una de las máximas distinciones que designa esta institución. Y el pasado viernes, el Consejo de Ministros le concedió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Comunista en Guadalajara

El reconocimiento, aunque valioso, le llega tarde. Tomasa vive en una residencia de Barcelona, donde reposa de su azarosa vida y de las lesiones físicas que le han dejado en una silla de ruedas. No recibe a periodistas y sólo habla con sus familiares. Su hija, Estrella Núñez Cuevas, asegura a este diario que su madre “ya no está para entrevistas ni para homenajes, lo único que quiere es descansar tranquilamente porque bastante ha hecho ya”. En la época de Blanca Calvo como directora, la Biblioteca de Guadalajara intentó organizar un homenaje, pero al final no pudo hacerse por el delicado estado de salud de la protagonista. “Antes iba mucho a Guadalajara y guardaba cierta relación con Brihuega”, apostilla Estrella de su madre.
Tomasa nace en la villa briocense el 7 de marzo de 1917. Hija de un obrero y nieta de un albañil y de un hornero, pronto tuvo que trasladarse a Guadalajara porque su padre sufrió un periodo largo de hospitalización. A pesar de que no pudo ir a la escuela hasta los seis años, organizó con apenas 14 años las juventudes del Partido Comunista en Guadalajara. Jorge Montes, director del documental “Del olvido a la memoria. Presas de Franco”, recientemente emitido por La Sexta, facilitó hace un mes y medio una copia a Nueva Alcarria. En esta producción, Tomasa Cuevas detalla aspectos de su vida y muestra su fuerte personalidad. “Yo sin estar afiliada al partido –declara- ya hacía trabajos de partido, porque camaradas de la Dirección me conocían y sabían de mi trayectoria de juventud en Brihuega”.

Torturas y exilio

La sublevación del 18 de julio de 1936 le sorprende en la capital alcarreña formando parte de las Juventudes Socialistas Unificadas, agrupación desde la que defiende a la República durante la Guerra Civil. Al acabar la contienda, es detenida y encarcelada en la prisión de Guadalajara. Condenada a 30 años de prisión, cumplió cinco. Después de cumplir su condena, es desterrada a Barcelona, donde se incorporará al Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). En 1945 vuelve a ser detenida, salvajemente torturada y trasladada a la prisión de Les Corts, en la ciudad Condal. Tomasa relata: “El comisario de la dirección de la cárcel se llamaba Polo y había dos policías hermanos. Daban muchos palos, leña a base de bien hasta desnudarme para que los palos fueran no con tela sino a la sisa, a la piel”.

En 1951 se exilia en Francia durante diez años y luego pasa nuevamente a la clandestinidad. “Si te cogían, también te sacudían allí”, recuerda Tomasa. Actualmente sigue siendo miembro de la Asociación Catalana de Expresos Políticos. “Estuve un tiempo en que trabajando con la guerrilla del partido fui a un pueblecito de Francia y llevaba una bolsa vacía pero con papeles para que abultara, allí metíamos las armas, la cerrábamos y la llave la tirábamos por si nos registraban, los policías me dijeron siéntese y cállese, me senté y a callar y llegamos a Guadalajara, tocaron el bolso para ayudarme y me dicen ‘¡uy, cuanto pesa esto!’, pues es papel lo que lleva y me dejaron marchar”.

Los primeros testimonios que recogió Tomasa Cuevas fueron en Brihuega. “Todavía existía aún el franquismo –evoca- pero de los primeros que cogí fue a la gente mía que yo conocía y ellos me conocían de Brihuega” [en la transcripción de las palabras de Tomasa en el documental aparece equivocado el nombre del pueblo ‘Brihuela’]. Aprovechó las vacaciones de una Semana Santa, posiblemente en 1974, para acercarse hasta La Alcarria y comenzar de esta forma su ingente trabajo testimonial. “Algunas cintas fueron a Francia y otras en Guadalajara, bien guardadas con gente que no había estado en la cárcel, que no tenía relación con el partido”.

El carácter luchador de Tomasa se observa en sus palabras y gestos, en su rotundidad a la hora de hablar. “Para nosotras –cuenta- la cárcel de Ventas fue como un colegio político, entrabas y te encontrabas con políticas que militaban en la juventud, en el partido [Comunista]. Ahora las cosas han cambiado políticamente, ha muerto pero existen muchos cabrones”. Tomasa explica en el documental el origen de su compromiso: “nadie me dijo tienes que luchar por esto, yo fui allá porque lo sentía dentro de mí, porque había vivido miserablemente, entre miseria no por piojos, por hambre, y eso ya jovencita me indignaba, y yo diría seguid luchando si queréis que cambie esto pero tenéis que luchar, tenéis que hacer algo”.

Castigo y represión

En opinión de Tomasa, existen muchas mujeres todavía con vida que merecen un homenaje, “sobre todo de Castilla y Andalucía”, por el sufrimiento que tuvieron que soportar tanto en su vida diaria como el tiempo que permanecieron recluidas en las prisiones. Algunos de los testimonios reunidos por la propia Tomasa son la base del documental ‘Del olvido a la memoria’. “Cuando se oía decir: te llevamos a diligencias, suponía comenzar la tortura de nuevo”, asegura en el documental Maria Salvo, una catalana, nacida en Sabadell, militante en las Juventudes Socialista Unificadas, que pasó 16 años en prisión, donde fue torturada y, como consecuencia de las palizas, no ha podido tener hijos. Otra de las participantes es Carmen Rodríguez, viuda del histórico dirigente comunista Simón Sánchez Montero, detenida en múltiples ocasiones: “recuerdo que, en Alcalá de Henares, a Simón lo pusieron en una celda solo y le pagaron. Tanto lo pegaron que, cuando salió destinado de Madrid a Burgos, llevaba las gafas atadas”.

Julia Manzanal pasó cinco años en prisión, donde murió su hija de pocos meses. Ahora, a los 91 años, recuerda con profunda emoción la despedida, en la cárcel de Ventas, de 13 mujeres menores de edad, que fueron fusiladas la madrugada del 5 de agosto del 39, en las tapias del cementerio del Este de Madrid. “Me tocó vivirlo; yo besé a las niñas, las niñas me besaron a mi, besaron a la niña y yo no pude dormir en toda la noche porque quería oír los tiros”. Concha Carretero, una de las condenadas a muerte que escapó del fusilamiento de las 13 rosas, como se denominó ese expediente de la cárcel de Ventas, una prisión con capacidad para 500 mujeres y que en esos años llegó a tener 12.000 reclusas, sentencia: “Yo hubiera preferido que me siguieran dando palos antes que ver a una compañera salir para no volver. Eso lo digo con el corazón y no encuentro palabras para describir eso porque es muy duro”.

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DETALLE

“Corrientes en los dedos, pena de muerte y violaciones”

La reedición del libro de Tomasa Cuevas “Testimonio de mujeres en las cárceles franquistas” ha propiciado la grabación de un documental “Del olvido a la memoria. Presas de Franco”, dirigido por Jorge Montes, subdirector de la Biblioteca Nacional y vicerrector de la UNED. Esta cinta recoge los testimonios de diez mujeres republicanas que sufrieron las cárceles de Franco: Tomasa Cuevas, Trinidad Gallego, María Salvo, Concha Carretero, Nieves Torres, Soledad Díaz, Angustias Martínez, Julia Manzanal, Carmen Rodríguez y Maria Cuesta, ancianas que actualmente rondan los 90 años y otras los superan. “Algunas le pusieron cuñas en las uñas; a mi cuñada corrientes en los dedos y en los pezones; a algunas las han violado”; “como primero pegan y después preguntan, me pegaron”. “Peque, nos han puesto pena de muerte. Yo le dije: pero, Virtudes, ¡te conmutarán!”. Así empieza el documental, en el que participa también la escritora Teresa Pàmies quien, en el exilio, ayudó a Tomasa Cuevas a recopilar y editar, en la trilogía “Testimonio de mujeres en las cárceles franquistas”, las experiencias de mujeres que padecieron en sus carnes la represión franquista. La escritora catalana destaca, en el documental, la importancia de la labor de Tomasa, una mujer sin estudios, nacida Brihuega (Guadalajara) que como consecuencia de las torturas que padeció durante los más de seis años que estuvo en prisión, hoy es una anciana de 89 años, con lesiones medulares que le obligan a estar en una silla de ruedas, hospitalizada en una residencia.

Ahora, la productora Lua Multimedia ha trasladado a imágenes esos testimonios en un documental en el que estas diez mujeres, que dejaron en las galerías su juventud, reflejan su lucha contra el olvido por aquellas otras mujeres que nunca volverán a ver porque fueron fusiladas y piden que se escuche su voz para que no vuelva a suceder lo que ellas padecieron. El documental recrea, en la cárcel de Segovia, imágenes de aquellos años posteriores a la Guerra Civil, cuando muchas mujeres eran llevadas por la Policía Político-Social de Franco a la Dirección General de Seguridad. En los sótanos eran sometidas a brutales interrogatorios que les han dejado secuelas para toda la vida. Durante su estancia en prisión eran continuas las visitas a estos calabozos. El documental está disponible en la Biblioteca Nacional.

Publicado el 4 Diciembre 2006
AGRADECIMIENTOS. RAÚL CONDE SUÁREZ